Carlos Bauer / @CarlosBauer3_0
(28 de mayo, 2013).- Durante la ceremonia de presentación del Comité Nacional de Productividad, Enrique Peña Nieto afirmó que su gobierno conoce el camino para que “con el transcurso del tiempo” aumente la productividad y con ello mejore la situación económica del país: “La fórmula es muy sencilla: a mayor productividad, mayor prosperidad, y esto aplica a un individuo, a una empresa o a toda una nación”. Sin embargo, las tendencias presentes en todo el mundo indican que no hay tal relación automática entre productividad y prosperidad.
Según dijo Peña Nieto, si se facilita a los empresarios el acceso al crédito y al uso “de nuevas tecnologías, a nuevas capacidades para producir y a capacitación”, ello redundará en que “cada trabajador tenga un mejor ingreso”. Pero los datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) lo desmienten: Manuela Tomei, directora del Programa sobre Trabajo y Empleo de dicha organización, declaró en 2011 que durante los últimos diez años se había ampliado la brecha entre productividad e ingresos de los trabajadores. Es decir, que aunque los trabajadores produjeron más dinero para las empresas que los emplean, no vieron los beneficios de su contribución.
Enrique Dussel Peters, coordinador del Centro de Estudios China-México (CECHIMEX) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), informó en entrevista con El Universal que no sólo el aumento en la productividad no va acompañada de mejores ingresos, sino que “las ramas manufactureras con mayores aumentos en productividad son las que reportan los menores incrementos en los salarios reales, particularmente en sectores exportadores como los de autopartes, automotriz y electrónica”.
Así, aunque el secretario de Hacienda Luis Videgaray concluyó la presentación del Comité afirmando que “democratizar la productividad, es la única vía para elevar de manera consistente y permanente el ingreso de los trabajadores en todas las regiones y en todos los sectores del país”, los estudios realizados por la OIT muestran que las empresas aumentan sus márgenes de ganancia deteniendo el incremento salarial, haciendo que el aumento de la productividad no se refleje en los ingresos ni las condiciones de vida de los trabajadores.
Para Dussel Peters, esta práctica empresarial pone en riesgo a toda la economía, pues “las empresas que reducen los salarios se benefician de mayores márgenes de utilidad. Sin embargo, si todas las empresas eligieran el camino de la deflación salarial, se reduciría la actividad económica globalmente, y caerían las ventas y el empleo”.
Datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) –el organismo que agrupa a las 34 mayores economías del mundo– muestran que los mexicanos son los miembros de ese grupo que más trabajan y menores ingresos perciben: el promedio de los ciudadanos de la OCDE trabaja mil 776 horas por año mientras los mexicanos acumulan más de dos mil 200 horas de trabajo en el mismo lapso. El promedio de ingresos en los países de la OCDE es de 34 mil 466 dólares anuales; en México apenas alcanza los 9 mil 885 dólares por año.


