(11 de febrero, 2015).- Carlos Alvarado, sacerdote y vocero de la Diócesis de Aguascalientes, fue multado y detenido por no haber pasado la prueba del alcoholímetro.
En su defensa el clérigo espetó que provenía de llevar a cabo tres misas y que la razón de su aliento alcohólico era el vino de consagrar.
A su vez en su defensa (o quizá no) el obispo de dicha diócesis, José María de la Torre Martín, indicó que los sacerdotes “también son humanos” y que en ocasiones pueden beber una cerveza o “un caballito o dos”.
De cualquier manera, siendo humanos o no, hay leyes que se supone rigen sobre todos los de dicha especie. Ojalá no lo haya dicho por excusa debido a su condición de “hombre santo”.


