spot_img

“No nos va a alcanzar la vida para repetirlo”: la generación que vio a Maradona vuelve a vibrar en el Zócalo

“No nos va a alcanzar la vida para repetirlo”: la generación que vio a Maradona vuelve a vibrar en el Zócalo en la inauguración. Entre la marea verde que inundó la plaza, los ojos de los más viejos brillaron con nostalgia y los de los jóvenes con incredulidad.

- Anuncio -

Este jueves 11 de junio, el Zócalo dejó de ser solo el centro político del país para convertirse en la sala de estar más grande del planeta en donde aficionados de todas las nacionalidades se reunieron para presenciar la inauguración del Mundial 2026. 

Para el pueblo mexicano, el fútbol no es solo un deporte, es una tregua de la rutina diaria y las tensiones; es el derecho no escrito a ser felices en comunidad. 

Entre la marea verde que inundó la plaza desde las primeras horas del día, los ojos de los más mayores brillaban con nostalgia y los de los jóvenes con incredulidad. 

Poco después de las 11:00, un trío de hermanos se abrió paso entre la multitud para tratar de llegar más allá del asta: dos adolescentes resguardando a un niño pequeño con la camisa de la selección y un banco para ganar altura.

La imagen se repetía en cualquier ángulo: niñas pequeñas con sus madres a la espera del arranque del partido, un grupo de adolescentes que disputaba su propia justa mientras la gente seguía llegando, jóvenes parejas tomándose fotos; es la primera vez que viven un Mundial en casa.

“Nosotros vimos ganar a Maradona

Sin embargo, Jorge, con la piel curtida y una playera de la selección bien puesta, resumía el sentir de una generación atrapada entre dos épocas doradas:

“Es algo histórico para mi generación. Nosotros vimos ganar al Pelusa (Maradona), es la segunda vez que vivimos un Mundial en nuestro país y nunca más se va a repetir. No nos va a alcanzar la vida para repetirlo”.

Al rememorar su infancia, Jorge menciona que durante el 86, presenció los partidos entre su hogar y las aulas de una secundaria en Azcapotzalco; hoy, lo mira desde el corazón de la ciudad con su familia. Al preguntarle por su corazonada para el debut, no dudó ni un segundo, reflejando la fe ciega del barrio: “México gana. 2-1″.

El esparcimiento en el Zócalo tiene una magia particular: abraza a los propios y adopta a los extraños. En medio de los sombreros de charro y las caras pintadas, el acento rioplatense de Martín destacaba; con la camisa blanquiazul, viajó miles de kilómetros no solo para apoyar a su país, también para disfrutar del calor y la hospitalidad mexicana.

Vengo desde Buenos Aires”, dice con una sonrisa, contagiado por el ambiente festivo. “Claro, apoyando a Argentina. Me hubiera gustado que nos tocara aquí en Ciudad de México o en Guadalajara, Monterrey, pero que fuera aquí en México”.

Su testimonio es la prueba de que el Mundial es, ante todo, un pretexto para el encuentro; un recordatorio de que los pueblos necesitan respirar, cantar y abrazarse.

El minuto en que se detuvo el tiempo

Los minutos previos al silbatazo inicial estuvieron llenos de espectativa y algunos aficionados presenciaron el arranque con lágrimas en los ojos. Las pantallas gigantes instaladas en la plaza reflejaban lo que sucedía a unos kilómetros de distancia, en el césped del monumental Estadio Azteca.

El reloj avanzaba y la tensión se acumulaba en el pecho de la multitud, sedienta de una alegría compartida. Y entonces, a la 1:15 en punto, México anotó su primer gol contra Sudáfrica. El Zócalo enloqueció entre gritos de “¡México! ¡México!”, aplausos y cornetas.

El segundo gol fue el catalizador de una catarsis colectiva, la validación de que el esparcimiento y la alegría popular son el verdadero motor de un pueblo que sabe cómo celebrar la vida.

El Mundial ha comenzado, y México festeja su primera victoria.

- Anuncio -spot_img

MÁS RECIENTE

NO DEJES DE LEER