(25 de agosto, 2015. Revolución TRESPUNTOCERO).- México es ahora un lamentable símbolo de violencia periodística que en los últimos cuatro años ha clavado la impunidad sobre la tumba de 15 periodistas veracruzanos, solamente por citar uno de los ejemplos más emblemáticos de la violencia extrema que hoy persigue, principalmente a reporteros mexicanos.
Desde hace algunos años la explicación rápida a la muerte de un periodista se centra (convenientemente) en el crimen organizado, pareciera que son estos grupos los que tienen la exclusiva de generar el peligro a los comunicadores, aunque no exista nada más falso que eso.
Los reporteros son los ojos de la historia en tanto sus publicaciones tienen el objetivo, que poco después se convierte en responsabilidad, de evidenciar el escenario de su tiempo y su ambiente, porque “el silencio del mensajero es también la muerte lenta de una sociedad libre”, afirmó hace un par de años Javier Martín, redactor en jefe de la sección internacional de la agencia EFE.
Es así como el reportero que se arriesga, es el que ayuda a entender el horror de las circunstancias de los que no pueden o temen exhibir su realidad, así es como la información sin ataduras da pie a conocer mejor al otro, al distinto, al potencial enemigo de una sociedad despojada de verdad, libertad… de justicia.
Por más descarnado que lleguen a ser los hechos han demostrado que el periodista con altas posibilidades de formar parte de las cifras de homicidios en este país, es aquel que se aleja de la práctica banal de escribir historias ‘que venden’ y caza historias donde los otros no lo hacen, va a sitios donde otros prefieren no arriesgarse, vuelve cuando los demás han decidido irse y publica aquello de lo que los demás han optado por alejarse.
“Hoy en México publicar sobre narcotráfico y crimen organizado es darle un pretexto al gobierno que estás denunciando, para que no solamente te vuele la tapa de los sesos con una lluvia de balas, sino que también lo invitas a que se divierta en un preámbulo siniestro recubierto de tortura a enseñarte que no debiste ni siquiera pensar que retarlo con tu investigación, finalmente ‘luego le echa la culpa al narco y qué’, esa es en pocas palabras la realidad del indefenso periodista mexicano”, asegura a Revolución TRESPUNTOCERO Lusine S., periodista independiente, que viajó al país para trabajar en un reportaje sobre “la situación del periodismo bajo violencia en el país”.
Veracruz que se ha posicionado como el ‘cementerio de los periodistas’, ha padecido el homicidio de 15 comunicadores, quienes fallecieron en trágicas circunstancias, cuyas principales características en común es la tortura y la facilidad con que las autoridades cerraron investigaciones atribuyendo al crimen organizado los hechos.
2011 fue el año en que se detonaron los asesinatos en serie en aquella entidad, en donde víctima tras víctima, los homicidios han sido cada vez más siniestros. Medios de comunicación, colegas, amigos, familia, y sociedad civil coinciden: la muerte de Rubén Espinosa, el joven fotoperiodista, ha sido la más violenta y con la mayor de las sañas.
Rubén aseguró que se autoexiliaba porque “le hicieron saber que era un fotógrafo incómodo para el Gobierno del Estado de Veracruz”. El fotoreportero se especializó en movimientos sociales y comenzó a denunciar abierta y públicamente los crímenes contra los periodistas, entre ellos, el asesinato de su compañera Regina Martínez. “Nadie lo identificaba, algunos lo ubican por aquel gran reportaje sobre Duarte y la llamada ‘foto que incomodó’ al gobernador, aquel texto apareció en una de las principales revistas del país, pero lejos de aquello si hoy viviera pocos sabrían quién es y qué hacía, porque no solamente tomaba fotos y escribía, fue uno de los más férreos defensores de la libertad de prensa en un estado podrido por la impunidad y corrupción”, asegura Lusine.
Ella asegura que más allá de su labor periodística, se convirtió sin saberlo ni pretenderlo en un activista que ayudó con su trabajo y de cualquier otra forma a su alcance, a promover la defensa de los reporteros en peligro, de las familias de aquellos comunicadores ‘abatidos’ y la seguridad de las familias que buscaban justicia.
A él también lo atacaron, en un primer momento se dijo que fueron los maestros, mientras cubría un desalojo violento a aquellos docentes, sin embargo se dio a conocer que fueron las fuerzas de seguridad del estado quienes los agredieron y obligaron a eliminar las imágenes de sus equipos digitales.
“No temía por su vida, temía que le fuera a suceder algo y dejar de mostrar a México o una gran parte de éste, la tragedia en la que hoy todos están sumergidos”, asegura la periodista. Así el 9 de junio de 2015 se autoexilió, regresó a su ciudad natal.
Hoy el proceso judicial de las investigaciones para esclarecer su homicidio está recubierto de irregularidades:
Se restó e incluso anuló la posibilidad que su asesinato estuviera relacionado con su trabajo como fotorreportero; se hizo caso omiso a las pruebas que indicaban que denunció las amenazas en su contra por parte del gobierno de Javier Duarte; se dio más relevancia a la hipótesis que se trató de un asalto; después de ello se dio paso a intentar hacer creer a la sociedad que su departamento era una ‘casa de citas’ y se manejó el tema de la prostitución y el narcomenudeo; así es como se criminalizó a las víctimas en función de su nacionalidad, su sexo, su oficio y de sus costumbres, incluso se llegó a manejar nexos con el narcotráfico de Colombia; y dentro de las investigaciones se dio paso a datos falsos.
“Se detuvo a alguien por el homicidio de Rubén, también en otros casos de periodistas ha sucedido, pero eso no ha cambiado nada, porque no ha habido ni justicia, ni cese de muertes y amenazas, el posible culpable no es precisamente algo que dé seguridad a la sociedad y a la familia que claman resultados, toda la investigación sigue dirigiéndose hacia los errores continuos y el desapego a un profundo y exhaustivo análisis de pruebas y recabado de otras…
Por su parte Peña Nieto ha demostrado que sus calcetines valen más que su pueblo, que la familia del periodista y que las condolencias por su homicidio, los seres queridos de Rubén escribieron una carta al Enrique, de la cual segura estoy que ni se enteró, porque no quiso, porque no le importa, porque en estos momentos prefiere aclarar que no es estúpido, que la trágica muerte de un ser humano, que representa una muestra más de su absoluta impunidad, en la que él es líder…
Hoy la invención de delitos que manchen su integridad es un recurso barato que no funciona ante un gremio cansado de vivir pensando que esa puede ser la última vez que duermas en tu cama. Todos los casos de periodistas muertos en México quedan impunes, porque aunque cuando se encuentran a los culpables, estos han sido chivos expiatorios, pero el caso de Rubén es más aterrador, porque da cuenta de un gobierno cuyos tentáculos llegan más allá de sus fronteras, cuyo odio por la prensa honesta, desafía cualquier rincón, todo esto cobijado por gobiernos corruptos y cómplices como el del jefe de gobierno, que pretende acallar la indignación con discursos baratos, apelando al olvido”, afirma Lusine.
Por su parte el periodista Federico Mastrogiovanni, asegura a Revolución TRESPUNTOCERO, “el afirmar que Duarte es un culpable directo, es un discurso de lenguaje, lo que sí se puede decir es que no está defendiendo oportunamente a los periodistas, eso sí es una verdad, si lo estuviera haciendo estaría impulsando un sistema de justicia para que se investiguen a fondo los casos de asesinatos, amenazas y otro tipo de hostigamiento a periodistas, así de esa forma es posible que estuviera limitando o incluso cancelando ese tipo de delitos, pero eso no está pasando.
Actualmente hay testimonios de amenazas directas, muchos periodistas aseguran haber estado recibiendo, este es un asunto más, la desatención de estas denuncias, entonces se le suma el hecho que no hay defensa adecuada en Veracruz, eso es peor. Esa entidad vive en un contexto donde cualquier cosa pasa, porque deberían ser millones y no miles quienes salgan a las calles a exigir justicia, parece que en un tiempo lo olvidarán y no habrá pasado nada, cómo voy a recordar algo si sigue pasando sin consecuencias”.
Rubén Espinosa aseguraba que para él había dos tipos de periodistas: “Los que se venden y charolean con el gobierno y los que retratan la realidad, aunque tengan que sufrir consecuencias”.




