La historia oficial está llena de mitos, silencios y traiciones contadas desde un solo ángulo. Pero ahora, en pleno 2025, la figura de la Malintzin —también conocida como Malinche— vuelve al centro del debate nacional.
Desde Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum llamó a repensar el papel histórico de Malintzin y a sacarla de la narrativa que durante siglos la ha pintado como la gran traidora. En el contexto del Año de la Mujer Indígena, propuso abrir una conversación nacional sobre su legado.
“Vale la pena, muchos años después de que se escribió ‘El laberinto de la soledad’ y la visión de Malintzin como la gran traidora, recuperar quién es ella, qué imagen le dio a la mujer mexicana, porque en Tlaxcala se adora a la Malintzin”, expresó la mandataria.
Una mujer entre dos mundos
Malintzin fue una mujer náhuatl entregada como esclava a Hernán Cortés, y luego convertida en su intérprete, consejera y figura clave en la caída de Tenochtitlán. Su papel ha sido interpretado durante siglos con una carga de traición, subordinación y vergüenza.
Sin embargo, nuevas miradas historiográficas —desde la academia, el arte y los feminismos— invitan a reconsiderar su papel no como traidora, sino como víctima, estratega o incluso madre fundacional de lo que hoy es México.
Sheinbaum dijo haber leído recientemente el libro Una patria con madre: La historia de la Malinche que nos libera, de Elisa Queijeiro, quien propone una relectura del mito de la traición y cuestiona las ideas planteadas por Octavio Paz en El laberinto de la soledad, donde la Malinche es símbolo del sometimiento nacional.
“Más allá de si es la madre de la patria o no, porque acompañó a Cortés, vale la pena preguntarnos qué papel jugó, si es cierto que los mexicanos venimos del trauma original. Recuperar si es la madre de la patria o la gran traidora”, dijo Sheinbaum.
Un llamado a la reflexión nacional
La presidenta también mencionó que figuras como Jesusa Rodríguez y el historiador Federico Navarrete han trabajado activamente en la revisión del papel de la Malintzin, desde una perspectiva descolonizadora que da voz a los pueblos originarios y a las mujeres indígenas.
“Lo que queremos a partir del próximo mes es hacer una reflexión sobre ello, en el año de la mujer indígena”, adelantó la mandataria. “Es muy importante para los mexicanos debatir y discutir sobre el tema. No estoy de acuerdo con muchas de las conclusiones [del libro], pero debe hacerse”, agregó.
También anunció que próximamente se presentará un programa especial dedicado al tema.
¿Y si no fue traidora?
La figura de la Malintzin ha sido utilizada por siglos para cargar sobre las mujeres el peso simbólico de la derrota. La llamada “Malinchista” se convirtió en insulto nacional. Sin embargo, investigaciones recientes sostienen que ella no traicionó nada, porque no pertenecía a los mexicas, quienes habían subyugado a su pueblo natal. Fue entregada como esclava y sobrevivió como pudo.
Desde esta mirada, la Malintzin no fue cómplice de la conquista, sino una mujer atrapada entre la violencia patriarcal indígena y la colonización española, que utilizó su inteligencia para posicionarse en un lugar de poder en un mundo que le era hostil.
Este giro en la narrativa histórica no es menor: implica replantear la identidad nacional desde una perspectiva más justa con las mujeres indígenas y romper con el relato de la traición como pecado original.
Un país que se repiensa
Con este llamado, Sheinbaum pone sobre la mesa uno de los debates más profundos de la historia mexicana: ¿cuál es el origen real de nuestra identidad? ¿Fue Malintzin una víctima, una sobreviviente, una madre simbólica o una traidora?
El tema no solo toca la historia, sino también cómo el país entiende a las mujeres, al poder y a sus raíces. En medio de un proceso de transformación política y cultural, México comienza a mirar hacia atrás no para repetir su historia, sino para entenderla desde nuevas voces.
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