Por: Redacción
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El ayuno, como práctica religiosa, se encuentra en diferentes culturas aunque, paultinamente, ha perdido el valor esencial religioso por el que surgió.
En la religión católica, durante la cuaresma, el miércoles de ceniza y todos los viernes deben ser días de abstinencia, de acuerdo a la Iglesia Católica (canon 1250 y 1251), con mayor énfasis en el último viernes, Viernes Santo, día en que Jesús murió en la cruz.
Esta prescripción viene de una doctrina tradicional de la espiritualidad cristiana que recae en el arrepentimiento, alejarse del pecado y volverse a Dios. En el Nuevo Testamento, Cristo pidió a sus discípulos ayunar una vez que Él partiera. (Lc 5:35)
Durante la Edad Media, surgieron diversas maneras de llevar a cabo el ayuno y asegurarse la salvación, pero en la mayoría de estas formas el ayuno era muy intenso y prolongado, por lo que se tuvieron que incorporar colaciones.
Así, la Iglesia Católica ha estipulado la manera en que sus miembros pueden y deben realizar la penitencia de acuerdo a la interpretación que se brinde de lo que requiere la ley divina. Sin esta penitencia, se plantea que al cristiano le será difícil encontrarse en el camino correcto para ser salvado.
En los primeros tres siglos ya encontramos diversas prácticas relacionadas con el ayuno. Uno de los pasajes de la Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesarea cita una carta de San Ireneo al papa Víctor, en la que Ireneo afirma que no sólo existe controversia alrededor de la observancia de la Pascua sino también del ayuno preliminar. “Pues –continúa- algunos piensan que hay que ayunar durante un día, otros que durante dos, y otros que durante varios, e incluso otros aceptan que afirman que deben hacerlo durante cuarenta horas continuas, de día y de noche”.
Por lo tanto, en los tres primeros siglos después de Cristo, no se tenía una sola interpretación que guiara a los fieles sobre la manera en que debían entender el ayuno pascual. En el siglo V se hicieron más estrictas las costumbres, ya que sólo se permitía una comida al día y la carne no era permitida ni los domingos. Incluso, en algunos lugares, tampoco era permitido el pescado, ni huevo o productos lácteos.
Después de varios siglos y diferentes interpretaciones, la tradición y, por ende, las normas para continuar en “el camino correcto hacia la salvación” se han transformado. Se ha permitido la costumbre de tomar líquidos con un trozo de pan durante la mañana y se han concedido indultos para permitir el consumo de carne.
Incluso, después de Conferencias Episcopales, en países como México, España y Estados Unidos, se ha promulgado que “A tenor del canon 1253, se retiene la práctica penitencial tradicional de los viernes del año consistente en la abstinencia de carnes; pero puede ser sustituida, según libre voluntad de los fieles, por cualquiera de las siguientes prácticas: abstinencia de bebidas alcohólicas, o una obra de piedad, o una obra de misericordia”.
En México, los católicos practican el ayuno de manera diversa e irregular, muchas veces por cómo interpretan las palabras de los sacerdotes o los textos de la Biblia; otras, por ignorancia y por repetición de una tradición mal entendida. En general, el ayuno como se acostumbra en la actualidad está lejos de la práctica espiritual que presuponía en siglos pasados.


