Por: Estela Garrido
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Las costumbres y tradiciones que fomentan que el hombre coma antes que la mujer han derivado en una tendencia que ha aumentado la desnutrición alimentaria. La zonas rurales en su mayoría son las que más sufren esta discriminación.
De acuerdo a la información entregada a la Organización de las Naciones Unidas por Olivier de Schutter, numerosos países en Asia y África padecen de esta discriminación, la cual tiene como principal consecuencia la malnutrición en las mujeres.
“Las mujeres y niñas son las últimas en comer en las familias y sólo una vez que los hombres y los niños se han saciado”, señaló De Schutter.
También destacó el rol que juega la preparación en estas circunstancias: “La educación es el factor más determinante que mejora la condición de las mujeres, que hace que se casen más tarde, que cuiden mejor a sus hijos y que hagan elecciones más apropiadas en términos de salud y nutrición para sus familias”, indicó.
Si las mujeres tuvieran una mejor preparación podrían decidir más informadas la planificación de su familia, así como, seguir lineamientos más equitativos en el convivencia cotidiana.
Aunado a la falta de preparación, la costumbre que marca prioridades se suma un factor igual de importante: la precariedad en el campo.
Según De Schutter, las mujeres han tenido que incorporarse al trabajo de campo, a consecuencia de la migración de hombres a la ciudad. Una vez que la fuerza femenina se ha hecho cargo de las labores de campo, ha tenido que enfrentar condiciones inequitativas como aceptar menor remuneración que los hombres, trabajar sin contratos o por temporadas.
La Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estima que la discriminación femenina causa una pérdida de productividad agrícola del 2,5 al 4 %.
Para el experto de Naciones Unidas la respuesta está en la inversión pública en programas que reconozcan el trabajo femenino en el campo para que, de este modo, se establezcan condiciones igualitarias a la de los hombres.
“Además de inversiones públicas que liberen a las mujeres del cuidado de los niños, de las tareas del hogar, en infraestructuras de agua y en reforestación para que la madera para cocinar esté más cerca de ellas”, explicó De Schuster.
Incluso, remarcó el replanteamiento de los roles de género para aprovechar la fuerza de trabajo de las mujeres como generadoras de ingresos en situaciones equitativas.


