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Mujeres que orinan de pie: sacudiendo las convenciones

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Por: Valentina Pérez Botero

@vpbotero3_0

Es una convención: los hombres orinan parados y las mujeres sentadas, la acción en sí es natural, dicen, mientras la forma de hacerlo se ancla en lo cultural ¿Por qué no podría ser al revés? ¿Más allá de la obvias diferencias fisiológicas, qué otros factores inciden en la posición?

 Aparatos

En una curiosa recopilación sobre las formas de ir al baño en el mundo, John Bourke  ­–en Escatología y civilización– narra los más variados hábitos que estremecen al contrarrestar la pertinencia de un hábito contra las posibilidades de realizar una necesidad fisiológica: mujeres que orinan paradas en la calle y hombres que lo hacen sentados o en cuclillas.

¿Qué tanto delimita el aparato –en el la mayoría de occidente el inodoro- la forma en la que orinamos? Si en los centros comerciales hubiera letrinas, esa primaria estructura que consta de un hueco en el piso, no cabría ni siquiera la posibilidad de sentarse y ambos géneros lo harían como, quizá lo hicieron nuestros antepasados antes de que se popularizara el uso del retrete a finales del siglo XIX, medio agachados.

El pantalón inevitablemente es un estorbo ante la idea de que una mujer orine parada porque, inevitablemente, ante la incapacidad de separar el chorro de su fuente de origen terminaría por mojarse. Pero ya existe la posibilidad de alterar la supuesta predisposición fijada por el género. Para las mujeres se ha diseñado un dispositivo que asemeja un pene de cartón parafinado: una canoa que embona su parte más ensanchada con la vagina y aleja la orina de la entrepierna para dirigirla hacia el inodoro. La acción de orinar parada y no sentada involucra una cohibición primaria  activada por la traición a lo convencional ¿Me orinaré encima?

La mujer promedio enfrenta semidesnuda y en una contorción inspirada por el asco, la cercanía con la suciedad de basureros a rebosar, el desaseo general de los baños públicos y los combina con la intención de dar en el blanco. Poder estar parada con la ayuda de un dispositivo reduce la energía gastada en coordinar movimientos y posturas; y hace todo, aparentemente, más limpio aunque la orinada puede costar un promedio de 13 pesos mexicanos.

Mujeres, la temeridad que involucra usar un pseudopene que permite orinar más fácilmente en las situaciones más apremiantes –conciertos, carretera, enfermedad- conlleva sus deberes: medir la abundancia del chorro para apuntar, calcular la reducción paulatina de la afluencia de líquido y, eventualmente, sacudirlo para no gotear.

Gobiernos

En Taiwán, según la BBC,  han propuesto que los hombre dejen de orinar parados y se sienten. Alegan que es más higiénico, que eventualmente la falta de puntería  en el chorro de la orina disminuiría y, consecuentemente, el fuerte olor a amoniaco que desprende, con más ímpetu, el baño de los hombres.

El ministro taiwanés de Protección Ambiental, Stephen Shen, insiste en que trae beneficios sanitarios, ambientales y que cerca del 30% de los hombres japoneses ya lo hacen sin ningún impedimento.

A la ola oriental de cambiar la forma de orinar masculina se suma la iniciativa del Partido de Izquierda de Suecia que promueve sentar el hábito masculino, dice que disminuye los problemas de próstata y alarga la vida sexual. Pero, en caso de implementarla ¿cómo se controlaría que se cumpliera?

Todo se basa en cambio de hábitos, a los hombres se les quiere sentar y a las mujeres parar y otras propuestas orientadas hacia lo ambiental buscan hacer que todos aprovechen la ducha, mientras se bañan,  para orinar con el fin de ahorrar agua.

Si orinar sentado o parado era cuestión de sexo, ahora es una decisión.

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