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Regina: la vida nueva de un alma vieja

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Por Carolina Romero De Nova

(15 de enero, 2015).- La calle de Regina es una de la calles de más creciente y reciente fama del Centro Histórico de la Ciudad de México. Tarde a tarde, sobre todo en fin de semana, comienzan a llenarse poco a poco las mesas instaladas fuera de los locales que ofrecen desde platillos gourmet, hasta comida corrida. Regina no es como otras calles. Su particularidad radica en la mezcla de lo nuevo; los bares, cafés, galerías, museos, con las vecindades donde siguen viviendo sus habitantes de siempre.

Magos, cantantes, músicos, bailarines, improvisadores, artesanos visitan las mesas de los comensales ofreciendo lo que mejor saben hacer. Es un lugar sin pretensiones. Puedes leer tranquilamente en algún café, degustar unos ricos tacos o comer en restaurantes de alto nivel gastronómico, visitar el museo de la Memoria Indómita, el jardín vertical cerca de la “Plaza chiquita”, asistir a algún curso que ofrece Casa Vecina o simplemente pasear a pie o en bici. En Regina siempre hay algo nuevo que hacer y conocer pero también hay cosas antiquísimas que pocas veces se ven y se saben; la zona donde la ahora reconocida calle peatonal ve desfilar miles de personas diariamente, data desde la época prehispánica. El lugar pertenecía a uno de los cuatro barrios de la antigua Tenochtitlán , llamado Moyotlán. Era el límite suroeste de la antigua ciudad. Más tarde, en la época colonial, la zona perteneció a lo entonces bautizado como Barrio de San Juan. En  1578  la orden de las monjas concepcionistas edificaron el templo a la Reina del Cielo (Regina Coeli) en la esquina con Bolívar y la ahora calle que recibe del templo su nombre. Debido a que los conventos rentaban sus espacios convirtiéndolos en vecindades, el carácter de la calle era sobre todo religioso y habitacional. Por cierto,  la  primera secundaria federal instaurada en México, se localiza en lo que en tiempos lejanos fue del Convento de los Camilos, ahora Regina 111.

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                 <Plano de Juan Gómez de Trasmonte, 1628.El templo de Regina Coeli se puede observar en el centro>

 Entender el contexto actual de Regina es entender, aunque de modo somero, el pasado reciente del Centro Histórico. A principios del siglo XX, la vida de la ciudad estaba sobre todo concentrada en el centro. La Universidad Nacional, los bancos, las oficinas de administración pública, el comercio y más. Sin embargo, en 1911 las personas comenzaron a mudarse a  otras zonas de la ciudad entonces nuevas, como la Guerrero, Santa María la Ribera, San Rafael, entre otras. Con el  terremoto del 85 se derrumbaron varios edificios y la zona céntrica se vio fuertemente afectada. Todo esto influyó para que el centro histórico, a pesar de nunca perder su importancia y valor, sufriera cierto abandono y deterioro.

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<Templo de Regina Coeli>

Ahora bien,  en 1987 la UNESCO declara al Centro Histórico, Patrimonio Cultural de la Humanidad junto con Xochimilco. Esto obliga de algún modo a regresar la mirada a este espacio de más de 700 años de historia y sanearlo de los daños sufridos. Es, sin embargo, hasta el 2001 que comienza el plan de revitalización del Centro Histórico. En este año se constituye el Consejo Consultivo del Centro Histórico conformado por miembros del gobierno federal y local, la academia, el sector privado y la sociedad civil, un total de 130 personas. Parte de los objetivos era la rehabilitación de inmuebles y la regeneración de espacios públicos, así como hacerlo un lugar habitable y con posibilidades reales de esparcimiento y apreciación cultural. Es importante saber que Carlos Slim fue elegido para presidir el  Consejo Consultivo y que la Fundación Centro Histórico de la cual es dueño, fue y es parte fundamental de la transformación no sólo de Regina, sino de las obras de recuperación de todo el centro. La iniciativa privada juega un papel importante en este proceso y es algo que no hay que perder de vista. De acuerdo con datos de Fideicomiso del Centro Histórico, la inversión para el Corredor Cultural de Regina fue  de 54.6 millones pesos. Comprende desde  las calles 20 de Noviembre y Aldaco

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 <Museo de la memoria Indómita, Regina 66>

Ahora bien, aunque los resultados que han generado estas reformas parecen favorecer a todos y las intenciones detrás de la “recuperación” de zonas específicas como la calle de Regina parezcan ser las mejores, no hay que perder de vista  un aspecto realmente importante y quizá menos visible: la gentrificación que ocurre en fenómenos como este. La llegada de nuevos habitantes de posición económica más elevada y los nuevos comercios, puede ocasionar un desplazamiento y exclusión del espíritu barrial del lugar, así como de sus habitantes originales. Hacer de la vida y las experiencias que se dan en el ahora llamado Corredor Cultural Regina un lugar de élite y esnobismo  sería muy poco afortunado. Hacer exclusivo y excluyente el acceso a las manifestaciones artísticas y culturales es algo que no debemos permitir. También es fundamental recordar la función que se planeó al ser un corredor cultural. No todo en Regina y sus alrededores son bares y mezcalerías.

Los espacios públicos se forman y transforman por sus habitantes, visitantes y transeúntes. Esos somos nosotros y en nosotros está el hacerlo nuestro, vivirlo e inventarlo todos los días. De nosotros es la ciudad y sus calles, de nosotros depende el futuro de la vida del Centro Histórico. Hay que apropiarlo, salir, caminarlo, disfrutarlo y preservarlo.

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<Jardin vertical Regina>

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