Por: Zazil Carreras
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“La diferencia entre disponer de democracia y libertad de expresión y no tenerla, es enorme. No es cierto que lo que hasta hace poco valía mucho, ahora no valga nada y no merezca la pena. No nos vaya a ocurrir que esta libertad de expresión y esta democracia imperfecta solo despierten una lealtad apasionada y la defendamos cuando las hayamos perdido.”
Estas palabras fueron pronunciadas por Joaquín Estefanía, director del máster de la Universidad Autónoma y el periódico EL PAÍS, quien en un discurso dirigido a los graduados de esta generación explicó que los estudiantes han vivido en medio de la “tormenta perfecta”, producto del deterioro de la democracia, la vida política e institucional y las condiciones de los trabajadores, incluidos los periodistas.
Lo cierto es que en estos tiempos antidemocráticos y caóticos, valorar el oficio de los periodistas y su labor informativa es más relevante que nunca, sobre todo con la falta de legitimidad de las instituciones para miles de ciudadanos.
La prensa ha sido la encargada de destapar escándalos financieros, corrupciones políticas, delitos cometidos por funcionarios públicos o altos mandos y, en este proceso, da voz a los más desprotegidos, a quienes son víctimas de estos hechos graves y quienes luchan con un sistema político que tiende a ignorarlas.
Sin embargo, la sociedad también comete el error de ignorar a los pocos medios que ofrecen un espacio a las personas, perdiéndose entre las maravillas que ofrece el periodismo comercial. La indiferencia social también se manifiesta en el desinterés general que se manifiesta cuando un periodista es desaparecido o asesinado.
Este fenómeno de violencia que se ha desatado en contra de los periodistas que no se callan “ni por conveniencia, ni por pereza, ni por conformismo, ni por complicidad ni por militancia”, como expresa Joaquín Estefanía, es el que pretende que los medios se autocensuren, sin embargo, aún existen medios que combaten las amenazas y resisten con el fin de informar los hechos, sin tintes de ninguna índole.
Este periodismo es el que combate la opinión social de que la profesión es poco relevante y son estos periodistas los que articulan la verdad de la sociedad, desde diversas regiones, logrando un contrapoder que combate el engaño político, en una sociedad hambrienta de hechos y que vive a la merced de poca, poquísima información veraz.


