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Periodismo, fuentes y redes sociales: el delgado equilibrio

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Por: María Luján Tilli

Lejos quedó aquel primer período de desconfianza en el que los periodistas temían la desaparición de las fuentes de trabajo, de diarios y distintas publicaciones con el auge de Internet. Una gran cantidad de periodistas se volcó al uso de las redes, armaron blogs personales y se pusieron a participar en foros digitales. A pesar de que ese temor aún sigue vigente y tiene motivos más que fundados, es posible afirmar que los periodistas han respondido positivamente a Internet como un gran medio en el cual informar y desde el cual proveerse de contenido. ¿Cómo es posible congeniar el violento oficio de escribir con las “posibilidades” que presentan las redes sociales?

Hace tiempo que Internet se convirtió en un lugar clave donde el periodista puede hacer circular su opinión, antiguamente aislada y sesgada por la línea editorial del medio, más allá de cuál sea éste.

Pueden interactuar con sus lectores, compartir opiniones, información, datos y perspectivas. También lo hacen con las fuentes. Muchas veces, los lectores que siguen a sus periodistas favoritos en Twitter, han sido testigos casi involuntarios de fuertes discusiones o intercambios entre un periodista y un ministro, un empresario o un artista. Los periodistas empezaron a tener “cara”, a ser sujetos visibles y no sólo una firma debajo de algún artículo.

El periodismo se digitalizó. Incluso algunos dicen que el periodismo es digital o no es. Sea así o no, es necesaria la alfabetización digital, también para el oficio periodístico. La alfabetización digital no se restringe al aprendizaje de código html o de programación. Se trata no sólo de aprender, sino de aprehender un nuevo lenguaje y con él, otras formas de vincularse con los hechos, las fuentes y los lectores. La conversión no sólo es digital, sino también “religiosa”. Como plantea Milad Doueihi, los antiguos marcos son reinterpretados y reinsertados en los actuales, un nuevo lenguaje modifica lenguajes tradicionales. Es una necesidad que -además de utilizar las redes- el periodista sea capaz de incorporar y dejar su marca en los medios digitales.

Más de una vez en los últimos tiempos, surgió la pregunta de si basta con una cámara para ser periodista. Incluso hace poco, el Tribunal Constitucional español ha considerado ilegítimo el uso de estos dispositivos, prohibiéndolos, aunque la información obtenida sea de gran importancia social. También es posible preguntarse si alcanza con ser un excelente usuario de Twitter o Facebook para encontrar datos fiables y sólidos para contar una historia.

Una fuente para el periodismo digital debería tener el mismo sentido que tuvo para el “viejo” periodismo. Esa persona, entidad o documento que es capaz de proveer información que el periodista necesita para empezar, continuar o completar una investigación, priorizando los que son de mayor fiabilidad, es lo que se considera en el periodismo como fuente. Como ninguna de ellas es perfecta ni completa, tradicionalmente se acostumbra a exigir que un trabajo considere al menos tres fuentes, para respaldar los datos lo máximo posible.

Sin embargo, muchas son las veces que se recurre a un tuit, un estado de Facebook, o la publicación de otro medio como “fuente”, en lugar de considerar a un especialista, una persona de carne y hueso con la información necesaria que sostenga nuestro trabajo. El riesgo de utilizar un tuit como primicia, como pie para una noticia, supone partir de una frase descontextualizada, sin marco de referencia, más que la red misma. En Facebook ocurre algo parecido: un estado puede dar cuenta de una ironía o hasta de una declaración pública de principios o quejas, pero no alcanza. Contactar al usuario de esa cuenta, indagar el motor de esa publicación, investigar por otros medios si estamos ante la punta de algo más interesante o no, son los pasos que siguen. El periodista debe construir filtros para encontrar la información que busca y dar con las fuentes que necesita.

Multimedios, medios e independencia

Los periodistas que trabajan en multimedios digitales se ven en serios problemas a la hora de poder chequear información, exigidos por el reloj de la inmediatez y el minuto a minuto, mucho más exigente que el cierre de edición de una publicación en papel, y la presión editorial y empresarial. Contrariamente de lo que puede pensarse, no son los medios masivos los que se toman más en serio el trabajo de chequear sus fuentes, a pesar de que incorporen permanentemente las últimas tendencias y avances de la web 2.0. Son los emprendimientos de menor envergadura, como por ejemplo el caso de sololocal.com, chequeado.com, el interesante proyectowalsh.como el más reciente 15m.ccde España quienes han estado dando cátedra en el tema en los últimos años.

En los medios más pequeños e independientes de grandes intereses económicos, es el periodista quien tiene la última palabra y la decisión a la hora de publicar un contenido u otro y el momento de hacerlo. Periodistas como Enrique Meneses son fervientes defensores del trabajo autónomo, del periodista sin raíces. Con los pros y contras del independiente, Meneses sostiene que hay que trabajar sin ataduras; el periodista es un “superviviente”. Si bien no todos los que ejercen el oficio comparten la idea de que hay ser un trotamundos para ser un periodista, sí se entiende como una de las premisas más profundas del oficio, la de sostener su libertad de opinión, cueste lo que cueste.

En los últimos años, la reserva de la identidad de la fuente se ha visto comprometida. Qué seguridad puede brindar un periodista a su fuente, cuando los responsables más altos de su medio deciden entregar esa información a la polícia, por ejemplo, como ocurrió en el caso del periódico The Sun hace poco tiempo. El magnate Rupert Rudolph, principal accionista de News Corp, colaboró con la policía entregando material confidencial de periodistas de uno de los medios que están bajo su ala comercial. Además, luego del escándalo, afirmó que seguirá entregando el material que sea necesario amparándose en dudodas referencias legales. Esto no sólo afecta a la confianza de las fuentes hacia los periodistas, sino el desarrollo de cualquier investigación que decidan emprender. Los diarios deberían ser espacios fiables para que los periodistas desarrollen su trabajo. El periodismo, como pocos oficios, se ha visto altamente transformado, en algunos casos, tristemente desfigurado. Está claro, que la pasión por el oficio, el voluntarismo y las buenas intenciones, no alcanzan.

En cierto sentido, “el entorno digital actúa al mismo tiempo como un nuevo proceso civilizador”, dice Doueihi. Reformulamos nuestra pregunta inicial: ¿cómo es posible continuar ejerciendo el violento oficio de escribir en un mundo nuevo? Reformulándolo, potenciando tal vez, ese carácter autónomo que lo sostiene y se esfuerza en no morir.

Fuente: Narrativa Radial 

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