Halley
Estela Garrido / @StelaGarrido3_0
(17 de mayo, 2013).- La relación de un hombre, más bien, de un enfermo con su cuerpo. No de un enfermo, de un muerto viviente -un zombie- con su cuerpo. No sólo un cuerpo muerto, un cuerpo podrido y casi pestilente. Con larvas y moscas, con llagas y coágulos. La historia de un hombre eterno que se aferra a su podredumbre.
Este “frankenstein”, este enfermo que vive eternamente en la soledad de su muerte, protagoniza la historia que cuenta Sebastián Hoffman en la cinta Halley, la cual se estrena hoy viernes 17 en la Ciudad de México con 10 copias.
La relación resulta escatológica, tal vez grotesca, tal vez delirante, tal vez cotidiana. Un hombre, Alberto, quien está muerto en vida, se esfuerza por ocultarlo. Pero el maquillaje ya no sirve, el perfume ya no es suficiente y las heridas supuran. El cuerpo se mosquea.
Las escenas se funden en la cotidianidad. Una sucesión de hábitos sin lógica. Cuidar el cuerpo muerto. Ir al trabajo. Cruzar dos o tres palabras con la jefa. Regresar a casa. Cuidar el cuerpo casi fétido. Ir al trabajo… La analogía pareciera evidente.
“Siempre he tenido estas obsesiones, siempre me ha gustado lo escatológico, lo grotesco y esta inquietud de si yo soy mi cuerpo, si mi cuerpo me pertenece o me lleva a mí”, explicó Hoffman en conferencia de prensa, acompañado de los actores Alberto Trujillo, Lourdes Trueba, Hugo Albores y el productor y co guionista de la cinta, Julio Chavezmontes.
La cinta ha tenido un buen recorrido festivalero: apareció en el Festival Internacional de Cine de Morelia 2012, Festival Internacional de Cine en Sundance 2013 y el Festival Internacional de Cine de Rotterdam 2013… “y los que faltan”, mencionó el productor, anticipando el recorrido que la cinta hará este año.
Aunque, la apuesta de Hoffman toca el tema social, la poca empatía entre los individuos y la sociedad, lo hace de manera inconsciente. Ni el director ni el guionista tenían previsto hacer una crítica a la descomposición social.
“Cuando grabamos en el metro la escena en la que Alberto se desmaya, es una secuencia real. Íbamos pocos –cuatro apenas- sin luces ni nada que supusiera una producción cinematográfica y la respuesta de la gente fue impactante. La total indiferencia”, destacó Hoffman.
Para el joven director, la cinta que presenta es más de sensaciones que de pensamientos. Debido a que busca generar un ambiente de angustia en el espectador -gracias en buena parte a la vida metódica y rutinaria que tiene el enfermo “zombie”-.
“Es la historia de un muerto viviente -agregó-, un monstruo contemporáneo y el contraste entre su cuerpo frágil enfermo y los cuerpos sanos y supuestamente perfectos que se ven en un gimnasio”.
Por su parte, el actor Alberto Trujillo se sometió a un intenso proceso para encarnar al protagonista de Halley. Bajó 20 kilos de peso, se sometió a una severa dieta y se adentró en un personaje demandante que está en condiciones inhumanas.
“Llegas a un proceso de depresión al estar a dieta tanto tiempo, entras en ese estado y creo que se refleja en la película, fue cansado, pero al final es muy satisfactorio el resultado”, dijo el histrión.
Halley es una cinta que provoca todo tipo de sensaciones en el espectador. Es un ensayo sobre la angustia que confronta al espectador.


