Ilustración: Pe Aguilar
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(30 de marzo, 2015).- Aparentemente Norberto Rivera, cardenal y arzobispo primado de México, junto con Jonás Guerrero y Marcelino Hernández, obispos de Culiacán y Colima respectivamente, se han dado a la tarea de proteger al pederasta Carlos López Valdés, sacerdote acusado de pederastia que sólo ha sido “inhabilitado” pero no ha sido procesado penalmente a pesar de ya haber sido declarado culpable, por parte de la iglesia, e incluso el mismísimo Papa Francisco I pidió “perdón” por sus delitos sexuales.
De los 11 a los 16 años de edad, un acólito del sacerdote mexicano Carlos López Valdés dice haber sido víctima de abuso sexual y de trato pornográfico por parte del religioso. Una vez que lo denunció ante la Procuraduría del DF y el Tribunal Eclesiástico, este órgano lo declaró culpable y el Vaticano lo inhabilitó para seguir oficiando. No obstante que el propio Papa Francisco pidió al ofendido “perdón en nombre de la Iglesia”, el clérigo sigue dando misa y las autoridades capitalinas no libran en su contra orden de aprehensión.
Estas son las declaraciones de Jesús Romero Colín, una de las tantas víctimas del sacerdote. Romero argumenta que desde 2004 López fue acusado con el obispo auxiliar de Rivera en aquél entonces, Jonás Guerrero, pero éste ignoró las acusaciones.
Posteriormente, en 2007, Romero consiguió que el Tribunal Eclesiástico de la Arquidiócesis de México abriera un proceso contra López. Tras no poder negar las acusaciones, había pruebas contundentes; fotografías del sacerdote abusando de menores, en 2011 fue declarado culpable por parte del Tribunal y fue suspendido por el Vaticano, sin embargo sigue ejerciendo el ministerio, en palabras de Romero.
A su vez en 2007 también se interpuso una querella, en contra del sacerdote pederasta, ante la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (Ciudad de México) (PGJDF), misma que, a pesar de tener las acusaciones y el fallo del Tribunal Eclesiástico, no ha hecho absolutamente nada.
Desde luego que a Romero de nada le sirve la carta que recibió del puño y letra del Papa Francisco I donde, a mediados de 2013, el sumo pontífice expresa su “dolor” y “vergüenza” por el abuso, además de pedirle ““perdón en nombre de la Iglesia”. En dicha epístola el Papa reconoce la culpabilidad de López.
Por su parte Romero Colín mencionó para la revista Proceso; “Carlos López continúa oficiando misas, como lo hizo durante los cuatro años que tardó su proceso en el Tribunal Eclesiástico, periodo en el que supuestamente estaba suspendido. Y actualmente la procuraduría ni siquiera le ha dictado orden de aprehensión. Es como si el clero y las autoridades civiles conformaran una especie de asociación delictiva que lo mantiene impune… y quizá abusando de menores de edad”.




