(06 de diciembre, 2015.Revolución TRESPUNTOCERO).- EPN, Tres años de mover a México… pero hacia abajo.
Y si entre recuerdos vagamos podemos remontarnos a la frase de un gran literato madrileño “Nadie ofrece tanto como el que no va a cumplir” así lo dijo en el siglo XVII Francisco de Quevedo, pensamiento que abraza hasta hoy día a los políticos mexicanos.
A tres años de que Enrique Peña Nieto tomara protesta como encargado del poder Ejecutivo federal, la campaña publicitaria de “Mover a México” se ha evaporado ante la corrupción, ineptitud e impunidad que ha caracterizado su gobierno, pues en los últimos meses se han vivido las peores crisis políticas de Estado en décadas.
Enrique Peña Nieto se perdió en promesas como erradicar la pobreza alimentaria, crear escuelas dignas con luz, agua, baños, mobiliario, equipo e instalaciones en buen estado en todas las comunidades indígenas, rescatar el Acapulco tradicional, crear un sistema de seguridad social universal, implementar un seguro de riesgos de trabajo y de desempleo, pensión universal para los adultos mayores, entre otras, palabras dirigidas para “cumplir con lo establecido como candidato” y que ahora han sido olvidadas por Peña, al igual que sus 5 libros favoritos.
Después de 12 años de fallida alternancia, el PRI regresó a Los Pinos a través de uno de los representantes del Grupo Atlacomulco, quien prometió en su primer discurso cambiar la percepción de inseguridad que se vivía en el país a consecuencia de la “Guerra contra el Narcotráfico” emprendida erróneamente por Felipe Calderón.
Sin embargo, bastaron apenas unos meses para que Peña Nieto enfrentara su primera crisis política con la masacre cometida por elementos del Ejército mexicano en contra de 22 civiles en el municipio de Tlatlaya, Estado de México, el 30 de octubre de 2014, cuyo caso hasta el momento sigue sin esclarecerse.
Apenas tres meses después, ocurrió la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa en Iguala, Guerrero, efectuado presuntamente por policías municipales coludidos con el crimen organizado, suceso que marcó una pauta en la administración priista, pues Enrique Peña Nieto no ha podido dar una explicación convincente de lo ocurrido.
La indignación social por los hechos brutales ocurridos en Iguala evidenciaron la vulnerabilidad de las instituciones mexicanas, las cuales también están coludidas con el crimen organizado y el Estado no es capaz de proveer seguridad a los ciudadanos.
Aunado a ello, el 30 de noviembre de 2014 se dio a conocer el reportaje de la “Casa Blanca de Enrique Peña Nieto”, el cual exhibió el conflicto de interés, debido a que la mansión la adquirió de Grupo Higa, propiedad de uno de sus amigos, Juan Armando Hinojosa Cantú, principal beneficiado en las obras licitadas en el gobierno como el tren México-Querétaro.
Entre los escándalos mediáticos, el pasado 11 de julio, el líder del Cártel de Sinaloa, Joaquín Guzmán Loera, escapó del penal de máxima seguridad del Altiplano, suceso que sembró la crítica en el gobierno de Peña Nieto, ante las deficientes excusas sobre la fuga del criminal más buscado del mundo.
En el gobierno de Peña Nieto también se ha devaluado el peso frente al dólar, lo que ha generado una crisis que podría agudizarse el próximo año, por lo que Luis Videgaray atribuyó la falta de resultados de las reformas estructurales a la caída de los precios del petróleo a nivel internacional.
A mitad del sexenio, Peña Nieto enfrenta el momento más bajo de popularidad comparado con los últimos cuatro ex presidentes, por lo que pese a ser considerado el llamado “Golden Boy”, ha exhibido nula capacidad para atender los temas que provocan molestia entre la sociedad.
La inseguridad en el país es tal que en los últimos tres años se han intensificado los enfrentamientos entre grupos criminales en Michoacán, Guerrero y Tamaulipas, entidades donde la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha mostrado preocupación por el crecimiento de la violencia.
A tres años de su gobierno podemos decir que Peña se esforzó por fomentar la corrupción, la violencia, la criminalización, la pobreza, el desempleo, la desaparición, los feminicidios y homicidios, la represión, la censura, el robo a la nación y la entrega del territorio mexicano a extranjeros, quienes son los únicos que ganan a través de la explotación.
Especialistas nacionales e internacionales están convencidos de que México pasa por una crisis en todos los ámbitos, donde la actuación para muchos personajes políticos ya pasó porque se cayó el telón.
Enrique Peña Nieto desde 2012 nos ha traído grandes cantidades de pobres por año, 1 millón para ser más específicos; la OCDE califica a México en segundo lugar por mayor desigualdad; la alianza de todo tipo de clase política con el crimen organizado es inapelable; no hay respeto por los derechos humanos de las y los mexicanos y mucho menos de la población migrante, que se han visto afectados por el Programa Frontera Sur ya que ha incrementado la violencia contras los centroamericanos quienes optan por rutas alternas y más peligrosas al carecer de medidas de protección y una perspectiva de sus derechos.
Peña Nieto enfrenta una crisis similar a la que enfrentaron otros ex mandatarios al final de sus periodos, pero en este caso aún restan tres años más de la desconcertante administración priista.


