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Participación de la niñez en tauromaquia los desensibiliza y normaliza la violencia en ellos: activistas

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(16 de junio, 2015. Revolución TRESPUNTOCERO).- La participación de niños y niñas en la denominada tauromaquia en México, es una de las cuestiones que llamó la atención del Comité de los Derechos del Niño de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en su última sesión realizada en Ginebra, Suiza, esto por los diversos impactos que genera a la niñez presenciar esta clase de actos.

En la reunión, donde se sometió a examen a México, este Comité internacional expresó que una de sus principales preocupaciones gira entorno a la exposición de menores de edad a esta actividad, ya sea como espectadores e incluso como toreros.

De manera específica, el Comité señaló que “está particularmente preocupado por el bienestar físico y mental de los niños que acuden a escuelas taurinas y participan en corridas de toros y otros espectáculos asociados a ella, así como por el bienestar mental y emocional de los espectadores infantiles que están expuestos a la violencia de las corridas de toro”.

Al respecto, la fundación Franz Weber, realizó una investigación sobre la situación de la niñez en la tauromaquia, misma que fue presentada a la ONU y que generó que esta organización pusiera la atención en el fenómeno.

De acuerdo con esta fundación, la participación de la niñez en la tauromaquia vulnera los derechos de la infancia-como el derecho a una infancia libre de violencia- por lo que el Estado mexicano está obligado a trabajar para garantizar que no se violenten estos derechos y por ende evitar la presencia de menores en la tauromaquia.

En lo referente, Gustavo Lozano, representante de la fundación Franz Weber en México, manifestó que el hecho de demostrar que la participación de las niñas y niños en la tauromaquia es violatorio de sus derechos, se ha complicado debido a que existe la lógica que en un festejo taurino la única víctima es el animal, cuando las niñez también lo es.

Lozano-quien estuvo presente en Ginebra durante la sesión del Comité- señaló que uno de los principales cuestionamientos realizados por los expertos de la ONU a la delegación mexicana que fue en representación, se centró en la ausencia de una legislación que evite que menores de 18  años participen como espectadores o toreros.

“El Comité de la ONU, particularmente, dijo que estaba preocupado por la exposición de los niños a la violencia taurina, tanto espectadores como niños toreros. El comité expresó en más de dos ocasiones su preocupación a la delegación mexicana, misma que dio respuestas genéricas”, señaló.

Gustavo Lozano detalló que luego de realizar la investigación sobre este fenómeno se pudo identificar que a lo largo del territorio nacional existen por lo menos 45 escuelas, academias o centros de formación taurinos, en donde los niños acuden para iniciarse en la actividad. Agregó que las más prestigiadas son las afiliadas a la Federación Mexicana de Escuelas Taurinas AC, misma que facilita, promueve y organiza festivales taurinos.

“Estas 45 escuelas se ubican en el DF y en 16 estados. Coahuila, Michoacán, San Luis Potosí, Zacatecas cuentan con varias escuelas o las más desarrolladas, mientras que las mejor financiadas se encuentran en lugares cuyos gobiernos ha declarado a la tauromaquia como patrimonio cultural intangible, hablamos de Aguascalientes, Hidalgo, Querétaro y Tlaxcala”, mencionó.

De igual forma apuntó que se pudo descubrir la participación de más de 200 niños y niñas toreras en el país, que actúan en diversas plazas en México. Además comentó que niños y niñas extranjeras arriban a México para participar en la tauromaquia debido a las facilidades que existen en la nación para que la niñez se desenvuelva en tal actividad, mismas que no hay en sus países de procedencia.

“La investigación da cuenta de un total de 254 niños y niñas toreras, entre 2008 y 2013, que han tenido actuaciones en el territorio nacional. De ellos, 70 han sido los más regulares y han dejado de actuar esporádicamente por algún accidente o por hacer estancias académicas taurinas en otros países. También da cuenta de la actuación de niños extranjeros, de Colombia, Francia, España, Perú, Venezuela, que aprovechan la corrupción de las autoridades mexicanas y la facilidad que hay acá para la tauromaquia infantil”, explicó.

Aunado a lo anterior, expuso que un patrón que se ha repetido es que las escuelas taurinas se encuentran vinculadas con centros de poder económico y político como ganaderías, empresas promotoras de espectáculos, medios de comunicación y gobiernos estatales y municipales “que operan a veces en conjunto con el ánimo de asegurar el surgimiento de nuevos toreros o aficionados para garantizar la reproducción del negocio de la tauromaquia; esta relación entre poder económico y político podría explicar la permanecía del fenómeno”.

En este sentido, mencionó el caso de Michel Lagravere “Michelito”, quien inició como matador de toros  los 14 años.

“Él es matador de toros desde los 14 años, en los últimos dos años se ha ubicado en la cima del escalafón taurino más que cualquier torero adulto con quien suele alternar en corridas o festivales. Hablamos que en los últimos 3 años el torero con más actuaciones es un niño”, dijo.

Lozano aseveró que uno de los principales problemas que se presenta con el hecho de que niños y niñas están expuestos a actos violentos, como las corridas de toros, es que pierden la empatía ante el sufrimiento ajeno, lo cual afecta su desarrollo y provoca que a la larga la violencia forme parte de su vida, lo que podría provocar mantener el contexto de violencia en el país.

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De acuerdo con Gabriela Cruz Ares, médica psiquiatra y delegada de la Coordinadora de Profesionales por la Prevención de Abusos (CoPPA), el hecho de que niños y niñas estén expuestos a actos violentos como la tauromaquia, causa una desensibilización de los menores, lo que a la postre representará que el niño se acostumbre a la violencia.

De igual forma indicó que estar expuesto a violencia contra animales hace que la violencia contra cualquier otra forma de vida se normalice. Además, dijo, el participar en actividades de esta índole cambia, incluso, la configuración cerebral.

“Cuando hay una desensibilización de los ataques hacia los seres vivos en general, se hace fácil seguir con la violencia. Se ha visto que cuando a un niño o adolescente se les expone repetidamente a espectáculos violentos, la empatía que pueden tener se va perdiendo, e incluso el cerebro va cambiando su estructura original y llega un momento en donde si sentía aberración por ver un espectáculo sangriento, después de la exposición continua llega un momento en que ya no siente nada”, enfatizó.

En tal sentido, indicó que estudios realizados a niños confirman que al estar involucrados en hechos violentos modifican el comportamiento al grado que ya no hay reacción ante la violencia, lo cual trasciende a la vida cotidiana del individuo.

“Se han hecho estudios con resonancia magnética en donde se pone a un adolescente y al principio se le presenta una imagen sangrienta, y las áreas que se prenden al principio son varias porque la reacción es molesta, pero si a este mismo individuo se le expone repetidamente llega un momento en que ya no hay reacción, en la resonancia ya no se ve ninguna reacción porque se vuelve normal, común”, explicó.

Manifestó que este fenómeno deber ser atendido por su gravedad además que no debe verse como un hecho aislado sino como un asunto de preocupación social.

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Debido a la participación de la niñez en la tauromaquia, el pasado 10 de junio el Comité de los Derechos del Niño de la ONU fijó su postura formal ante el fenómeno, y recomendó al Estado mexicano adoptar las medidas necesarias para garantizar la prohibición de la participación infantil en las escuelas taurinas y corridas de toros, pues las considera como una de las peores formas de trabajo infantil.

Asimismo recomendó tomar las medidas necesarias para proteger a la niñez en su calidad de espectador de esta clase de actividades, así como “aumentar la conciencia de la violencia física y mental asociada con la tauromaquia y el impacto que genera en los niños”.

En este sentido, Laura Vargas Carrillo, en su calidad de jefa de la delegación mexicana que acudió a Ginebra, aceptó las recomendaciones y se comprometió a dar seguimiento a las observaciones que hizo el Comité sobre la tauromaquia infantil.

 

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