Estela Garrido / @StelaGarrido3_0
Lo que podría haber sido una revista, un portal de internet para “levantar la voz”, denunciar conflictos sociales, visibilizar los temas que se barren por debajo de la alfombra y albergar a escritores nacionales y extranjeros que abordan temas espinosos terminó llamándose Sur Plus.
Una editorial oaxaqueña independiente, que bien pudo ser cualquier cosa -según Pablo Rojas, uno de los editores asociados que la conforman-, pero escogió editar libros que barren la indiferencia colectiva y se abren paso en un mercado difícil y cerrado.
Un día de 2007, el pintor y novelista inglés John Berger se reunió con Pablo Rojas, entonces editor de revistas y periódicos, para conversar sobre la sociedad, la política, la literatura y otras cuestiones “superficiales” de la vida en Chiapas.
El resultado de esa conversación y la decisión de hacer realidad lo que se discutía derivó en planes para publicar Un séptimo hombre, un ensayo que recogería esas pláticas y vería la luz hasta 2011. Sin embargo, a partir de ese momento la idea de abrir una editorial ya carcomía la mente de Rojas.
A partir de ese peculiar encuentro entre dos inquietos escritores y periodistas, surgió en 2009 la idea de Sur Plus en Oaxaca. Un equipo de editores, conformado por Regina Lira, Gabriela Jáuregui, Saúl Hernández y Gabriel Elías, entre otros, se ponía como primer reto ser una editorial que tuviera más escritores que editores.
Luego, a través de la confianza y la buena voluntad de amigos y no amigos literatos, la pequeña Sur Plus fue moldeando el proyecto editorial de publicar libros inquietos, políticamente incorrectos, rebeldes y que cuestionan el entorno sin mesura.
“Al principio éramos una editorial que tenía más editores que escritores, más editores que lectores, más editores que libros…”, recuerda Pablo Rojas, quien reunió a un grupo estable de correctores y diseñadores conformado por Patricia Salinas, Alejandro Reyes, Gabriela Díaz y Amandine Semat.
“Suscribimos los libros, no los publicamos por publicar y no publicamos cosas en las que no estamos esencialmente de acuerdo. Podemos no estar de acuerdo totalmente y tener peleas con los autores, desacuerdos y polémicas; pero en principio estamos esencialmente de acuerdo con lo que están diciendo”, explica Pablo.
Las historias que editan, publican y distribuyen son de “migrantes que no importan”, que a diario cruzan México en el lomo de la “bestia” y mueren en el camino antes de siquiera vislumbrar la prosperidad. De movimientos sociales que se diluyen en la “simulación y la paranoia”. De relatos que surgen de la sangre y la violencia de “un país herido”.
Historias y relatos diversos que se conjuntan en la realidad apabullante de un país que se niega a voltear la mirada a la crudeza. Los artesanos que entretejen estos hilos multitexturas son mentes ávidas que escrudiñan historias, con miradas distintas.
“Es una multiplicidad de visiones, porque en realidad somos una editorial chica pero con muchos editores, claramente de izquierda. La izquierda en la que creemos no es la izquierda partidista, en ningún momento”, comenta Rojas.
Echar a andar una editorial es como aprender a andar en bicicleta. Subirte, tomar el manubrio con fuerza, levantar la vista y empezar a pedalear resulta emocionante. Luego viene el primer tope, el desequilibrio y la caída. Volver a levantarse y seguir pedaleando.
“Nos enfrentamos a todos los obstáculos, a todos a los que no podíamos enfrentar nos enfrentamos. No sabíamos diagramar, cómo se vendía o cómo se distribuía un libro y en cierta manera seguimos sin saberlo en muchos sentidos”, confiesa.
En el camino que decidieron tomar, la editorial se encontró con rocas, paredes, topes y baches. Sin tener la experiencia de controlar el manubrio, medir la velocidad y el ímpetu o siquiera saber cuándo presionar los frenos.
“Tú dices que está posicionada (la editorial) y nos gusta oírlo, pero a veces en las librerías nos va fatal, hemos tenido presentaciones buenas y otras deplorables, algunas a las que llegan tres personas. Hubo una muy cómica en Guadalajara, no llegaron ni los autores y había cinco personas en un auditorio para 300”.
Limpiar los raspones, volver a tomar confianza y subirse por quinta, décima, novena vez a la bicicleta requiere valor.
¿Cómo continuar en la lucha?, ¿desdeñar los obstáculos y las trabas y saltarlos?, ¿continuar a pesar de las pérdidas y los fracasos?
Rojas lo dice fácil. Casi sin darle importancia, como un niño que sigue entusiasmado con la patineta que ya no es nueva y le ha costado uno que otro raspón.
“Sólo queremos consolidarnos, ser autosustentables y que el sello sea reconocido, respetado en un sentido editorial. Pero no nos interesa crecer mucho, no queremos ser una gran editorial con cien títulos al año, nosotros queremos que salgan diez títulos anuales de aquí a mucho tiempo, pero que esos diez títulos sean queridos, y trabajamos por ello”.
Desde 2009 han publicado poesía, narrativa, ensayo y crónica, con autores del calibre de Óscar Martínez, Los migrantes que no importan o John Berger y Jean Mohr, Un séptimo hombre o John Gibler, 20 poemas para ser leídos en una balacera.
Además, tienen presencia en prácticamente todas las librerías del país, y en el Salón del Libro en París, Francia y presentaciones en Tijuana, Guadalajara, Oaxaca o Ciudad de México.
Sur+ forma parte de las “Siete Magnificas”, las siete editoriales independientes más reconocidas en México.
“Queremos seguir siendo eso, una editorial chica, pero que el sello crezca”.









