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Reportero Octavio Rojas fue asesinado de 5 tiros; “no nos van a cargar ese muertito”, habría dicho Javier Duarte

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(19 de agosto, 2015. Revolución TRESPUNTOCERO).- Un sinnúmero de periodistas aseguran que ser reportero ‘es lo mejor’ que les puede suceder y muchos aseguran que estudiaron la carrera o eligieron ese oficio porque era su principal fin en la vida, aunque también aceptan que en los últimos años, lo anterior se ha convertido en una vaga ilusión, cubierta por una ‘terrible’ realidad: hay que jugarse la vida para poder trabajar, sentencian.

En México el oficio del periodista se ha convertido en una causa de muerte, que poco a poco se ha vuelto constante. Actualmente miedo, muerte y periodismo son elementos que se desarrollan juntos; mientras que el efecto en quien investiga y escribe es incertidumbre y encrucijadas profesionales, para el medio es la necesidad de satisfacer necesidades mercantiles, por medio de ‘exclusivas’, que, a decir por reporteros de Veracruz, son las únicas que interesan a quienes están al frente de la empresa.

En Veracruz, estado que se ha convertido en un símbolo de represión de periodistas -según diversas opiniones en el medio-, el número de reporteros caídos mientras ejercían su oficio tuvo un pronunciado aumento desde 2011. Hoy todos forman parte de la historia y forman parte de un grupo de personas que cada día se juegan, literalmente, la vida para ser quienes le den acceso a miles a información que filtre otras realidades que bien pueden explicar el porqué del daño al tejido social y el rompimiento de éste.

En aquella entidad el periodista se encuentra en zona de crisis, desprotegido por todos los frentes y maniatado, presa de su objetividad, veracidad y compromiso humanístico, porque como lo ha dicho el periodista Jon Lee Anderson, el reportero es ‘al mismo tiempo testigo de la historia y de situaciones humanitarias de primer orden’.

Teniendo en cuenta cuál es su papel en el momento de decidir qué y cómo decirlo, es humano y periodista a la vez. Aquellos que no pueden abandonar su condición humana son quienes desafían abiertamente a la muerte y a sus provocadores, porque no es la exclusiva lo que les importa de una historia, sino lo que representa, lo que provocará y lo que podría lograrse (para bien) de darse a conocer, en ese sentido, los homicidios tienen un porqué casi evidente.

Octavio Rojas Hernández vivía en Oaxaca, pero escribía para un medio de Veracruz desafiando el peligro que ello representa. En sus funerales fueron vistos funcionarios políticos, periodistas y ‘gente de pueblo’. Tenía tres oficios al mismo tiempo, pero el de escritor de realidades (en su mayoría adversas), le otorgó la muerte, que llegó este mes hace un año, por medio de balazos.

Los testigos aseguran que un hombre con señas de tener discapacidad mental estuvo rondando el frente de la casa del reportero de 35 años, poco después que fue asesinado de cinco tiros calibre 9 milímetros en el municipio oaxaqueño de Cosoloapa.

“No existe hasta la fecha un motivo convincente de por qué lo mataron, la investigación sigue abierta, pero es como si no fuera así, no hay dato alguno que dé un mínimo consuelo a la familia, porque a las autoridades poco o nada les importa la vida de un reportero, no les importa la vida de nadie que no sea la suya…

Él era reportero policiaco, contaba muchas historias de muerte, inseguridad y delincuencia. El caso fue tomado por gente de Oaxaca, porque con gran cinismo Duarte declaró que no investigaría el homicidio ‘porque no era su problema’, muchos aseguran que lo escucharon decir ‘ no nos van a cargar ese muertito’, pero no ha sido corroborado”, comenta a Revolución TRESPUNTOCERO un compañero de trabajo que prefirió mantenerse en el anonimato.

El politólogo Miguel de la Serna asegura que el medio para el cual trabajaba Octavio, El Buen Tono, al igual que Notiver, han sido constantemente agredidos con violencia extrema, recordando que en noviembre de 2011 su redacción fue incendiada.

“Lo anterior producto de su línea editorial, siempre desafiando a los poderes fácticos, al mal gobierno, fiel a su compromiso con la sociedad, alejándose del soborno y el servilismo que muchos le profesan al gobierno, porque así como hay periodistas que mueren por tener dignidad, otros (muchos) son muertos vivientes por la falta de ésta y la extrema ambición que los ha llevado a los pies de un asesino impune que hoy Veracruz tiene como gobernador”, afirma de la Serna.

El 10 de agosto de 2014 Octavio escribió una nota donde se relaciona al director de la Policía Municipal con un grupo delictivo que robaba combustible en ductos de Petróleos Mexicanos, ahí también mencionó una autoridad del Ejército que declaraba: “el delito que cometió esta persona es grave por tratarse de un servidor público, y en caso de ser detenido, no alcanzará la libertad bajo fianza”, el texto fue firmado como ‘redacción’.

“Pero dejando de lado la ingenuidad y la esperanza, sabemos que no poner nuestro nombre en una nota no garantiza seguridad alguna, porque no te descubren cuando públicas, sino cuando estás investigando, muchas veces quien te pone en bandeja de oro la información es quien te está vigilando. Desde el día que decides hablar de un tema que golpea a un político que aspira a escalar, tu muerte puede ser casi segura, porque son los más hambrientos de poder y dinero, y estando aún en la escala más baja, necesitan que nada empañe su avance, así es como matan, usando las mismas vías y mecanismos facilitados por Duarte quien además dota la impunidad”, sostiene el periodista.

El día de su entierro, el dolor de su familia era tanto que muchos tuvieron la difícil tarea de convencer a la esposa de Octavio para que dejara ir el ataúd, hubo llanto, desmayos y mucho silencio. Muchos repartidores de tortillas, oficio que también ejerció Octavio, aseguraron aquel día que “el detalle fue el periódico…”

 

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