Por: Enrique Legorreta
Twitter: @enriquelego3_0
Uno de los empleos más pesados, por las distintas horas y actividades a realizar, es el de las trabajadoras domésticas. Estos personajes cotidianos en los hogares de la clase media baja (y las clases económicas más altas) son seriamente discriminadas, según datos de la Comisión Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED).
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) define como trabajador/a del hogar o trabajador/a doméstico/a a toda persona que realiza un trabajo doméstico en el marco de una relación laboral, sin distinción de género.
La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo destaca que, en nuestro país, cerca de 2.2 millones de personas se dedican al trabajo del hogar. De las 18.4 millones de mujeres que realizan actividades económicas, 10.8% efectuaron trabajo del hogar, lo que equivale a 1 millón 991 mil 646 mujeres. En el caso de los hombres, 189 mil 452 de ellos se emplearon como trabajadores del hogar.
Estas cifras determinan una situación de explotación y de descuido para las mujeres que, en su mayoría, se encargan de realizar esta tarea, muchas veces orilladas por la situación crítica económica a aceptar el salario y las condiciones que impone el empleador.
La discriminación y la indiferencia en la sociedad tienen su origen en la desvalorización del trabajo en el hogar. Las personas trabajadoras del hogar sufren discriminación múltiple: por su apariencia, su edad, su condición socioeconómica, su pertenencia étnica y su orientación sexual.
Datos de la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México (Enadis), revelan que tres de cada diez personas consideran que los derechos de las trabajadoras del hogar no se respetan. Las zonas metropolitanas donde más se considera que no se respetan son Puebla-Tlaxcala (45.2%) y la ciudad de México (42.2%).
Estos datos son significativos ya que, en México, las grandes urbes representan una sociedad “abierta” y “libre” de prejuicios, pero los datos dicen todo lo contrario.
Los factores principales a los que se enfrentan estas mujeres son la falta de acceso a la educación, la falta de acceso al sistema de salud -que en muchos casos es lo que más piden- y, sobre todo, el respeto de los patrones por su trabajo y su ser íntegro.
A pesar de que el 30 de Marzo se designó como el Día Nacional de la Trabajadora Doméstica, éstas aún no logran el respeto total a sus derechos, sin embargo, las leyes en materia para proteger su integridad representan un gran avance pues determinan las bases para que el Estado mexicano respete, proteja, promueva y garantice el ejercicio de toda persona que viva y transite dentro del territorio nacional, contribuyendo a su realización en el ámbito internacional al elevar a rango constitucional los tratados internacionales ratificados por México, que protegen los derechos humanos.


