(24 de noviembre, 2014).- Al margen de las versiones que hablan sobre pugnas internas, números de la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés) indican en el cártel de Sinaloa tomó control del mercado de la heroína en Nueva York, pues el 50 por ciento de la droga que se vende en dicho territorio es producida en México, con lo que desplaza el 43 que proviene de traficantes colombianos, afganos, pakistaníes y demás países asiáticos.
En entrevista para el semanario Río Doce, el fiscal de narcótico en Nueva York, Bridget Brennan, aseguró que la urbe cosmopolita registra actualmente grandes índices de consumo de heroína, producto según él, del alza en el suministro vivida en 2008, a la par que cárteles como el sinaloense comenzaron a producir.
Para contextualizar mejor la situación, la Oficina Nacional para el Control de Política de Drogas de la Casa Blanca indicó que México tiene aproximadamente 10 mil 500 hectáreas de opio cultivado, que convierten a Nueva York en prácticamente un centro de acopio y venta en la zona noroeste y la costa oriental.
Incluso en su más reciente reporte sobre las Áreas de Alta Intensidad de Tráfico de Drogas (HIDTA, por sus siglas en inglés), señalan que las bases de distribución del opiáceo se ubican a las afueras de Nueva York y Nueva Jersey. Aunado a ello, el mercado ya afectó a entidades ajenas al alto consumo, como Maine o Vermont, cuyo gobernador admitió un aumento de 770 por ciento de consumo en los últimos 14 años.
No obstante, la influencia de los sinaloenses es más grande, pues Brennan los acusa de ser el grupo criminal que abastece no sólo la Gran Manzana, sino el país, toda vez que en su más reciente informe, el Departamento de Justicia informó que los cárteles mexicanos están presentes en mil 286 ciudades.
En la actualidad, mientras México se erige como el segundo productor mundial de opio y mariguana, según el último informe de la Oficina de las Naciones Unidas para la Prevención de la Droga y el Delito, Nueva York por su parte la urbe más afectada por el tráfico de los grupos mexicanos, con niveles de consumo que no se veían desde la década de los sesentas.


