Por: Enrique Legorreta
Twitter: @enriquelego3_0
La situación de inseguridad y altas tasas de violencia que sufre el país, a partir de la estrategia de guerra contra el crimen organizado que empleó la administración de Felipe Calderón, dio paso a que los migrantes que cruzan la frontera hacia el sueño americano sean víctimas del crimen organizado.
A pesar de ello, los migrantes centroamericanos que desean viajar a los Estados Unidos cambian el sueño americano por el sueño mexicano. A pesar de la violencia, muchos centroamericanos deciden quedarse en México, bajo la suposición de que la situación aquí está mucho mejor que en su país.
Estos hechos implican una total desinformación de lo que ocurre actualmente en territorio mexicano, ya que -hasta la fecha- se han contabilizado alrededor de 80 mil personas asesinadas durante la guerra iniciada por el ex presidente Calderón, y alrededor de 15 mil podrían tratarse de migrantes en busca de una mejor vida.
Los migrantes centroamericanos generalmente pasan por México en su camino hacia Estados Unidos, sin embargo, en el camino enfrentan la presión de miembros del crimen organizado que terminan secuestrándolos para pedir rescate a sus familias o que los reclutan por la fuerza para ser parte de los mismos grupos criminales.
Debido al riesgo que representa el viaje hasta EE.UU., ellos terminan por asentarse en México, principalmente en estados como Chiapas, Oaxaca, Tabasco y Campeche, que son frontera con Guatemala, propiciando que -en vez de seguir buscando el sueño americano- encuentren el sueño mexicano y trabajen en lo primero que encuentren para conseguir dinero y vivir.
Además de esto, se ha reportado que jóvenes y niños centroamericanos se refugian en nuestro país debido a que son hostigados por pandillas en sus países e intentan pedir asilo a organizaciones sociales concentradas en las áreas fronterizas.
La Unidad de Información Pública de la Oficina para las Américas del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) reportó que adolescentes y niños sin el cuidado de sus padres han sido amenazados por pertenecer a familias de bandas criminales contrarias, por lo que aplican la huida de su lugar de origen para salvar su vida.
No obstante, la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) reportó que ha habido un alza con los refugiados que provienen de Centroamérica, lo que apunta a que México ya no es un país de paso, sino que se está convirtiendo en un lugar de prosperidad aun cuando la violencia está presente.
En México no hay cifras oficiales de cuantos niños y jóvenes son reclutados por el crimen organizado, pero se tiene un cálculo de más de 20 mil menores que son “jalados” a las filas del crimen para ser utilizados como “halcones” o para entrenarlos como sicarios.
Dentro de los casos más sonados de uso de menores por el crimen organizado está el caso de “El Ponchis”, un niño de 14 años cuyo único sueño era el de ser sicario, y recibió una pena de tres años de prisión en el estado de Morelos, la pena máxima para los menores en esa entidad. Se le atribuye el asesinato y tortura de cuatro personas que fueron colgadas de un puente en la autopista México-Acapulco, y es señalado como uno de los sicarios del Cartel del Pacífico Sur.
Estos casos han ido en aumento, pero lo único que no cambia es la falta de una ley que proteja a los migrantes que llegan al país y a los niños que son olvidados por situaciones ajenas a ellos, Se convierten en cifras de la violencia que sacude al país.
“Están olvidados los migrantes, los desaparecidos, los extorsionados, los secuestrados, los desplazados, sigue habiendo extorsiones, secuestros, y hablar de las cifras es caer en la lejanía de la realidad, son seres humanos y debe de atender el gobierno está situación porque al final son seres humanos”, señaló Javier Sicilia, uno de los luchadores sociales que ha estado en busca de la paz de México.


