Zona Franca / @zonafrancamx
(22 de mayo, 2014).- “T” es una joven de 13 años que fue abusada sexualmente por su profesor, Antonio Jesús Aguirre Zúñiga, luego de soportar el acoso, la intimidación y las amenazas.
Fue durante el ciclo escolar pasado que T, cuyo nombre ha sido protegido por motivos de seguridad, tuvo que soportar desde miradas cargadas de lascivia, hasta insinuaciones con las que Aguirre Zúñiga le hacía saber que se sentía atraído por su cuerpo.
No pasó mucho tiempo para que el profesor se decidiera a saciar su apetito carnal y raptara a la menor para violarla en un motel de la ciudad de Silao.
La madre de T contó la experiencia de su hija a Verónica Espinosa, corresponsal del semanario Proceso en Guanajuato.
En su relato, la madre deja ver que T no únicamente fue violentada por su profesor, sino que también fue víctima de las autoridades de la Secundaria General número 8 y la Secretaría de Educación de Guanajuato (SEG).
Además de que se convirtió en una más de las víctimas del personal de la Procuraduría General de Justicia de Guanajuato.
Ésta es la historia que la madre de T narró a Verónica Espinosa:
Fue en el ciclo escolar 2012-2013 cuando comenzó el acoso que terminaría en una violación.
En las oficinas del Centro de Derechos Humanos “Victoria Díez”, la madre de T, de 13 años de edad, narró a Apro las circunstancias que la llevaron a denunciar penalmente al profesor Antonio Jesús Aguirre Zúñiga en noviembre del año pasado, a cambiar a su hija de la Secundaria General Insurgentes número 8 de la colonia Las Trojes; a pedir el apoyo de esta asociación y a reclamar la complicidad del personal de la escuela, las omisiones del Ministerio Público y la indiferencia de la Secretaría de Educación de Guanajuato.
“Me atrae mucho tu cuerpo”, le dijo el profesor de Español Antonio Jesús Aguirre Zúñiga a T, entonces alumna del primer grado.
Fue la primera vez que el maestro le hizo saber verbalmente lo que ya era obvio con sus miradas. Las compañeras de la adolescente de 13 años ya le habían hecho notar la forma insistente y lasciva en que la veía. “¿Cómo creen? Es el maestro”, respondía ella.
La mandaba por los libros y no dejaba de observarla, hasta que dio un paso más y le dijo sin rodeos que le gustaba.
Una compañera la animó a acudir con la directora, Laura Aranda Moreno, para contarle de la conducta del maestro hacia ella.
“No es cierto, eres una mentirosa, ¿cómo se te ocurre? El maestro es muy recto. Tienes mucha imaginación”, fue la respuesta de la directora, quien en todas sus intervenciones frente a la menor, sus padres y el resto del personal, no cambió de postura.
Laura Aranda ha sido una directora polémica, con otros conflictos tanto con alumnos como con padres de familia, que han derivado en varios escándalos por lo menos del 2010 a la fecha: uno cuando la acusaron de quedarse con las “cuotas voluntarias”; otro cuando un alumno falleció en septiembre pasado por una sobredosis y el más reciente, por la denuncia de abuso sexual en el plantel que dirige.
Cuando regresaron a clases, en el siguiente ciclo escolar que comenzó en agosto del 2013, el maestro fue todavía más insistente: “¿Sabías que estás muy bonita? No sé por qué, pero me atraes mucho”.
La alumna acudió entonces con las trabajadoras sociales de la Secundaria, a quienes dio cuenta del acoso. Una de ellas, de nombre Marina, registró el reporte y habló con la directora, “quien le pidió no intervenir y le dijo que ella se haría cargo de resolver esa situación”, cuenta la madre de la menor.
En lugar de poner fin a la situación, acusó a T de “querer llamar la atención”.
“Fue hasta entonces cuando mi hija nos contó todo. Su papá se presentó en la escuela y habló con la directora Ella se mantuvo en su dicho, que no era cierto, que el profesor era muy decente; pero a fin de cuentas ofreció hablar con el maestro y que si hubiera algo, ahí se acababa y no habría más problemas”.
Por el contrario, el asedio se convirtió en amenaza. Antonio le decomisó el teléfono celular a la alumna con el pretexto de que había sonado en clase, y después de devolvérselo, le comenzó a llamar, primero a pedirle y luego, a exigirle que lo viera a la salida de la escuela, en una pizzería cercana.
“Un día, el la obligó a subirse a su auto. Le dijo que si no, le iría muy mal. Le acarició las piernas. Ella lloraba, él le dijo que ya estaba bastante grandecita para saber lo que le podía pasar. Mi hija le insistía en que no estaba bien, que era su maestro. Entonces él le contestó: Pero también soy hombre”.
De acuerdo con este testimonio, Antonio Aguirre obligó a la menor a callar, bajo la amenaza de que les haría algo a sus papás. Específicamente, que le “echaría el auto” a su mamá cuando fuera a recoger a su hermanito al jardín de niños.
En esas semanas, la madre notó el cambio de conducta de T, quien “a veces parecía que me quería decir algo, pero luego se arrepentía. Yo le preguntaba que si le pasaba algo, y me decía que los exámenes, que las materias. Luego me empezó a pedir que fuera por ella a la escuela, que no se quería regresar sola a casa. (Pero) en ese entonces yo trabajaba”.
Fueron algunas ocasiones más en que el profesor ordenó a su alumna subir a su auto, o subió al camión urbano en el que ella se iba a su casa, siempre buscando la forma de irse junto a ella; “seguía molestándola y diciéndole que se quedara callada o ya sabía cómo nos iba a ir a todos”.
El 18 de octubre del 2013, el profesor la hizo subir nuevamente a su automóvil. Pero esta vez, la obligó a doblarse el cuello del uniforme y a ponerse encima una camisa de él. El hombre la agachó dentro del vehículo y entró a un motel ubicado en la salida a Silao, donde la violó y le tomó fotografías.
“Se burló de ella, la agarró del pelo y le volvió a decir que ya sabía que se tenía que quedar callada, y que ya le había echado el ojo a otra compañera que también le gustaba mucho”, cuenta la madre de T.
Enterada de lo sucedido, en ausencia de la directora Aranda Moreno una de sus amigas denunció la violación a otros profesores de la secundaria, a mediados de noviembre.
“Los maestros la metieron a una sala donde le dijeron que ella tenía que contar que había querido, que se fue voluntariamente con él, porque si no, le iba a ir muy mal al profesor, iba a perder su trabajo porque ella era una niña”.
Por más que les explicaba que la llevó por la fuerza y les hablaba de las amenazas –relata la madre- insistieron en hacerla redactar una carta donde afirmara que sostuvo relaciones sexuales con el profesor por su voluntad .
Al presentarse la directora, ésta cerró el círculo de complicidad. Llamó a los padres y les dio su versión de “la relación” entre T y el maestro Aguirre; les mostró el papel. La menor rechazó la historia y narró a sus padres lo que el personal de la escuela había hecho con ella tras denunciar el abuso.
Cuando la mamá de T acudió a la delegación regional de la Secretaría de Educación que encabeza Francisco Javier Zavala, a fin de abordar el caso, personal de esta oficina le indicó que es levantaría un acta administrativa. Se pidió el testimonio de la adolescente y se les aseguró que se efectuaría una investigación.
Sin embargo, unos cuantos días después, madre e hija fueron citadas en la propia secundaria, “porque iban a carear a mi hija con el maestro. Pero yo no la llevé, si ya sabía cómo la habían tratado y que le decían mentirosa, y ella estaba mal, ya no quería hablar”, señaló la mamá.
La SEG, a través de su delegación en León, indicó que el profesor había sido “inmediatamente suspendido” de su labor al frente del grupo, lo cual en realidad no sucedió, puesto que por lo menos hasta enero de este año seguía acudiendo a la escuela, como lo pudo corroborar la familia de la menor porque así se lo hicieron saber otros padres.
Y, aunque ahora dicha instancia refiere que el profesor sólo estuvo en esa secundaria entre agosto y noviembre del 2013 cubriendo un interinato, en realidad impartió clases por lo menos desde enero, pues existe un registro del pago retroactivo por parte de la SEP a Aguirre Zúñiga en el primer trimestre del 2013, correspondiente a labores en esa escuela.
La que sí salió de la Secundaria 8 casi de inmediato fue T, porque la directora Laura Aranda Moreno le dejó en claro a sus padres que ya no la quería tener ahí. Antonio Aguirre era también profesor en las secundarias generales 1 y 10
En la Procuraduría, más maltrato y omisión.
En el Ministerio Público las cosas no fueron muy diferentes.
Ese 15 de noviembre, la víctima y sus papás acudieron al Ministerio Público para presentar la denuncia. Los pasaron a la Agencia 40, a cargo de Blanca Isabel Gasca Curiel (la misma que unas cuantas semanas atrás incurrió en diversas anomalías, confirmadas por la Procuraduría Estatal de los Derechos Humanos, en el caso de Laura Patricia Vázquez, asesinada por su pareja).
Cuando se disponían a entrar con su hija para que ésta hiciera la declaración que abriría el expediente 24779/2013, los obligaron a quedarse afuera e hicieron entrar a la menor sola, “porque ya estaba bastante grande para dar su declaración y no necesitaba que estuviéramos”.
Sin embargo, sí se hizo firmar el documento donde se asentó la supuesta declaración de T a su madre, quien ni siquiera se dio cuenta de su contenido.
Después se dieron cuenta de que en el expediente, T presuntamente había confirmado que había sostenido relaciones sexuales con el profesor sin que éste hubiera ejercido alguna amenaza o de manera forzada, a pesar de que ella refirió las advertencias expresas de éste de que les haría daño a sus padres, y cómo en la escuela la conminaron a librarlo de toda responsabilidad.
A sus padres, T les informó que en el interrogatorio del Ministerio Público, le preguntaban si le atraía su maestro, si se le hacía guapo o si le gustaba su forma de vestirse o su loción.
En ese entonces, la Procuraduría de Justicia, a través de Aarón Castro, no dio detalles del caso bajo el argumento de que se trataba de un delito en contra de una menor, pero se dijo que el presunto responsable estaba plenamente identificado.
En diciembre, cuando T y su madre se encontraban en el Ministerio Público para una cita con peritos, el subprocurador Manuel Ángel Hernández las llamó a su oficina.
Prosigue la madre:
“Me dijo: quiero hablar con T porque quiero hacerle unas preguntas; que en Guanajuato había pasado un caso similar, que una niña se había enamorado de su maestro de música y nunca lo quiso denunciar. T le aclaró que ella nunca había estado enamorada del profesor. ‘Estás muy alegoncita, guárdate tu alegadera para después, porque lo vas a necesitar”, le dijo el Subprocurador.
Ella se quejó de que su hija hubiera declarado sola, sin su presencia. El Subprocurador convalidó el actuar de la agente del Ministerio Público porque la menor “ya no era una bebé como para que yo le tuviera que ayudar. Me sacaba su libro y me decía delito por delito, y que éste era estupro por lo que mi hija había declarado, aunque no pusieron lo que ella dijo, porque según él, ya estaba firmado y ya no se podía cambiar. Y nos fuimos”.
T sufrió con el trato de la psicóloga y la médico legista encargadas de elaborar los peritajes respectivos, particularmente en la revisión médica.
Su madre, que estuvo presente, recuerda:
“Nos hicieron pasar unas humillaciones. Le decían: T, tienes que cooperar; hay niñas más chiquitas que cooperan y tú por qué nos estás haciendo pasar tanto trabajo…y no le dieron terapia, hasta después nos llamaron del DIF, pero ella ya no quiso ir porque todas querían que repitiera y repitiera lo que pasó, se la pasaban preguntándole”.
Todo lo que la familia supo fue que se le iba a acusar a él de estupro y que nunca declaró.
Mientras tanto, que distintas autoridades hablaban de un respaldo, de que le brindaban ayuda psicológica a la niña, de que se le había cambiado de escuela y hasta de que tenía asesoría legal, como lo señalaron a fines del año pasado Adriana Rodríguez Vizcarra, directora del Instituto de la Mujer Guanajuatense, y la presidenta de la asociación de padres de familia, Minerva Galicia, a quien algunos medios identificaban como abogada de la víctima.
La familia apenas y se enteró, y de todo lo ofrecido, nunca vio nada.
Sin embargo, con el apoyo del Centro Victoria Díez, los padres solicitaron una orden de protección, debido a que vieron en varias ocasiones al profesor rondando a la niña.
Hace unas semanas, cuando la mamá de la víctima acudió al Ministerio Público para preguntar cómo iba el caso, le informaron que el 19 de abril lo turnaron al Juzgado II Menor; que se había librado una orden de aprehensión, pero que ni la orden de protección ni la de captura se habían podido cumplir “porque no lo encontraban”.
Al concluir su relato, la madre de T esgrime un solo reclamo:
“¿Por qué a él nunca lo hicieron presentarse y nosotras a cada rato tenemos que ir? A veces ni para los camiones tenemos. ¿Por qué no le han creído a mi hija?”.
Foto: www.ultra.com.mx


