Por: Karla Hernández
@karla3_0
Es muy común que una mujer que camina por la calle haya recibido algún piropo. Es muy común que una mujer se sienta incómoda o le desagrade esta situación. Es muy común que una mujer no reaccione más que callando y siga su camino.
En diversas partes del mundo los piropos lejos de halagar a las mujeres, éstas han expresado de manera constante que se sienten incómodas. Incluso, se ha llegado a enfatizar que a ninguna le es grato los silbidos y frases como “mamita”, “mamacita” sino que les produce un momento de furia interna hacia el sexo opuesto.
¿Por qué algunos hombres se sienten con el derecho de silbarles o decirles a las mujeres lo que ellos consideran piropos?
¿Por qué las mujeres no reaccionan como quisieran frente a lo que viven como algo desagradable?
Después de que el documental “Femme de la rue” se estrenara en 2012, ha provocado que se piense con más seriedad esta situación e incluso que en algunos países se considere la posibilidad de multar a quienes cometen estos actos pues, provocan, entre otras cosas, que muchas mujeres cambien su manera de vestir o sus hábitos diarios al salir a las calles.
En Bruselas, desde entonces, el ayuntamiento comenzó a aplicar multas entre 75 y 250 euros según “la gravedad del improperio”.
En Perú, mediante la II Encuesta de Victimización 2012 se señaló que un gran porcentaje de mujeres se sienten inseguras en las calles.
En México, se ha considerado como acoso público, los piropos; un problema de educación y falta de respeto que dañan la seguridad, los sentimientos, dignidad y la forma de sentir de cada mujer. Particularmente, en el estado de San Luis Potosí desde el 2011 se ha propuesto hasta 72 horas y multas por más de cinco mil pesos a quienes agredan a las mujeres con este tipo de agresiones.
Por lo anterior, es importante cambiar de actitudes y generar una nueva construcción de la masculinidad ya que ésta se lleva a cabo desde el lenguaje que escuchamos en casa, en la escuela, en las calles.


