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Más de medio millón anuales cuesta tratamiento de hemodiálisis, pacientes prefieren morir; Estado no cubre los costos

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(30 de enero, 2016. Revolución TRESPUNTOCERO).- Julio tiene 29 años, de los cuales 21 ha trabajado en la fumigaciones de campos plataneros en la frontera sur. Comenzó ayudándole a su padre, quien falleció por un daño renal. “Su muerte fue horriblemente dolorosa, él gritaba del dolor, los médicos decían que tenían que ponerle una diálisis pero era caro, no pudimos pagar y tampoco habían medicinas que mitigaran su dolor, quedó como inconsciente de tanto que no soportó, eso después que comenzara a expulsar sangre, finalmente murió”, comenta el joven a Revolución TRESPUNTOCERO.

Julio es padre de dos niños, uno tienen 2 años de edad y el otro 8 meses. Él y su esposa despiertan tres veces por semana a las 2 de la mañana, él desayuna tres o cuatro tortillas y medio vaso de agua, después emprenden el camino hacia la ciudad; primero lo hacen a pie hasta llegar a su primer transporte, en total toman tres para que a las 6:25 de la mañana estén esperando turno para su sesión de hemodiálisis.

Lleva siete meses en un proceso que durará toda su vida, puesto que sus riñones hoy solamente le funcionan un 12 % derivado en gran parte por la exposición a agroquímicos y otras sustancias que lo afectaron. “Lo único que me salvaría de esto es la donación de un riñón pero es muy difícil que pase, son muchos trámites y la operación sería cara, apenas y nos alcanza para esto, cada sesión nos cuesta 1500, son tres a la semana, todo eso de por vida, así a uno le entran las ganas de mejor morirse.

Pero tengo hijos. Mi patrón me dijo que solamente me ayudaría con la mitad por sesión, pero a cambio debo seguirle trabajando, o sea, tengo que seguir fumigando que además de afectarme por los químicos, dicen los médicos que ese tipo de ejercicio me va afectar mucho”, dice Julio.

A Julio también le diagnosticaron daño en pulmones y ojos, lo que constituye más gastos, su hijo de ocho meses también tiene afectaciones en los pulmones, a causa de los agroquímicos ya que acompaña a su madre a fumigar las plantaciones, pues ahora ella ha sustituido al joven.

Él joven no tiene acceso a otro tipo de tratamiento en un hospital público, pues no está asegurado por su patrón y aunque bien podría exigir que lo hiciera, él dice que perdería demasiado. Muchos de los pacientes, con recursos para pagarse el proceso han descrito la primera etapa como “una experiencia espantosa”, aún teniendo todas las comodidades, lo que hace que los pacientes de escasos recursos vivan “terriblemente peor”, dice Julio.

Y es que tan sólo la primera inversión, que es la implantación del catéter tiene un costo que va de los 17 mil, hasta los 30 mil pesos, la segunda será en ropa y accesorios especiales, donde el gasto va de 3 mil a 7 mil pesos según la calidad y cantidad. “A los pacientes se les pide ropa cómoda, calzado suave, una almohada blanda pero que al mismo tiempo no se aplaste fácilmente, una maleta limpia para guardar los accesorios y de uno a dos cobertores ya que la sala de hemodiálisis es muy fría.

Sin embargo hay pacientes que entran descalzos o con calcetines nada más, rellenan alguna funda de almohada con ropa y las bolsas de plástico es donde guardan sus cosas, no pueden costearse ropa y zapatos, entran con los mismos pantalones, lo cual hace su experiencia sumamente incómoda, pero se adaptan porque es imposible permitirse más”, declara a Revolución TRESPUNTOCERO la nefróloga Imelda Guevara.

Ella explica que la hemodiálisis es un proceso aplicado a pacientes cuyos riñones se van deteriorando, generando a su vez el padecimiento de insuficiencia renal crónica, donde dichos órganos ya no son capaces de funcionar, por lo que poco a poco sustancias dañinas se esparcen por el cuerpo del paciente.

“A mí me dijeron que el costo por ponerme el catéter sería de 15 mil pesos, pero semanas después subió a 17 mil 900 pesos, le pregunté al médico por qué había subido tanto, y me dijo que dependiendo del precio del dólar es el costo, que si me tardaba más tiempo podría costarme hasta 20 mil pesos, porque el dólar podía subir más, aunque yo estoy pagando en pesos y vivo en México me cobran como si estuviera del otro lado y no entiendo nada”, comenta Julio.

El paciente necesita de un aparato externo para que limpie su sangre; la hemodiálisis o remplazo artificial de riñones se encarga de mantener cierto nivel de toxinas en el torrente sanguíneo mediante una, dos o tres sesiones semanales, según la gravedad de la persona.

“El procedimiento de hemodiálisis es costoso, y sin duda alguna es un gasto elevado para los pacientes con recursos económicos escasos. Hay personas que hacen cuentas y al saber que tienen que pagar más de 18 mil pesos por mes, ni siquiera hacen el intento”, comenta la especialista.

En otros casos la cifra alcanza los mil 600 pesos al día; 11 mil 200 por semana; 44 mil 800 por mes; 537 mil 600 pesos al año. Comparado con el salario mínimo de un mexicano, la realidad, a decir por los especialistas, es que el paciente prefiere morir.

Según cifras oficiales, el Estado debe cubrir el proceso médico de 66 mil personas, para ello requiere una inversión cercana a los 10 mil 700 millones de pesos, pero dicho presupuesto no se ha otorgado, tampoco se ha planeado hacerlo.

Los pacientes que tienen un seguro médico público reciben las sesiones de diálisis por parte del gobierno estatal, en últimos años, instituciones como el IMSS han preferido pagar servicios para atención de pacientes con hemodiálisis, y ha otorgado contratos millonarios a empresas externas. 

Sin embargo, se han denunciado por parte de pacientes diversos tipos de irregularidades, desde financieras, hasta médicas, incluso las negligencias han llegado hasta la muerte de los pacientes. A ello se suma que a muchos de ellos les han suspendido las sesiones por falta de pagos, esta situación se ha percibido a nivel nacional.

Aunque las instituciones de salud pública y gobiernos estatales se han comprometido a cubrir los gastos, en muchas ocasiones dejan de hacerlo, poniendo en riesgo la vida de las personas, sin que esto interese al gobierno. En México el gobierno federal no invierte en clínicas de hemodiálisis, aun cuando en el país existen entre 9 y 10 millones de pacientes con insuficiencia renal crónica y poco más de 140 mil necesitan alguno de los dos procesos de manera urgente e ininterrumpida.

Durante el año 2009 la demanda de atención de este padecimiento ocupó el tercer lugar en el gasto de salud, lo que significa un presupuesto mayor a los 34 mil millones, pero actualmente sólo 22 % de los enfermos reciben tratamiento oportuno. La cifra aumenta año con año a consecuencia de la falta de inversión en investigación que aporte nuevas soluciones a la insuficiencia renal crónica y la falta de apoyo en las sesiones.

“Por más trillado que pueda sonar, en México al presidente le importa más y de manera descarada sus lujos que la vida del pueblo, hay dinero para aviones carísimos, para ropa, para viajes, pero no existe para invertir en clínicas que brinden el servicio de diálisis y hemodiálisis, muchas personas las reciben en las clínicas particulares y les dicen ‘hoy no puede entrar porque no pagó la institución’, cuando un sólo día podría ser altamente peligroso, de ese nivel la deshumanización de los que tienen el poder.

Por eso todo aquel que tenga un catéter puesto, es una persona que puede presumir que tiene los recursos para darse el lujo de comprar vida, en este país con los sueldos de hambre, miles prefieren hacerse a la idea que morirán pronto y de manera dolorosa”, dice Guevara.

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