(06 de abril, 2015).- A pesar de que el gobierno federal puso a toda la caballería en las calles al enviar al municipio de Iguala, Guerrero, al Ejército mexicano, la Gendarmería y a la Policía Federal, el baño de sangre continúa en la precaria comunidad que todavía exige que aparezcan con vida los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa.
El primer trimestre del año dejó saldo escarlata en la población, pues de enero a marzo se registraron 44 ejecuciones, cinco de los asesinatos perpetrados contra mujeres, el levantón de tres hombres y por lo menos 13 personas heridas por arma de fuego. Vecinos de la comunidad atribuyen dicha escalada de violencia a la disputa entre grupos del crimen organizado por el control del municipio y a la falta de coordinación entre las distintas corporaciones de seguridad de los tres niveles de gobierno.
El primer mes del año cerró los registros con siete ejecuciones y cinco personas heridas por armas de fuego.
En febrero se contabilizaron 18 ejecuciones, entre ellas las de dos mujeres; además de tres hombres que fueron lesionados, una persona levantada y la muerte de un soldado en un accidente.
Al finalizar marzo se registraron 18 ejecuciones, dos mujeres incluidas, tres hombres heridos por arma de fuego, dos levantados más por presuntos integrantes de la delincuencia organizada, además de la muerte de un elemento de la Policía Federal quien, según versiones oficiales, se suicidó.
Entre algunos de los asesinatos que más han llamado la atención, por tratarse de personas públicas, cercanas al poder, podemos mencionar el homicidio de Jacob Munibe, hijo del líder regional de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), Jesús Munibe Juárez y actual delegado de transportes en la zona norte, quien fue ultimado al tratar de escapar de unos pistoleros que pretendían secuestrarlo el pasado 30 de enero.
El 25 de febrero, el comisariado del ejido de Iguala, Emilio Rabadán Román y el excomisariado y exregidor del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Gerardo Román Chávez, fueron ejecutados al salir de sus respectivos hogares en el centro de la población.
Ese mismo día por la noche, en la Feria de la Bandera fue asesinado a balazos Luis Acosta Beltrán, exfuncionario priísta. Dicho ataque se lo adjudicó Sierra Unida Revolucionaria, a través de un mensaje en una cartulina.

