- La intervención de Bardem se convirtió en uno de los episodios más comentados de la gala, al colocar en la agenda del evento una postura contra la guerra y en defensa de los derechos de la población palestina.
El actor español Javier Bardem aprovechó su presencia en la ceremonia de los Premios Óscar para lanzar un mensaje político contra los conflictos armados y en respaldo a la causa palestina. Durante su intervención en el escenario, el intérprete expresó “no a la guerra y Palestina libre”, frase que fue recibida con aplausos del público y que colocó el tema humanitario en el centro de una de las noches más visibles del cine mundial.
El actor también acudió a la alfombra roja con un distintivo con la leyenda “No a la guerra”, símbolo que ha utilizado en diferentes momentos públicos para manifestar su oposición a los conflictos bélicos y su apoyo a los derechos de las poblaciones civiles afectadas por ellos.
La ceremonia fue inaugurada por el comediante y presentador Conan O’Brien, quien abrió la gala con un monólogo cargado de humor en el que hizo referencias a la expansión de la inteligencia artificial en la industria del cine y al fuerte dispositivo de seguridad desplegado durante el evento. El conductor bromeó diciendo que quizá era “el último presentador humano” de los premios y que en el futuro podrían ser conducidos por tecnología autónoma. También ironizó sobre la vigilancia en torno a la ceremonia y lanzó comentarios dirigidos a nominados como Timothée Chalamet, lo que provocó risas entre el público.
En otro momento del discurso, O’Brien se dirigió en español a los espectadores hispanohablantes y saludó a quienes seguían la transmisión desde España, Argentina y Los Ángeles, una broma que aludía al gran número de personas de habla hispana que viven en Estados Unidos y que siguieron la gala.
En el terreno estrictamente cinematográfico, la gran ganadora de la ceremonia fue la película One Battle After Another (Una batalla tras otra), dirigida por Paul Thomas Anderson, que obtuvo el premio a Mejor Película. El largometraje, inspirado libremente en la novela Vineland de Thomas Pynchon y protagonizado por Leonardo DiCaprio, narra la historia de un antiguo activista político que vuelve a involucrarse en una red de conspiraciones para proteger a su hija.
La cinta fue una de las producciones más reconocidas de la temporada de premios y llegó a la ceremonia con numerosas nominaciones. Además de la estatuilla principal, el proyecto obtuvo premios en categorías como dirección, guion adaptado y actuación de reparto, consolidando el primer Oscar competitivo de Anderson tras años de nominaciones en su trayectoria.
En las categorías interpretativas, el premio a Mejor Actor fue para Michael B. Jordan por su papel en la película Sinners, donde interpretó a dos hermanos gemelos en una historia ambientada en el sur de Estados Unidos durante la década de 1930. Con esta victoria, el actor obtuvo su primer Oscar y se sumó al reducido grupo de intérpretes afroestadounidenses que han recibido la estatuilla en esa categoría.
El reconocimiento a Mejor Actriz recayó en Jessie Buckley por su trabajo en Hamnet, drama inspirado en la vida familiar de William Shakespeare. La actuación de Buckley fue destacada por la crítica por su intensidad emocional y por la reconstrucción de un episodio íntimo en la vida del dramaturgo inglés.
La gala también registró otros hitos relevantes. La directora de fotografía Autumn Durald Arkapaw hizo historia al convertirse en la primera mujer en ganar el Oscar en esa categoría por su trabajo visual en *Sinners*, mientras que el filme noruego Sentimental Value, de Joachim Trier, obtuvo el premio a Mejor Película Internacional, marcando el primer triunfo de Noruega en ese rubro.
La edición número 98 de los premios se realizó en el Dolby Theatre de Los Ángeles y fue conducida por el comediante Conan O’Brien. A lo largo de la ceremonia se combinaron discursos políticos, momentos musicales y homenajes a figuras del cine, en una noche que evidenció cómo el espectáculo cinematográfico continúa siendo también un espacio para debates sobre temas globales.
En ese contexto, la intervención de Bardem se convirtió en uno de los episodios más comentados de la gala, al colocar en la agenda del evento una postura contra la guerra y en defensa de los derechos de la población palestina, en medio de una ceremonia donde el reconocimiento al cine y las discusiones sobre el escenario internacional coincidieron ante millones de espectadores en todo el mundo.

