(22 de julio, 2014).- El fascismo en el país avanza a gran celeridad, en consonancia con la exigencia de los grandes intereses trasnacionales, de contar con un régimen que les garantice plena seguridad el tiempo que dure la explotación que llevarán a cabo a partir de que queden promulgadas las leyes secundarias en materia de hidrocarburos y electricidad. Tanto en el Ejecutivo como en el Congreso, hay esmero en demostrar la disposición que tienen ambos poderes para no dejar vacíos legales ni resquicios por los que pudiera entreverse un riesgo a su hegemonía política, que pudiera ser motivo de alarma a las empresas extranjeras que serán las nuevas dueñas del país.
Lo ocurrido al niño poblano José Luis Alberto Tehuatlie Tamayo, quien murió el domingo 20 luego de una agonía de diez días, víctima del impacto de una bala de goma disparada por fuerzas represivas del gobierno estatal, es apenas un asomo de lo que nos espera en los próximos meses y años, cuando la criminalización de las protestas sociales sea un procedimiento “normal”. Para entonces no habrá impedimento alguno para que sean reprimidas a sangre y fuego las protestas de los millones de afectados por la privatización de nuestros recursos energéticos, las cuales irán en aumento a medida que se hagan más evidentes sus efectos negativos sobre las clases mayoritarias y sobre el medio ambiente.
La madre del adolescente, de nombre Elia Tamayo Montes, al acudir a recoger el cadáver a las instalaciones de la Procuraduría de Puebla, fue víctima de abusos por los funcionarios con quienes tuvo que hablar. Le impidieron estar junto a su hijo en el hospital, no le avisaron de la necropsia y asimismo no le permitieron ver el cadáver. Dijo, sometida su rabia por el llanto: “Me siento muerta por dentro, pido al gobierno que deje de torturar a mi pueblo”. Lamentablemente, su llamado no será escuchado: el gobernador Rafael Moreno Valle quiere ser el próximo candidato del PAN a la Presidencia de la República, por ello considera un deber demostrar que no le tiembla el pulso para defender, con toda la energía necesaria, los intereses de la oligarquía, a su vez firmemente comprometida con la entrega del país a sus socios extranjeros.
Sin embargo, sea quien sea el candidato de la extrema derecha en el poder en el 2018, sea del PRI o del PAN, su modo de llevar las riendas del Estado no tendrá ninguna diferencia, como no la tienen hermanos gemelos. Para entonces, el fascismo estará perfectamente moldeado en la estructura de las instituciones, sin que importen las consecuencias a los beneficiarios de un estado de cosas que sólo cabrá calificar de criminal. ¿No afirman, engolando la voz sus paniaguados, que Enrique Peña Nieto está dispuesto a pagar los costos políticos de su traición a la patria? Con esto lo único que afirman es el desprecio que le tienen al pueblo: les importa un comino lo que piense y lo que haga, mientras no se rebele contra la dictadura.
Porque cualquier protesta, por mínima que sea, como la de los habitantes del poblado de San Bernardino Chalchihuapan, donde el 9 de julio manifestaban su rechazo a la orden autoritaria de cerrar oficinas del Registro Civil en varias regiones del estado, será reprimida sin ninguna contemplación. El colmo del cinismo es que no tienen empacho en decir que “vivimos en una democracia”, cuando en los hechos se niega una mínima posibilidad a las clases mayoritarias de expresar sus inquietudes, ya no digamos defender sus legítimos intereses. Es un hecho que ya llevamos tres décadas de construcción febril de un Estado fascista, pero apenas se pusieron los cimientos. Falta la estructura principal.
El obvio compromiso de Peña Nieto, sin que le importen los costos políticos de su estilo personal de entregar el país a intereses extranjeros, es terminar el “edificio” y crear las condiciones de hacerlo “habitable” a los grandes poderes trasnacionales que tomarán posesión de él a partir del próximo mes de enero. Eso es lo que tienen planeado, falta todavía lo que digan las organizaciones progresistas del país cuando tomen plena conciencia del enorme riesgo que se cierne sobre los mexicanos cuando el fascismo de nuevo cuño esté en su apogeo.


