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Pegging, soy mujer… y te voy a dar

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Valentina Pérez Botero / @vpbotero3_0

 

(16 de septiembre, 2013).- El hombre va a estar contra la pared y concentrado en su ano. La extremidad que, de forma convencional, le servía para penetrar a la mujer desplazará su función: no estará de frente ni de lado buscando alguna cavidad del cuerpo femenino sino que ella tendrá un dildo –en arnés o en la mano– que encontrará el hueco inferior de él.

A la práctica se le conoce como pegging y consiste en invertir quién da y quién recibe la penetración en una pareja heterosexual. Quienes lo han experimentado, y expertos en la materia, aseguran que además de expandir el placer masculino a través de la estimulación de la próstata –a la que se tiene acceso por el ano– tiene consecuencias directas en la pareja.

Charlie Glickman y Aislinn Emirzian, autores de un libro sobre el tema, dicen que un hombre al ser penetrado cambia su apreciación sobre el sexo. Ya no es algo que sucede fuera de él. La penetración, experimentar el sexo literalmente de forma interna, le permite crear un ambiente de empatía con la mujer. Glickman y Emirzian aseguran que para los hombres exclusivamente penetradores, la experiencia es externa.

A esto se suma que un hombre al ser penetrado valora más los momentos previos al coito ya que entiende la importancia de darle tiempo al ano para que se distensione y pueda recibir un dildo; la misma experiencia que vive una mujer antes de la penetración.

Esta nueva tendencia tiene que ver tanto con una apertura masculina, en dejar de asociar la penetración anal con la homosexualidad; a un cambio en la mujer, el disfrute de la sexualidad desde la postura de perpetradora de la penetración, y un cambio social que demuestra más importancia en el placer sexual que en el desempeño.

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