Mi esposo es nueve años más joven que yo y 30 centímetros más alto. Es de Europa y yo de América. Yo crecí en una de las ciudades más grandes del mundo y él en pequeños pueblecitos en los Alpes suizos. Nos dedicamos a profesiones diferentes. Llevamos casi 11 años juntos y yo agradezco cada día el haberlo conocido, que sea parte de mi vida, que nuestra relación sea armónica.
No noté la diferencia de edades cuando nos conocimos en la barra de un bar y me divertí tanto con él las primeras semanas tras conocerlo que me enamoré sin ponerme a pensar en nuestras diferencias porque también tenemos muchas cosas en común, sobre todo relacionadas con nuestra manera de ver el mundo, lo que nos gusta y, más recientemente, cómo educamos a nuestro hijo. Claro que las hablamos a veces, aunque nunca como algo que nos separe drásticamente sino como situaciones y costumbres que más vale aclarar e integrar a la realidad de ambos.
Somos una pareja dispareja, según algunos. Yo no lo creo.
LAS DIFERENCIAS
De acuerdo con el psicólogo Carlos Sosa, una cosa es ser diferentes y otra complementarios: “Cuando se habla de polos opuestos se hace referencia a personalidades totalmente diferentes, con diferentes actitudes en la vida, lo que va a llevar a discrepancias significativas. Siempre hay diferencias que pueden manejarse, pero cuando son diametralmente opuestas, eventualmente van a surgir fricciones y, como consecuencia, el fracaso”. Como bien señala, el amor es una parte de las relaciones de pareja, pero no la totalidad.
SI NO EXISTE COMPATIBILIDAD, POR MUCHO QUE SE GUSTEN FÍSICAMENTE LA TENDENCIA SERÁ HACIA EL FRACASO.
Por su parte, la sexóloga Alicia Fernández expone que “la afinidad es sumamente importante en la relación de pareja. Si no se desarrolla a un nivel aceptable para ambos, ya sea en cuanto al deseo de la frecuencia, el tipo de preferencia de posiciones sexuales, el lenguaje verbal o no verbal durante el acto sexual o el drive sexual (nivel de deseo, como, por ejemplo, que él quiere siempre y ella no), uno o ambos miembros puede desarrollar un grado de insatisfacción que provocará, paulatinamente, frustración en este plano”.
NADIE CAMBIA POR AMOR
He conocido a parejas de diversas edades asegurar que cuando se casen o formalicen su relación, un@ va a cambiar lo que no le gusta al otr@. También, que alguien finja tener los mismos gustos y anhelos que otra persona con tal de tener una relación amorosa o sexual. Pero ni es verdad que la gente cambia por amor ni es positivo imponernos o fingir una forma de vida o de pensar que no es la nuestra.
Si trabajamos en nuestras diferencias es posible que encontremos que enriquecen el día a día en lugar de generar conflictos, pero cuando una de ellas es tan profunda que no sólo no logramos encausarla sino nos genera malestar, entonces es necesario hablar y tratar de llegar a un acuerdo. Por eso, es recomendable que las parejas se conozcan durante algunos meses antes de casarse o irse a vivir juntos, porque cada cabeza es un mundo y nos tardamos bastante en ir conociendo, hasta donde se puede, la que amamos.
De igual manera es importante reconocer cuando nuestras diferencias son o se han hecho tan pronunciadas que nos hacen infelices, y proceder a la separación cordial antes de terminar lanzando hasta las cacerolas en pleitos derivados de la insatisfacción por sentirnos poco comprendidos.


