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#TodosSomosSimios ¿Se transformó la sociedad mexicana?

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Por Octavio Martínez/@Octavio_MMichel

#TodosSomosSimios fue la declaración comunal con la que hace unos días Twitter nos despertó. Nada nuevo bajo el sol –pensé– esto ya lo había demostrado muy bien Charles Darwin hace poco más de 150 años. Al reflexionarlo confirmo que no fue, ni será un descubrimiento menor. El entendernos como uno más de los animales dentro del ecosistema ha supuesto un replanteamiento de la forma en la que nos relacionamos con nuestro entorno, y también de la forma en la que nos relacionamos con nuestros pares. La teoría darwiniana trajo al imaginario humano el fundamento científico de una igualdad natural largamente pensada (y esperada). Así, la idea de que los seres humanos somos una versión evolucionada de una clase de primate nos ha obligado a relativizar la idea de que el mundo gira para nosotros[1].

A pesar de la ciencia, la estupidez humana –esa fuente infinita de desasosiego– insiste en usar la palabra “simio” como un insulto, como una forma de denigrar al otro, como un intento de perpetrar una jerarquización social fundamentada en el color de piel y los rasgos físicos. Así las cosas, un político mexicano del Bajío, al encontrarse con que la presentación de Ronaldinho Gaúcho en el club de fútbol de la ciudad de Querétaro había provocado mucho tráfico, decide publicar en su perfil de facebook:

En serio trato de ser tolerante, pero DETESTO el futbol y el fenómeno idiotizante que produce… Lo detesto aún más porque la gente estorba e inunda las avenidas para hacer que tarde dos horas para llegar a casa… y todo para ver a un SIMIO… brasileño pero simio aún. Esto ya es un circo ridículo [2].

 

Todo el párrafo es una oda a la discriminación, al clasismo, al individualismo y al racismo, pero concentrémonos en este último que fue el foco de atención en las redes sociales. Apenas se supo que Carlos Treviño se había expresado de esa forma del astro del fútbol brasileño, en Twitter se empezó a usar el hashtag #TodosSomosSimios para reprobar las expresiones racistas vertidas en el mensaje del político queretano. Futbolistas, conductores de televisión,  personajes de la farándula, activistas pro derechos humanos, periodistas, etc. se manifiestan enérgicamente contra el racismo y la discriminación. Hay indignación generalizada en las redes sociales y el tema se vuelve “top trending”.

Evidentemente la fama del futbolista insultado (quien por cierto se ríe del desafortunado comentario) juega un papel fundamental en este episodio de anti-racismo. Ante ello, me pregunto si todos los que se manifiestan contra el político queretano, se oponen de la misma forma a las muy variadas y comunes expresiones de discriminación que observamos tanto en los medios de comunicación digitales, como en la vida cotidiana: “chacha”, “naco”, “indio”, “pinche jotito” por mencionar algunas. Me pregunto si ese igualitarismo expresado en la fórmula #TodosSomosSimios supone una transformación en la mentalidad de la sociedad mexicana, o se trata tan sólo de una expresión de moda que únicamente es sincera en algunos cuantos.

Al discutir el tema con un colega y amigo, éste me señalaba que aunque se tratara de un discurso hipócrita o poco sincero –quizá provocado únicamente por la fama de Ronaldinho–, era positivo que en el discurrir social fuera mal visto expresarse de forma racista o discriminatoria. El núcleo de su argumento era que, aún si se tratara de una mera expresión de moda, el hecho de que el anti-racismo estuviera en la boca de todos podría funcionar como una contención social que, aunque artificial, bien podría traducirse en acciones institucionales para la protección de los derechos humanos. En términos generales concuerdo con su argumento en el sentido de que no siempre expresiones “éticamente genuinas” son las que provocan una mejora en las políticas públicas de defensa de los derechos humanos. También creo que tiene razón al afirmar que, simulada o no, hubo una restricción social que condenó una expresión de odio y que en eso es en lo que hay que poner atención. Con todo, me queda la duda de si los alcances de una restricción de este tipo son satisfactorias.

Es preciso recordar que el tipo de racismo que llama “simios” a las personas intentando denostarlas por su color de piel fue, en su versión más radical, el fundamento para la esclavitud en pleno s.XIX y, en su versión más “moderada”, el fundamento para la restricción de los derechos civiles de personas de origen africano en Estados Unidos en el s.XX[3]. Es decir, quien llama “simios” a las personas con afán de denigrarlas, suscribe el argumento con el que se pretendió justificar una supuesta superioridad de la raza blanca y por tanto, justificar la dominación de las personas de raza negra.

Volvamos a México. La semana antepasada se conmemoró el aniversario 204 del inicio de la lucha por la independencia mexicana, lucha que esgrimió la abolición de la esclavitud como uno de los postulados sociales fundamentales. La execrable práctica de poseer personas estaba profundamente ligada con el racismo y la lógica de castas. Expresiones como las de Carlos Treviño, o como la de la tristemente célebre #LadyChiles, hacen evidente que ni el racismo, ni las castas son ideas erradicadas del imaginario nacional. Pensar que se trata de expresiones marginales o excepcionales, sería intentar tapar el sol con un dedo.

Reflexionar seriamente el tema de la independencia a dos siglos de distancia, implica cuestionarse si hemos sido capaces de liberarnos mental y culturalmente de una jerarquización injusta fundamentada en el origen social y racial. Las imágenes de Morelos e Hidalgo –irrenunciables en nuestra historia y nuestra cotidianidad– deberían recordarnos siempre que esta nación se empezó a construir bajo un ideal anti-esclavista e igualitario.


[1] No ignoro, por supuesto, que algunas de los intentos de trasladar la teoría de Darwin a los análisis de la sociedad provocaron racismos exacerbados y teorías de jerarquías sociales profundamente perversas.

[2] Ver: http://amqueretaro.com/2014/09/ex-funcionario-queretano-llama-simio-ronaldinho-podria-haber-accion-penal/.html

[3] Por lo demás, a pesar de todas las luchas por la igualdad racial en Estados Unidos y todos los indudables logros que se han dado desde la década de los 60’s del s.XX, en meses pasados el conflicto en la ciudad de Ferguson tras el asesinato impune de un joven afroamericano por agentes (blancos) de la policía local, despertó serias dudas sobre el avance en la transformación moral de la sociedad estadounidense.

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