(17 de octubre, 2015 Revolución TRESPUNTOCERO).- La colonia Tabacalera, como muchas otras de la Ciudad de México, esconde secretos fascinantemente curiosos que, para quien aprende a trascender la mirada superficial, implican un gran significado.
La Tabacalera
El nombre de la colonia debe remitirse a la historia de la actual Academia de San Carlos, cuyo edificio fue construido a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, atribuido al arquitecto y escultor valenciano Manuel Tolsá.
Su historia se remonta al encargo realizado por la marquesa de Selva Nevada, para regalarlo a su hijo menor a quien nombró Conde de Buenavista. Sin embargo, el Condado resultó muy efímero, pues el conde murió muy joven y sin dejar descendencia. Lo que si persistió, fue el nombramiento de la zona que se encontraba por “los rumbos del Palacio de Buenavista” como hasta ahora la conocemos; Buenavista.
Este edificio, que fue durante el siglo XIX residencia de distintos personajes de la historia de México, también fue sede de la ‘Tabacalera Mexicana’. Esta empresa, a cargo de la familia Basagoiti, quería hacer una colonia obrero-administrativa, cosa que no sucedió, sin embargo, el nombre de esta industria de tabaco, perduró hasta ahora.
Fue hasta 1968 cuando el edificio es cedido al Instituto Nacional de Bellas Artes y es destinado a albergar la colección de arte europeo (que antes resguardaba la antigua Academia de San Carlos).
Recordemos que antes de todas las transformaciones, era un pastizal que se anegaba con recurrencia y era conocido como “potreros de la horca” por estar cerca de los quemaderos de la Inquisición, esta zona fue cambiando de dueños y planeaciones múltiples veces; la historia de la Tabacalera, es una historia de utopías, de planes nunca concretados y destinos improvisados, entre los que podemos nombrar los siguientes:
Agustín de Iturbide, durante su imperio, planeaba edificar ahí “El barrio imperial” ‘donde se levantaran palacios de mármol para los poderes políticos, la Universidad Nacional, bibliotecas, museos, teatros, parques, coliseos y hospitales, todos comunicados entre si por amplias avenidas’. Sin embargo, la difícil situación social y económica que trajo consigo la nueva nación, no pudo concretar el proyecto.
Lorenzo de Hidalga pretendía construir un conjunto de edificios que albergara un “nuevo sistema” de cárcel, conocido como “la penitenciaría” a pesar de existir los planos y que incluso se iniciaron la obras, cuando Mariano Arista asumió la presidencia, la obra fue abandonada.
Francisco Somera, arquitecto que compró los terrenos, planeó un fraccionamiento donde vivieran exclusivamente arquitectos de la escuela de San Carlos, hecho que tampoco sucedió, pero “la colonia de los arquitectos” prevaleció.
El paseo planeado por Maximiliano, o la sede de la Exposición Internacional Mexicana de 1880 y la estación Terminal de la Compañía Imperial del Ferrocarril, fueron planes igualmente inacabados.
Por último, el gran plan truncado, tangible en nuestros días, fue el de Porfirio Díaz en hacer el gran Palacio Legislativo; ya puesto el esqueleto de la cúpula, llegó la revolución, deteniendo por completo el proyecto. No fue sino hasta 1933, cuando el arquitecto Carlos Obregón Santacilia, sugirió aprovechar el esqueleto inconcluso y hacer algo con él, de lo cual surgió lo que hoy conocemos como el Monumento a la Revolución.
Además de edificios como El Moro (sede de la Lotería Nacional) quien fuera el edificio más alto cuando se construyó en 1946 y duró 13 años en construirse, o el Frontón México, estilo Art decó, (ahora un edifico lamentablemente abandonado), la tabacalera puede presumir que en la calle José Emparán, número 49 está el edificio en donde el Che Guevara vivió antes de gestar la Revolución Cubana, y donde conociera a Fidel Castro. También de que entre sus nostálgicas calles vivieran personajes como José Clemente Orozco, Pablo Neruda, Juan Rulfo, Ricardo Bell, Nellie Campobello.
Se dice también que fue el lugar donde se llevó a cabo la primer redada contra hombres homosexuales, conocida como “La noche de los 41” pues 1901, la policía del régimen porfirista, allanó una casa, hoy ubicada en Ezequiel Montes, las autoridades los detuvieron por “dañar las buenas costumbres” se dice que en la fiesta se encontró al yerno de Porfirio Díaz, quien huyó.
La tabacalera es, sin embargo, poco conocida. Recientemente, con la remodelación de la Plaza de la República, donde niños y jóvenes se entretienen por horas con las fuentes y las luces, el reciente mirador, y el Museo Nacional de la Revolución, parece estarse recuperando. A pesar de esta a unos pasos del Centro Histórico, sel aledaña a Insurgentes y Reforma, pocas veces se le reconoce como lugar de valor histórico y estético que sin duda, conserva.






