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Mundos paralelos: en uno Peña Nieto y Virgilio Andrade, en el otro el resto del país

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Lo que es verdadero para los diferentes gobiernos del mundo, lo es más para el de Enrique Peña Nieto, como fue reiteradamente demostrado con la exoneración que el responsable de la Secretaría de la Función Pública, Virgilio Andrade, hizo en torno al asunto de las llamadas “Casas blancas”, la de Peña Nieto y la de Luis Videgaray, su Secretario de Hacienda.

No importa la evidencia, no importan los hechos, una y otra vez la versión que el gobierno federal da sobre los diversos temas que preocupan a la población no coincide con lo que la gente ve, oye, sabe o piensa.

Así para el caso de Tlatlaya donde civiles fueron ejecutados por miembros del Ejército, una vez rendidos; para el de Ayotzinapa y las nuevas evidencias que suponen la ropa y objetos que pertenecían a los estudiantes y que hoy transciende fueron ocultadas a sus padres y madres; así para el caso de la Guardería ABC en el que en lugar de detener y juzgar a los principales responsables se pretende ahora encarcelar y comprometer a personal de bajo nivel como algunas cuidadoras que incluso sufrieron las consecuencias al momento del incendio como desvanecimientos.

Ciertamente éste último no ocurrió en el actual sexenio, pero si se pretende ahora criminalizar a las víctimas del mismo, cuando es sabido que a quien se debería de haber hecho cargos, al entonces director del Instituto Mexicano del Seguro Social Juan Molinar Horcasitas y a  Marcia Matilde Altagracia Gómez del Campo Tonella, prima de Margarita Zavala, esposa de Felipe Calderón, quien fundó y era responsable de dicha guardería.

En todos estos casos se tergiversó y ocultó información con la intención de modificar la realidad de los hechos y de exculpar a los directamente responsables.

Pero no son los únicos eventos por los que se puede afirmar que Peña Nieto vive en un mundo paralelo al que vive la mayoría de la población mexicana. Sus versiones sobre los avances en materia económica, de seguridad, de creación de oportunidades para los diversos sectores sociales, la reducción de la pobreza no se corresponden con lo que cotidianamente se vive en México.

La falta de crecimiento del mercado interno, de empleos, de salarios que cubran adecuadamente las necesidades de una familia; el alza de impuestos, la explotación petrolera y sus ganancias compartidas con inversionistas extranjeros; la inseguridad, los robos, asaltos, violaciones, secuestros, asesinatos, ya no sólo por parte de la delincuencia organizada sino por miembros pertenecientes a las fuerzas policiacas o militares; la falta de oportunidades para estudiar o para iniciarse en una actividad remunerada; los ataques en contra de periodistas y defensores de derechos humanos, así como de población civil a la que se liga inmediatamente y sin comprobación alguna con el narco y la delincuencia, etcétera, son todos indicadores de que el país no se está moviendo hacia donde afirma el presidente.

El país se mueve, es claro, afirmar lo contrario sería negar que la historia existe y suponer que todo permanece inalterable con el paso del tiempo. Lo que no parece nítido es hasta dónde llegaremos con esta falta de resultados positivos.

La desinformación, la tergiversación de los hechos, la falta de resultados no son los únicos factores que ponen a la vista de todos y todas esos mundos paralelos, lo es también el hecho de que a través de estrategias fallidas de comunicación política Peña Nieto pretenda convencer de que el mundo donde él habita es el mismo en el que vive el resto de la población, esa que no tiene un puesto en el gabinete, esa que no puede con su salario comprar su propia casa blanca o viajar en helicóptero oficial directo al aeropuerto para tomar el avión que lo llevará a tomar sus vacaciones, esa que no se encuentra en el décil más alto, que no puede pagar vacaciones en Europa o Estados unidos, ni usar ropa de marca comprada en Beverly Hills, esa que intenta sobrevivir con salarios que han perdido una gran parte de su poder adquisitivo y que a pesar de eso debe pagar más impuestos que las personas más ricas de este país, esa que ve transcurrir su vida entre la precariedad y la incertidumbre, en el mejor de los casos, o entre el hambre y la miseria más indigna, en el peor de ellos, con la certeza de que de ahí no pasará.

Negar lo evidente es un grave error de comunicación política pues se insulta la inteligencia de aquellas personas a quien se gobierna. La última perla, en este sentido, la ha puesto Peña al ofrecer “una sincera disculpa por los hechos (las “Casas blancas y el conflicto de interés) que lastimaron e incluso indignaron a muchos mexicanos“, tras la clausura de la 38° Sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública.

La disculpa tuvo lugar después de que Andrade diera a conocer los resultados de la “investigación” que realizó en torno al conflicto de interés que supone el hecho de que las famosas “Casas blancas” hayan sido compradas a empresarios ligados al gobierno del Estado de México, primero, y luego al gobierno federal en las administraciones de EPN. Los argumentos del secretario de la función Pública son tan pueriles que han provocado molestia dentro y fuera de México.

Afirmar que el presidente, como individuo, no participó directamente en la firma de los contratos de servicios u obras públicas otorgados a las empresas vinculadas con el señor Juan Armando Hinojosa Cantú y Ricardo Arturo San Román Gómez, como supuestamente se desprende de los interrogatorios a 111 servidores públicos, que intervinieron en la firma de los contratos mencionados y que afirmaron no tener ningún interés personal ni orden para actuar de tal o cual manera, es poco menos que un insulto directo. Lo poco elaborado del argumento y la situación absurda que plantea pues por supuesto que EPN no tuvo necesidad de participar en dichas firmas y acuerdos directamente, ningún presidente lo hace, para eso tiene un gabinete y funcionarios de alto y medio rango, y el hecho de que repita las mismas razones que el presidente, su esposa y el secretario del primero ya habían hecho públicas meses atrás para negar el conflicto de interés, habla de la forma en la que tanto EPN como Andrade observan a sus interlocutores y al pueblo en general.

Suponen que están hablando con personas desinformadas, subinformadas y malinformadas, con escasa preparación formal y aún con un bajo coeficiente intelectual. Es probable que buena parte de quienes escucharon el mensaje tengan estas características, no por elección, flojera o apatía sino por la falta de alimentos, empleo, educación, medios para informarse, de lo cual quien así les trata es en mayor o menor medida responsable. Pero, que no piensen ambos funcionarios ni que todo el auditorio tiene esas características ni que a pesar de tenerlas no se tiene la capacidad para diferenciar el mundo irrealmente construido por los políticos y el mundo real que aparece día a día en toda su crudeza.

Es así entonces que lo que Andrade llama “investigación” y que a todas luces es un acuerdo previo entre él y “su jefe” se vuelve una prueba más de que EPN vive en un mundo y la población en otro. Mundos paralelos que por serlo no se tocan en ninguno de sus puntos.

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