J. Arturo García / @SoyArturito
(14 de julio, 2013).- “Pensamos que nos iban a matar y que nuestros cuerpos se iban a quedar ahí en el monte, sin que nadie supiera de nosotros”, fue el presentimiento de “Luis”, uno de los 27 morelenses que regresaron a su hogar después de negarse a reventar las elecciones en Veracruz.
Prosiguió: “Como no quisimos hacer las cosas que nos dijeron, comenzamos a pelearnos y entonces los encargados nos dijeron que nos quedáramos en la casa, que al rato regresarían por nosotros en lo se llevaban a los que sí aceptaron [sus exigencias]. Como sabíamos que nos estaban mintiendo y que ya no regresarían, los que nos conocíamos de estas colonias [La Nopalera, Rubén Jaramillo y Nueva Morelos] nos quedamos juntos y caminamos por la sierra todo un día, hasta que encontramos a unos de Protección Civil que nos ayudaron”.
¿Qué fue lo que les pidieron y no aceptaron?
A la mera hora nos dijeron que nosotros no estábamos ahí para cuidar casillas, sino que querían que agrediéramos con palos, piedras y varillas a las personas que ellos nos dijeran. Pero no quisimos hacer eso, nosotros sólo queríamos ir trabajar y que nos pagaran los mil 200 pesos que nos prometieron.
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El calor y la humedad arremeten sobre la zona centro de Temixco, en el estado de Morelos, donde se encuentran las colonias de donde son originarios los 27 jóvenes que lograron regresar de Veracruz, bajo el supuesto negocio de ser “observadores” de casillas en apoyo del Partido Revolucionario Institucional (PRI).
Las colonias están ubicadas a unos 15 minutos en transporte desde el centro de Temixco. Aquí las personas viven de atender sus tiendas de abarrotes, carnicerías, verdulerías, puestos de helados, cosméticos o comida. Los más jóvenes tienen su empleo en la zona comercial del municipio o hasta Cuernavaca, a unos cuarenta minutos del lugar.
Los habitantes consultados de estas calurosas y silenciosas colonias desconocían aquello que sucedió el fin de semana electoral, cuando las primeras cifras señalaron que 120 personas de Morelos estaban desaparecidas en Veracruz. Y es que, de sólo seis diarios que se venden en la zona, uno [El Diario de Morelos] tenía información sobre el caso vivido entre el 4 y el 11 de julio.

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Jueves 4 de julio. A las 11 de la noche salieron cuatro camiones del cruce de la avenida Independencia y la calle Tierra y Libertad, en la colonia La Nopalera de Temixco, Morelos. Los camiones fueron estacionados junto a las instalaciones del Sistema Independiente de Agua Potable, ubicadas a un costado del Centro de Desarrollo Comunitario de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol). A esos camiones subieron habitantes -en su gran mayoría hombres-, de las colonias Nueva Morelos, Villa, Primero de Mayo, Diez de Abril, Rubén Jaramillo, Los Laureles, Arboledas, Santa Mónica, Santa Úrsula y Acatlipa.


En cada autobús de la agencia Corrales, contratados en Cuernavaca, subieron unos 40 “observadores” y entre tres y cuatro “supervisores” de cada camión. “Muchos sí eran drogadictos y rateros, pero también había algunas mujeres, señores desempleados y jóvenes, como nosotros, sin trabajo. La mayoría éramos menores de edad”, explicó Luis en entrevista para REVOLUCIÓN TRESPUNTOCERO, a su regreso de Veracruz.
El destino de estas 160 personas fue Álamo, Veracruz, donde el domingo 7 de julio, día de las elecciones locales, debían reventar las casillas, casas de campaña y a seguidores de partidos opositores al PRI; pero un pequeño grupo de 27 personas con el que se quedó Pedro no sabía qué era lo que en realidad debían hacer.
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Viernes 5 de julio. Habla Luis:
“Llegamos a Veracruz como a las cinco de la mañana. Entramos a una fondita y nos dieron de comer, arroz, frijoles y carne molida. Nos dijeron que podíamos nadar [en el río Pantepec del que estábamos cerca], pero la mayoría nos quedamos en los camiones. En la tardecita ya nos llevaron a una primera casa que se encontraba en el monte. Salimos como a las 4 de la tarde. Tardamos como dos horas y luego tuvimos que caminar media hora más […]. Pero aquí sólo llegamos dos de los camiones, los otros dos no sabemos para dónde se los llevaron.
“Llegamos a una casa de dos pisos en medio de la sierra, sin nada alrededor. Dijeron que ahí nos íbamos a quedar hasta el domingo, pero nosotros, los 27 que regresamos, no aceptamos porque estaba feo el lugar. No había luz, ni agua, ni camas. Nos dieron colchas pero estaban feas. Entonces nos quedamos a dormir en el camión.
“Dormimos y al otro día nos llevaron a otra casa”.
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Sábado 6 de julio. Son las 10 de la mañana. Los dos camiones de la agencia Corrales arribaron a otra casa con una misma característica: estar en medio de un monte veracruzano. Ahí, los supervisores de los grupos les dijeron el verdadero motivo de su traslado a Veracruz:
“Aquí no vienen a cuidar casillas. Aquí vienen a romperle la madre a quien nosotros les digamos. Los vamos a llevar en camionetas a un lugar y luego a otro y otro. Y cuando nosotros les digamos a quién se tienen que madrear, entonces se bajan y les parten su madre”, fueron las palabras que escucharon las ochenta personas al interior de la casa.
Entonces los 27 reaccionaron.
“No espérense, nosotros no venimos aquí a golpear a la gente. Nosotros venimos a trabajar y a cuidar casillas”.
Justo en ese momento inició una discusión entre ambos grupos y el problema llegó a los golpes. Unos segundos después fueron separados los supervisores y los 27. “Está bien. Espérenos aquí. Vamos a dejar a éstos [quienes sí aceptaron –que fue la mayoría–] y regresamos por ustedes”, les dijeron.
Un grupo de entre 14 y 17 personas que tampoco aceptó reventar las elecciones ya había partido hace unas horas, cada quien por su parte. Los 27 permanecieron en sitio. Sabían que los supervisores (de los que recuerdan sólo dos apodos: el Vocho y el Cacas) no regresarían por ellos, aunque prefirieron esperar lo que pudiera suceder. Nada malo ni nada bueno pasó. Sólo transcurrió el día. Los 27 hablaron entre sí, se organizaron, salieron del lugar y comenzaron a caminar desde las 10 de la noche y hasta el día siguiente.
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Domingo 7 de julio. Era el día de las elecciones. El reloj marcaba las 10 de la mañana y habían transcurrido 12 horas desde que los morelenses decidieron salir de la casa en que fueron abandonados. Ya cansados y temerosos de lo que pudiera suceder, los 27 vieron elementos de la Secretaría de Protección Civil de Veracruz a quienes les pidieron ayuda.
Los de Protección Civil eligieron a tres personas del grupo para explicar lo sucedido. Después de eso, pidieron ayuda y traslado a la policía, la cual llegó en varias camionetas, en las que los transportaron a la estación de policía de Álamo Temapache, Veracruz, en donde permanecieron hasta la tarde del miércoles 10.
“Les vamos a ayudar con un camión para que los lleve de regreso”, les dijeron desde el domingo. Luis indicó: “Dos patrullas resguardaron el camión desde que salimos, pero sólo lo hicieron la mitad del camino”.
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Jueves 11. A la una de la madrugada llegó el camión al mismo punto de donde salieron una semana antes: el cruce de avenida Insurgentes y la calle Tierra y Libertad. Su pesadilla había terminado. “Ya no la veíamos llegar. Ya nada más quedábamos en la voluntad de dios”, sentenció Luis.
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Pero, ¿quién reclutó a las 160 personas que salieron el jueves 4 rumbo a Veracruz?
Fuentes consultadas que pidieron el anonimato por temor a represalias confirmaron que César Cruz Ortiz, subsecretario de Evaluación de la Secretaría de Organización del Centro de Evaluación Nacional del PRI, junto con Otilio Rivera, subdelegado de la Sedesol estatal, fueron los organizadores de las acciones de hace una semana. A Cruz Ortiz también se le identifica como el organizador del “acarreo” del 2010, donde 350 personas fueron llevadas a Veracruz para “cuidar casillas”, además de tener vínculos con grupos de choque y el crimen organizado.
La parte operativa de reunir a las personas está compuesta por jóvenes de entre 19 y 22 años. Un caso en particular salió a la luz la tarde del jueves 11, frente al negocio Funerales Ocampo, ubicada en el cruce de las calles Emiliano Zapata y Primero de Mayo, de la colonia Rubén Jaramillo.

En Funerales Ocampo laboraban los primos Giovanni y Pedro Velázquez, de 19 años cada uno, quienes fueron dos de las personas encargadas de juntar a la gente. Su cuota era de al menos 15 personas por las que recibieron mil 500 pesos. Este par de jóvenes, quienes viven en el número 264 de la calle Emiliano Zapata, debían, a su vez, entregar mil 200 pesos a cada persona reclutada.
Giovanni y Pedro trabajaron hasta el jueves 11 de julio en Funerales Ocampo, local ubicado a menos de 100 metros de su casa. El dueño del negocio los despidió ese mismo jueves porque, con el regreso de los 27, y aclarada la situación, los familiares de los morelenses abandonados fueron a exigirles a Giovanni y Pedro que les pagaran lo prometido. El dueño se enteró del enfrentamiento y los despidió “porque estaban dando una mala imagen al negocio”.
REVOLUCIÓN TRESPUNTOCERO intentó hablar con Pedro y Giovanni Velázquez; sin embargo tres mujeres, que se encontraban afuera del domicilio, afirmaron que no vivía ahí a pesar de que fue visto minutos antes, al ingresar al lugar. Incluso, se cuenta con copia de la identificación oficial de Pablo, en donde se confirma el lugar de residencia.

Otro de los jóvenes que reunió su cuota fue Daniel Armas Estrada, de 20 años y quien trabaja en una carnicería en la colonia Villas. Según sus propios familiares, Daniel no se ha dejado ver desde el día de las elecciones. Al parecer viajó a la ciudad de México con su novia para evitar el conflicto desatado por esta situación.


