(11 de febrero, 2014).-En vísperas de la discusión sobre las leyes secundarias de la Reforma en Telecomunicaciones, vale la pena recurrir a la memoria. Apenas hace 21 meses un grito largamente acallado recorrió las calles del país: ¡Democraticen los medios!
Con el tiempo, estas palabras dejaron de ser consigna para volverse concepto. En gran parte de la sociedad lo que era sólo una intuición -ambigua y equívoca- comenzó a tomar forma y adquirir la consistencia de una demanda.
Casi dos años después, exigir el fin de los monopolios en materia de telecomunicaciones, demandar mayor calidad en los contenidos televisivos y radiofónicos, hablar de derecho de réplica o derechos de las audiencias y defender la necesidad de diversificar el espectro radioeléctrico a sectores no empresariales, parece formar parte de un discurso coherente interiorizado por sectores cada vez más amplios de nuestra sociedad.
La cristalización de esas demandas, sin embargo, no sólo no se ha concretado, sino que, tal como refieren especialistas en la materia, el virtual proyecto de leyes secundarias a discutirse en las próximas semanas podría borrar los escasos avances que la Reforma en Telecomunicaciones contenía.
De ocurrir así, la precaria situación que nuestra incipiente democracia ha vivido en los últimos 14 años parece destinada a perpetuarse. Y es que, sin lugar a dudas, el mantenimiento de un sistema de medios de comunicación como el que impera en México obstaculiza la formación de una opinión pública crítica y participativa, sin la cual ninguna democracia puede sostenerse.
En ese contexto, la proliferación de espacios informativos, proyectos periodísticos, iniciativas de producción cultural y creación artística alternativas y antihegemónicas resulta fundamental para contrarrestar la tendencia que, tanto los medios de comunicación convencionales como las industrias culturales dominantes, han propiciado en los últimos años.
La disuación de la participación pública, el fomento de la apatía y el desinterés político, así como el reforzamientos de estereotipos nocivos, son las caras más visibles de esta tendencia; son, por tanto, las cabezas de hidra que los proyectos de comunicación más democráticos deben enfrentar.
A un año de su aparición #RevistaHashtag continúa este esfuerzo colectivo, un esfuerzo en el que convergen medios de comunicación alternativos, organizaciones civiles, colectivos artísticos y múltiples e insospechdas formas de organización que poco a poco surgen en todo el país.


