Proyecto Diez /@ProyectoDiez
(1 de abril, 2014).- El 30 de marzo de 1988 la Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadoras del Hogar (CONLACTRAHO) acordó instituir esta fecha como Día Internacional de la Trabajadora Doméstica, no como una fecha de celebración sino de lucha y exigencia por la visibilización, dignificación y otorgamiento de derechos a estas trabajadoras.
La lucha por los derechos y la mejora de condiciones laborales de las trabajadoras del hogar ha sido larga y no fácil. En Jalisco, hace apenas una semana tuvimos una trágica noticia que lo menos que debería es hacernos reflexionar acerca de las condiciones laborales de las empleadas domésticas.
La mañana del 25 de marzo nos enteramos de la muerte de Denis Cancino y Noemí Ponce, dos trabajadoras del hogar originarias de Turicato, Michoacán. Ellas laboraban y vivían en una casa del coto residencial Puerta del Bosque en Zapopan.
Desde el hallazgo de sus cuerpos sin vida se dieron varias versiones: sus empleadores señalaron que las trabajadoras habían tomado algún veneno para quitarse la vida. Después, se señaló que las mujeres habían muerto por intoxicación ocasionada, al parecer, por el monóxido de carbono de un boiler que dejaron encendido. Mientras, otra versión de las autoridades ministeriales del Servicio Médico Forense señalaba que las mujeres fallecieron por agente químico a determinar y que se descartaba la fuga de gas doméstico.
Algunos familiares de Noemí y Denis, en algunos comentarios de las redes sociales de un medio de comunicación, expresaron su reprobación por la declaración de que la muerte de sus familiares hubiera sido resultado de un suicidio. Asimismo, existen diversas versiones sobre el tiempo que tenían laborando en esa casa, algunos medios apunta que uno, dos o hasta seis años.
Hasta ahora no tenemos certeza sobre la muerte de estas dos jóvenes, pero, lo que sin duda queda claro con su muerte, son las malas condiciones laborales a las que suelen estar expuestas una buena parte de empleadas del hogar y lo ocultas que suelen permanecer las mismas hasta que no ocurre una desgracia como la que les costó la vida a Denis y Noemí.
¿Cómo era la habitación en la cual dormían?, ¿en qué medida el boiler que estaba afuera de su recámara representaba un peligro para su seguridad?, ¿a qué otro agente tóxico pudieron estar expuestas?, ¿cómo podemos saber cuáles eran sus condiciones exactas de trabajo y desde hace cuánto tiempo laboraban en esa casa si nunca tuvieron acceso a un contrato?, ¿cuántas personas dependían de su salario?, ¿sostenían hijos, padres, hermanos?, ¿en qué condiciones económicas quedan sus deudos al perder el ingreso que Denis y Noemí aportaban pues, además, nunca tuvieron acceso a pensión, ahorro, seguros por enfermedad, invalidez o muerte?
Estas son sólo algunas preguntas que pueden hacernos reflexionar sobre las condiciones laborales de las trabajadoras domésticas. Sus mismas condiciones de trabajo –están aisladas cada una en la casa en la que trabajan, no tienen un punto de reunión para encontrarse y hablar de sus conflictos laborales, algunas viven en el sitio donde laboran y las de entrada por salida generalmente salen y deben realizar sus propias labores domésticas- dificultan la movilización y organización para la defensa y exigencia de sus derechos.
En la Zona Metropolitana de Guadalajara hace falta mucho esfuerzo para conseguir la organización de estas trabajadoras, una tarea sin duda difícil pero no imposible de realizar, tal y como lo demuestran las trabajadoras indígenas organizadas en la ciudad de México en el Colectivo de Mujeres Indígenas Trabajadoras del Hogar (COLMITH), quienes este domingo, para conmemorar el Día Internacional de la Trabajadora Doméstica, se reunieron en un punto de Pino Suárez para difundir información sobre sus derechos.
O como sucedió en varias ciudades de Chile, Paraguay, Perú y Uruguay, en donde las trabajadoras domésticas marcharon por las calles para exigir sus derechos, la aprobación o, en su caso, la armonización de sus leyes con el Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo que promueve el trabajo decente para los trabajadores domésticos.
La muerte de Denis y Noemí no debería reducirse a lamentarnos por un simple accidente. Ojalá sirviera para que cada quien desde nuestras trincheras –trabajadoras, empleadores, gobierno y sociedad civil en general- pugnáramos por el reconocimiento de los derechos y dignificación de estas trabajadoras.



