T. Baumann*
(21 de enero, 2015. REVOLUCIÓN 3.0).- Lo que representa el nuevo movimiento de derecha alemán, evolucionará como cuando surgió durante la gran crisis de la década de los 30; en función de la actual correlación de fuerzas
En las útlimas semanas, todas las portadas de los periódicos alemanes indicaron el surgir de un nuevo movimiento denominado Pegida, “Patriotas europeos contra la islamización de Occidente” cuyas movilizaciones han sido motivo de burlas en las redes sociales, incluso, asociaciones progresistas lograron colocar una gran pancarta en un teatro de Múnich -en el marco de una contramarcha- que decía “Regida – Teatro contra el idiotismo de Occidente”.
La mayoría de los políticos germanos condenan las marchas en las cuales prevalece la presencia del rotativo ultra derechista “Junge Freiheit” (“Jóven Libertad”), ya que ensombrecen la imagen del país a nivel internacional.
No obstante, esa inminente sacudida de la sociedad con rasgos xenófobos se está realmente afianzando en la ciudad de Dresde, capital del Estado federado de Sajonia (este de Alemania), y cuenta con varias réplicas en otras ciudades de toda Alemania. Muchos analistas temen que se convierta en un imparable alzamiento. La consecuencia política puede ser impactante, mientras se agudiza simultáneamente (no sólo en Francia, sino en Bélgica, Alemania, Grecia) la amenaza del islamismo terrorista, el cual llegó a Europa como efecto boomerang, tras más de una década de intervenciones militares occidentales en países musulmanes.
Hay que tomar en consideración que la extrema derecha crece paralelamente tanto en el Medio Oriente (Estado Islámico, EI, con su modo de acumulación reaccionario con miras a establecer una era neofascista poscapitalista) como en Europa, donde se consolidaron y hasta triunfaron algunos partidos neofascistas durante los eurocomicios en 2014: el escenario de una posible guerra civil mundial, debido a la desestabilización sistemática de Estados como Afganistán (desde la ayuda estadounidense a los muyahidín en contra de Moscú) Irak, Libia, Siria etc., por parte de Occidente, se vislumbró en París, a inicios de enero, durante toda una semana de atentados.
Esta coyuntura de crisis política y social es, objetivamente, inseparable de la crisis histórica que está viviendo el sistema capitalista, cuyos procesos de desintegración compaginan con el aparecer de un nuevo modo de acumulación poscapitalista. Aquel EI, el que continúa controlando cerca de un tercio de Siria y un tercio de Irak, conjuga explotación personalizada, dependencia directa, esclavitud generalizada con identidades premodernas, al tiempo que atrae a los más excluidos del neoliberalismo europeo: ciudadanos europeos musulmanes, expulsados del capitalismo europeo tardío, el mismo que se encuentra a su vez, en descomposición paulatina.

Pegida aparece como movimiento moldeado en respuesta a una crisis de identidad alemana
El 8 de diciembre, el movimiento islamófobo Pegida logró congregar a 10.000 manifestantes en Dresde, la ciudad donde nació esa iniciativa en octubre de 2014 a través de un sitio Facebook, que reclama la limitación del derecho de asilo y alerta contra la supuesta islamización de la sociedad alemana. En el oeste de Alemania, este movimiento encontró mucha resistencia ciudadana.
En Dresde, también existe desde diciembre, una iniciativa de contramarchas, conformada por las Iglesias, la Universidad y asociaciones. Sin embargo, Pegida logra cada semana aumentar el número de manifestantes. Apenas el pasado lunes 12 de enero, según indica la policía, se plegaron más de 25.000 habitantes de Dresde a la convocatoria de Pegida; un nuevo récord.
El atentado terrorista y la toma de rehenes islamista que ocurrieron en París, repercutieron en el movimiento Pegida: pese a los múltiples llamados políticos para que no se desvirtúe el crimen perpetrado en Francia, creció el número de manifestantes en Dresde en 7.000, en tan sólo una semana (18.000 hace dos semanas y 25.000 una semana después, el pasado lunes 12 de enero).
El principal aliado político de Pegida, hasta ahora, es el nuevo partido neoconservador Alternativa para Alemania (AfD), parte de cuya cúpula organizó las marchas de la ciudad de Düsseldorf (oeste de Alemania). Su líder, el catedrático economista Bernd Lucke, expresó en reiteradas ocasiones, simpatía por estas manifestaciones.
Los líderes del oficialismo lo condenan formalmente
Como la Canciller Federal Angela Merkel, el Ministro Federal del Interior, Thomas de Maizière, criticó duramente a Pegida. Un grupo de 50 personalidades de la vida pública alemana – incluidos dos ex cancilleres federales socialdemócratas – ratificaron dicha llamada, a través del diario más leído del país, Bild, con un gigantesco titular en su portada con la frase “No a Pegida”. Todas las autoridades eclesiásticas alemanas, tanto la Iglesia católica como las protestantes, repudiaron, a su vez, aquellas manifestaciones.
La máxima autoridad católica alemana, el Cardinal Reinhard Marx, incluso se pronunció contra la presunta diferencia entre refugiados políticos y económicos. Según el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung del 5 de enero, las Iglesias intentan defender una lectura “ética” del cristianismo, al tiempo que se asevera que para las autoridades cristianas será “cada vez más difícil posicionarse frente al culturalismo cristiano”, reivindicado por Pegida en contra de otras religiones, especialmente el islam.
Sin embargo, según informa el Frankfurter Allgemeine Zeitung del 5 de enero, la Unión Cristianosocial (CSU), socia bávara de la Unión Cristianodemócrata de Angela Merkel, se posicionó al lado de Pegida al pedir recién la expulsión de personas que “abusan del derecho de asilo por razones puramente económicas”. Por lo tanto, el jefe del partido opositor La Izquierda calificó a la CSU como “brazo parlamentario de Pegida”.
En la portada de Frankfurter Allgemeine Zeitung del 5 de enero, se enfatizó que esta agitación expresa un descontento profundo en contra del “sistema” de “Berlín, Bruselas, Washington”, descontento social que va dirigido contra las “élites imperantes” de la “política, economía, los medios”, los mismos que “tratan a los ciudadanos como si fueran tontos”.
Según subraya un catedrático de Filosofía en el diario Süddeutsche Zeitung del 17 de diciembre de 2014, Alemania se está convirtiendo en una “sociedad de ansiedad”, la cual padece de una “crisis de identidad”. El filósofo explica que los adeptos de Pegida han construido a un “enemigo imaginario”, proceso sicológico-social que radica en la “lógica del chivo expiatorio”, frente a la creciente exclusión social: “antes los judíos, ahora son los musulmanes” el chivo expiatorio. Según un estudio publicado este mes, el 57% de los alemanes temen una islamización de su país.
La tendencia de Pegida corresponde a la del oficialismo europeo, pero tiene una forma nueva
El contenido conservador de Pegida contrasta con su aparecer popular, visceral y xenófobo. Pegida sostuvo que un pueblo multicultural tiende a perder su inteligencia, hipótesis que ya fue difundida en 2010 por el ex miembro de la presidencia del banco central alemán (Banco Federal Alemán) y ex ministro de Finanzas de la Ciudad-Estado de Berlín, Thilo Sarrazin. Recordemos que en 2010 se atizó el odio xenófobo en Alemania: entonces por primera vez desde 1945, por parte de una personalidad altamente respetada, cuando semejante discurso étnico-político fue propagado por un libro con ventas récord, publicado por el entonces reconocido Thilo Sarrazin, quien interpretó un sinnúmero de estadísticas de una manera mal intencionada, pseudo-científica y muy en especial antimusulmana.
Pegida considera, además, que una sociedad multicultural conlleva la decadencia de las buenas costumbres del pueblo alemán, desde una perspectiva culturalista de identidades étnico-sociales encapsuladas y antagónicas à la Huntington. En Alemania, las ideas culturalistas fueron hegemónicas durante la primera mitad del siglo 20, introducidas por un movimiento derechista denominado völkisch (etnicista) desde finales del siglo 19, el mismo que tomó impulso durante la década de los 20, cuando se crearon cientos de asociaciones con el ideario völkisch (es decir a la vez racista, antisemita, anticomunista, antidemocrático y con utopías sociales basadas en una supuesta superioridad racial).
El ideario del movimiento derechista tiene antecedentes
El filósofo, historiador y, en los años 20, muy conocido autor antidemocrático Oswald Spengler, cuya obra principal se titula “La Decadencia de Occidente” (cuando la palabra alemana, “Untergang”, tiene una fuerte connotación directa de “extinción” o más bien “caída” de Occidente), publicada en 1918, fue financiado por los grandes industriales alemanes Reusch y Vögler.
Es fundamental evidenciar este vínculo de intereses de clase, ya que Spengler no sólo abogó por la instauración de un régimen dictadorial, sino también se vanagloriaba en toda su obra de la supuesta prepotencia cultural de Prusia, debido a las presuntas virtudes prusianas, es decir sus principios, especialmente los de sentido del deber y el orden: descifrados como preponderantes tanto a nivel nacional (supremacía objetiva y total de Prusia en Alemania frente a los Estados federados meridionales), como universal: Spengler pensaba en una superación de los valores franceses de libertad, igualdad, fraternidad, por medio de los prusianos, lo cual equivalía a un proyecto socio-político holístico, similar a la lógica étnico-utópica de varias corrientes völkisch, las mismas que se volvían hegemónicas en ese entonces.
Se cambió de chivo expiatorio según la coyuntura mundial y regional
A fines de diciembre de 2014, Pegida se constituyó como asociación registrada, reivindicando el contenido del modo de pensar de otra época, pero ahora viene embalado una nueva forma: va dirigido contra el nuevo chivo expiatorio de Occidente, los musulmanes.
De esta manera, como proceso socio-sicológico acelerado por la guerra contra el terrorismo internacional, este movimiento popular-conservador respalda y hasta permite, en realidad, el perennizar de las asimetrías sociales y políticas existentes tales como las relaciones entre OTAN y el resto del mundo, al excluir una lectura popular-progresista de las profundas asimetrías existentes en la comunidad internacional. Ofrece el odio como cuidado paliativo a una población que no conoce a sus verdaderos adversarios (los grandes consorcios europeos, la omnipotente Comisión Europea y los ejecutivos nacionales, por ejemplo), debido a los medios hegemónicos, y la ignorancia fortaleza la promoción del odio, el que se ve potenciado por las políticas exclusivas y sumamente brutales de FRONTEX y otras organizaciones que trabajan por la Unión Europea al reprimir inmigrantes y posibles inmigrantes ya desde países terceros como Ucrania, Libia, etc.
Pegida: se distingue, en forma embrional, una proclividad al neofascismo
En el extraordinario éxito de Pegida se ha traducido el descontento latente de la población alemana ante las autoridades cada vez más antidemocráticas del euro-supranacionalismo así como las del neoliberalismo euro-mercantilista que manejan las propias élites alemanas. Este éxito también ha sido potenciado por los agravios acumulados como el anacrónico belicismo comercial, reivindicado por medios hegemónicos en contra de Moscú. Pero en vez de transformar este descontento en una perspectiva política emancipatoria, este movimiento lo convierte en odio a los extranjeros, las minorías. Por lo tanto, se trata de un inminente sesgo amenazador para los pueblos europeos.
Este creciente flujo de resentimiento popular sirve efectivamente para que los poderes fácticos, los que son responsables de la reacción autoritaria a la crisis financiera y económica europea, puedan continuar intensificando su colaboración estratégica transatlántica, la agudización de las asimetrías intra-europeas, internacionales, globales, etc.
En este sentido, se está creando un nuevo actor popular idóneo para las élites germano-europeos de siempre, al igual que el desconcertante movimiento völkisch que creció importantemente en la década de los 20, especialmente dada la derrota de la revolución alemana en 1919, y sobre todo fortalecido desde el comienzo de la crisis en el 1929,la misma que desembocó en la tremenda aceleración de una descomposición política y social sin precedente en el continente europeo.
Para contrarrestar esto, queda por determinar las nuevas formas de neofascismo, y definir conjuntamente con alianzas progresistas, una contra-propuesta política holística, es decir un proyecto radical democrático para plantear medidas a la vez concretas y revolucionarias, con el fin de impedir que vuelva a suceder otra vez una victoria de las élites capitalistas en tiempos de crisis, las mismas que históricamente, solían defender sus privilegios a través de un apoyo popular-instrumentalizado, desvirtuado por una propaganda étnico-culturalista, el fascismo.
*Colaborador de REVOLUCIÓN TRESPUNTOCERO desde Berlín, Alemania.



