Israel ya no es esa nación imposible de vencer.
Ha quedado claro que el ejército israelí no contaba con una respuesta de misiles tan agresiva como la que recibió durante 12 días por parte de Irán. Pasaron apenas 5 días de agresiones con misiles entre ambos para que Israel rogara por apoyo estadounidense. La mítica “cúpula de hierro” no solo fue ineficiente, sino que quedó claro que los escudos antimisiles fallaron y algunos que debían defender a los israelíes terminaron impactando por error entre casas de Tel Aviv. Difícilmente el mundo árabe verá como impenetrable el acceso a los territorios israelíes. El Israel invencible de los 90’s ha quedado claramente cancelado e Irán, sin mover aviones de combate, dejó claro que la “gran defensa” que Estados Unidos e Israel construyeron en los cielos de la Palestina ocupada no puede contra los misiles hipersónicos (la nueva gran arma para definir las guerras del presente y con la que no cuenta ni Estados Unidos).
El Sur Global empieza a unirse militarmente contra Estados Unidos y sus intereses.
Pakistán no titubeó en ofrecer apoyo nuclear a Irán ante la avanzada agresiva de Benjamin Netanyahu y el temeroso Ben Gvir. Si bien los BRICS+ nos dejaban ver que había otras formas de organización económica además del modelo neoliberal de Occidente, la ayuda que Pakistán prometió a Irán, sumando la venta de aviones de combate chinos a Irán y la promesa de defensa entre Rusia y Corea del Norte dejan ver un nuevo mapa de alianzas militares en ascenso. La OTAN, al mismo tiempo, se ridiculiza a sí misma llamando “papi” a Donald Trump, una escena tan patética que no será olvidada nunca. Con un Estados Unidos e Israel más agresivos y detonando cualquier negociación diplomática a bombazos, parece que el Sur Global pasará de ser una simple su suma de voluntades y será también una alianza armada en un mediano plazo.
La sociedad no está creyendo a los medios internacionales pro Israel.
Se sabe que los grandes mass media de Occidente están alineados en sus narrativas a los intereses de Estados Unidos e Israel (priorizando a los segundos sobre los primeros). Pero sus constantes primeras planas, últimas horas y demás alertas sobre cómo se está vulnerando al pueblo israelí ya no logran el efecto deseado. Un ejemplo claro son las marchas civiles pacíficas y masivas en varias capitales del planeta, incluso en sitios donde protestar contra el genocidio es ridículamente considerado un delito antisemita. Mientras atravesamos el primer genocidio en alta definición a través de las redes sociales, la respuesta mundial ha sido contraria a lo que Israel imaginaba: los ciudadanos del mundo se están posicionando masivamente a favor de Gaza, Cisjornadia y toda la Palestina entera (incluso hay apoyos civiles extranjeros a la lucha que Yemen hace para parar a Israel). Cada vez más reclamos aparecen en prensa, medios, cámaras, concierto y conferencias sobre la brutalidad de Israel contra el desarmado pueblo gazatí. En cuanto arrancó la guerra de los 12 días, los iraníes se lanzaron a apoyar a su propio gobierno teocrático, contrario a lo imaginado por Israel, quienes buscaban enfurecer al pueblo de Irán contra el Ayatolá Jamenei. Además, el mundo empezaba digitalmente a apoyar a Irán, algo que no podía permitirse de nuevo la prensa internacional ni sus mandamases de traje y corbata.
Se impone la ley del misil hipersónico. A partir de ahora, los ejércitos del planeta pueden dividirse en dos: los que cuentan con misiles hipersónicos y los débiles. No es necesario poseer armas atómicas para que una nación imponga su voluntad si tiene en sus almacenes una cantidad suficiente de misiles que rompen la velocidad del sonido, es decir, son imparables por la “cúpula de hierro”. La lluvia de misiles iraníes sobre Tel Aviv y otras ciudades de Israel quedó registrada en altísima definición por los propios ciudadanos israelíes que no podían entender cómo la gran cúpula que los hacía inmunes quedaba obsoleta ante tecnología militar nunca antes vista en la zona. Ahora mismo, los ejércitos de Europa, Estados Unidos e Israel no poseen un solo misil hipersónico exitoso, capaz de competirle al Fattah-1 iraní y mucho menos al Oreshnik ruso. Hasta ahora, todas las naciones que poseen misiles hipersónicos son, curiosamente, los principales adversarios extranjeros de Estados Unidos: Yemen, Irán, Rusia, China y Corea del Norte. Algo había que hacer para detener el imperialismo militar estadounidense.
Estados Unidos ya no puede financiar guerras como antes.
Pasaron apenas doce días de ataques con misiles a Israel y Estados Unidos entró en una crisis en sus sistemas de defensa. Solo 12 días fueron necesarios para agotar una quinta parte del arsenal antimisiles de Estados Unidos. Se estima que Estados Unidos utilizó entre el 15% y el 20% de su inventario global de interceptores THAAD en apenas 11 o 12 días de confrontación. El costo de estos interceptores lanzados contra los proyectiles iraníes superó los 800 millones de dólares, con cada interceptor valorado entre 12 y 15 millones de dólares. La capacidad de producción de estos artefactos por parte de Estados Unidos es lenta, por decir poco. Fabricantes de armas como la conocida Lockheed Martin produce unos escasos 50 a 60 interceptores de misiles por año, es decir, no podrían suministrar una defensa segura si la guerra entre Israel e Irán sobrepasa los 6 meses.
En resumen, el mundo armado ya no es el mismo.
Rusia es considerado el ejército más avanzado del mundo, según fuentes estadounidenses de defensa, y parece que países que considerábamos diminutos en términos bélicos se están imponiendo rápidamente ante una dupla Israel-EU que ya no goza de certificaciones para ser llamados los “invencibles”. Bienvenidos a las nuevas y trágicas guerras del siglo XXI, en donde, nuevamente, nadie gana.


