Estela Garrido / @StelaGarrido3_0
(30 de mayo, 2013).- La persecución contra Wikileaks y sus colaboradores podría parecer invención o exageración. Sin embargo, las incriminaciones a aquellos que buscan contribuir al proyecto de Julian Assange son palpables.
Es el caso de Jeremy Hammond, un joven de 22 años acusado de filtrar información del FBI y de la firma de inteligencia global Stratfor, quien tuvo que declararse culpable en una corte federal en Manhattan para reducir la posible sentencia de 30 años.
Al aceptar la culpabilidad, Hammond negoció con la fiscalía un trato para reducir esta sentencia a una condena de 10 años máxima por acceder de manera ilegal a los sistemas de información de organismos del gobierno. Hammond permanece recluido desde hace 15 meses en una prisión en Estados Unidos.
Assange, quien permanece refugiado en la embajada ecuatoriana en Londres, criticó con dureza el trato contra Hammond, e incluso señaló que la acusación, más que hacerse por la violación al sistema informático, se debía al activismo político del joven.
“La actuación contra Hammond es represiva y “forma parte de una ofensiva más amplia contra “los activistas políticos y las fuentes periodísticas”, señaló.
Además, otro de los argumentos presentados por la defensa de Hammond fue que no se benefició personalmente por la filtración de información de Stratfor a Wikileaks.
“Jeremy ha asumido la responsabilidad de lo que ha hecho, pero no debería enfrentarse a una sentencia muy dura por un acto de protesta del que no se benefició personalmente”, aclaró Jason Hammond, hermano del acusado.
El caso de Hammond no es el único que visibiliza el acecho a quienes han colaborado de alguna manera con el proyecto del activista australiano.
El primer video que filtró Wikileaks mostraba el ataque estadounidense a un grupo de civiles en Irak. Presuntamente, las imágenes fueron filtradas por Bradley Manning, quien tras ser vinculado con la filmación fue acusado y torturado por el gobierno de EE.UU. por pasar el video a Assange. Manning afronta un juicio que podría condenarlo a morir.
“Eso significa una pena de muerte potencial para cualquiera de los militares que hable con un periodista sobre materias sensibles”, comentó Assange, quien a su vez podría ser extraditado a Estados Unidos.
“Además, esos procesos involucran a los periodistas y publicaciones en la cadena de comunicación, según dicen, con el enemigo, haciéndolas susceptibles a la Ley Sobre Espionaje, que también supone penas capitales”, explicó Assange.
Incluso, Assange ha expuesto correos electrónicos del servicio secreto británico en los cuales se admite que las acusaciones que se le hacen en Suecia son una farsa, así como la mayoría de las acusaciones contra sus colaboradores, quienes son inculpados con sentencias mayores a las impuestas anteriormente por los mismos cargos.
Kristinn Hrafnsson: Wikileaks más allá de Assange
Julian Assange cumple ocho meses refugiado en la embajada de Ecuador / Parte III







