(13 de septiembre, 2014).- El fenómeno mundial de la migración cuenta especialmente con el lamentable caso de Tailandia, donde el gobierno local detiene cada año a miles de menores y los encierra en centros de detención con condiciones de vida lastimosas, a donde son llevados por su difícil situación migratoria o la de sus familiares, mientras algunos están a la espera de que les concedan el asilo político.
Por medio del informe “‘Dos años sin luna’: La detención migratoria de menores en Tailandia”, la organización internacional Human Rights Watch (HRW) denunció las violaciones a los derechos humanos que acontecen en el país asiático con niños principalmente originarios de Birmania, Pakistán, Sri Lanka, Somalia y Siria, a quienes perjudican emocional y físicamente, poniendo en riesgo su desarrollo.
Alice Farmer, investigadora de la División de Derechos del Niño de HRW y responsable del informe denunció que los infantes detenidos sufren innecesariamente al estar encerrados en prisiones sucias en condiciones de hacinamiento, con mala alimentación y sin educación.
El informe de HRW recabó testimonios de 41 niños migrantes y 64 adultos en la misma situación que fueron arrestados o tuvieron algún incidente relacionado con los agentes de migración, además de entrevistar a miembros de organizaciones no gubernamentales a nivel internacional, abogados, así como a representantes de comunidades migrantes.
En Tailandia, no sólo los derechos de los niños son violados flagrantemente sino también los de los adultos que los acompañan por medio de las detenciones arbitrarias, penadas por el derecho internacional al no contar con recursos de revisión legal. Normalmente, la falta de mecanismos para buscar su libertad agrava más los casos particulares.
De acuerdo a la Organización Internacional para las Migraciones, en Tailandia existen cerca de 375 mil menores migrantes, cifra que incluye a los niños refugiados y los que buscan asilo, y a los hijos de migrantes provenientes de países cercanos que trabajan en el país, como los birmanos que huyen de los ataques militares a grupos étnicos.
Uno de los aspectos más preocupantes para HRW, son las condiciones deplorables al interior de los centros migrantes de detención, donde la mala alimentación y el reducido espacio, ponen en riesgo la salud de los niños. De acuerdo a los padres consultados, algunos de ellos debieron pagar grandes cantidades de dinero para recibir alimentos adicionales metidos de contrabando.
A la par de los daños físicos, el encierro migratorio es también perjudicial en el aspecto mental, tal como detalla HRW en el informe, ya que la pésima nutrición, así como al ejercicio y juego deriva en problemas de depresión y ansiedad. Al mantener esta situación, el gobierno tailandés viola derechos básicos nombrados en la Convención sobre los Derechos de los niños.
Para HRW, si bien Tailandia posee el derecho de controlar sus accesos fronterizos, como parte de los retos que enfrenta en materia de migración por su ubicación geográfica y su actual desarrollo socioeconómico, no debería hacerlo quebrantando los derechos humanos básicos de acuerdo a la norma internacional, como lo son el derecho a la libertad que violentan con sus detenciones arbitrarias.


