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“Para qué Infierno si tenemos Patria”

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Armando Guerra* / Periodista mexicano

 (13 de marzo, 2014).- “Para qué Infierno si tenemos Patria”, sentencia un letrero pegado a una ventana tan sólo a unas cuadras del Monumento a la tan mancillada Revolución. Los maestros siguen ahí, su protesta tiene ahora semblante de orden y respeto a las instituciones, las cuales protegen con todo el peso de la ley al comercio que, dicen, tuvo pérdidas millonarias durante los pasados meses cuando profesores de toda la República se congregaban ahí para iniciar sus marchas. Algunos grupos iban compactos a la cercana Secretaría de Gobernación coreando a voz de trueno: “El pueblo unido…jamás será vencido…el pueblo uni!!!”. Muchos tan sólo caminaron el corto trecho hasta la moderna instalación del Senado de la República, para acusar con gritos estentóreos a sus ocupantes de ladrones, corruptos, vendidos, pero estaban bien resguardados con cientos de policías en posición de combate y grandes cercos de sólido metal rodeando no solo el edificio del senado, sino incluso la estatua del científico francés Louis Pasteur, en actitud pensativa, como si estuviera buscando una vacuna para calmar los furiosos ánimos de los docentes, o para erradicar la imbecilidad y corrupción de los legisladores.

Visita obligada al campamento de maestros al pie del monumento me constató la presencia de ya sólo algunos estados. Presentes Guerrero, Estado de México, Oaxaca y Michoacán, comentan que se van turnando con otras representaciones para seguir oponiéndose a la llamada Reforma Educativa, que significa en realidad un ajuste laboral para minar la fuerza sindical e imponer herramientas para despedir sin goce de liquidación justa, disminuir cuanto sea posible salarios y estallar represiones cuando considere necesario el supremo gobierno.

Apaciguadas en esta capital las violentas manifestaciones. Acallados los gritos de coraje (pues sólo en gritos insultantes se redujo la rebelión) todavía hay esporádicas marchas y ya pocas mentadas de madre. Dicen, quienes están enterados del enredado mundo político, que Miguel Ángel Mancera logró negociar con los grupos descontentos esta calma chicha, haciendo olvidar el sabio pensar del maquiavélico Venustiano Carranza señalando: “Revolución que pacta, Revolución que pierde”.

Distraer la atención popular se ha convertido en arte supremo de los dueños del dinero y del poder (¿estoy cometiendo pleonasmo?). En el Día Internacional de la Mujer se patrocinó en todo el país (a mi me tocó presenciarlo en San Andrés Tuxtla) diversión con música del agrado de la concurrencia, algunos premios para las madres más madres (creo yo), felicitaciones a raudales, siempre bien recibidas por esas heroicas mujeres cargando al famélico escuincle, o llevando de la mano al lombriciento crio que hace intentos inútiles de jalar a la madre para comprarle un tamal, un elote…o de perdida una golosina para seguir engañando al hambre.

“¿Cómo ve nuestra situación?” es pregunta repetida en todos los sitios que visité en la capital, Querétaro, Veracruz y Tabasco. “Con mucha tristeza” debo contestar con toda honestidad. El dominio de los grandes intereses es cada más notorio, la frustración de jóvenes no se puede ocultar cuando la mayoría ausculta “¿No habrá forma de trabajar por allá, de dónde viene?” y no tengo más remedio que agachar el rostro, ocultar mi tristeza…rogar por un milagro para salvar a esta nación que tanto quiero de la frase desgarrante, pero cierta: “Para que infierno, si tenemos Patria”.

*Armando Guerra, periodista mexicano, avecindado en Los Angeles desde los 60, fue director del diario La Opinión.

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