Natalia Antezana Bosques / @Natalia3_0
(30 de julio, 2013).- Un listón rojo separaba a las fotografías de las 50 personas que escuchaban atentas las palabras de inauguración de la exposición denominada “SOLIDARIDAD EN TIEMPOS DIFÍCILES… no fui yo, fue México” que intenta rescatar y traer a la memoria la tradición de política exterior mexicana en la cual el refugio era pilar de sus principios.

El retrato de aquel cónsul, que refleja entereza y paz, posa en la entrada de la sala Digna Ochoa de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, donde se muestra la labor de asilo que realizó el diplomático mexicano, en conjunto con otros colegas suyos, en el marco de la segunda guerra mundial.
“Hice, como cónsul general, la política de mi gobierno y de mi país, la política revolucionaria de Lázaro Cárdenas; me impuse el deber de traducir en acción congruente y leal la magnífica actitud de México ante las agresiones totalitarias contra la doctrina democrática y libertaria de mi país y del mundo […] Hice la política […] de ayuda, de apoyo material y moral a los heroicos defensores de la República Española, a los esforzados paladines de la lucha contra Hitler y contra Mussolini y contra Franco y contra Petain y Laval”.
Cuando se refiere a una exposición sobre el asilo en la segunda guerra mundial, lo primero que viene a la mente es la muerte y la desesperanza. No obstante, la exposición fotográfica que permanecerá una semana en la Comisión muestra y demuestra un escenario diferente a lo esperado: alegría, esperanza y sueños por cumplir.
Una foto en blanco y negro, con siete hombres que dan la espalda a la cámara que los retrató en aquel momento; miran todos juntos un letrero que se impone ante un muro de dos metros, un letrero que, como cuentan muchos testimonios, era la esperanza de vida de aquellos perseguidos: “Residence des EE. UU. Do Mexique” era el mensaje que se postraba sobre un fondo verde, blanco y rojo, que significaba la bandera mexicana en Marsella, sur de Francia.
“Y trasponen los señoriales hierros de la amplia puerta, estos huérfanos de Levante, obreros de Cataluña, mineros de Asturias, gañanes de Extremadura y Campesinos de Castilla, alegres y tranquilos porque saben que allí campean sobre ellos la fraternidad de un pueblo y la generosidad de un Gobierno que los ampara…”, dice el pie de foto de aquel retrato, con tinta negra y escrito a máquina, que fue plasmado por los mismos refugiados españoles que luego desembarcaron en México.
En noviembre de 1940 los castillos de Reynarde y Montgrand fueron arrendados por el cónsul mexicano en Francia, Gilberto Bosques. La intención era tener un lugar para dar alojamiento a los españoles que llegaban en busca de ayuda. El consulado mexicano ya se hacía cargo de la alimentación y refugio de aproximadamente 3 mil españoles desde un par de meses. Esto era posible gracias a acuerdos que se tenían con algunas posadas y restaurantes locales.
En el castillo de Montgrand, que estaba destinado a niños y mujeres, se impartían talleres de confección y reparación de ropa, planchado, lavado, cocina, entre otros. También se contaba con una sección pedagógica con escuela para niños y adultos. En el castillo de la Reynarde, que albergaba a los hombres, se instalaron talleres como carpintería y fotografía.
“Gilberto Bosques fue un hombre de Estado y el precio que algunas veces tienen que pagar los hombres de Estado es que los invisibilicemos por la cantidad de influencia. La gran cantidad de espacios donde tienen impacto a veces hacen que se pierda de vista el valor de las personas, por eso es importante que recuperemos el nombre de Gilberto Bosques”, dijo Luis González Placencia, presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal y a su vez explicó que el cónsul mexicano había documentado a más de 40 mil personas.
Después de la ocupación de Francia en noviembre de 1942, cuando México rompe relaciones con el gobierno de Vichy, el cónsul estaba encargado de la legación mexicana; “nos preparamos para afrontar aquellas condiciones. Se tuvo que quemar el archivo de la legación”, explica en sus memorias. La sede mexicana fue asaltada por los alemanes, y Bosques, su familia y los miembros de la legación diplomática fueron apresados.
“Se conoce muy poco y es realmente un personaje universal que se comprometió íntegramente con los derechos humanos y la dignidad de las personas”, explica José Luis Gutiérrez, director general de Educación por los Derechos Humanos de la CDHDF. Es por esa razón que el patio central de la Comisión lleva el nombre de Gilberto Bosques y cualquier oportunidad que se tiene para difundir su obra es aprovechada con gran algarabía, explica José Luis.
La exposición se desarrolla en el marco del 20 aniversario de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, en la cual se llevarán a cabo diferentes actividades culturales y educativas a lo largo de dos meses.










