Natalia Antezana Bosques / @Natalia3_0
(28 de agosto, 2013).- “Hoy tengo un sueño […] Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad”.
En 50 años estas frases, este discurso, este sueño, ha sido la inspiración de muchos líderes, muchos políticos, muchos hombres y mujeres, que han retomado la esencia del mensaje para trasladarla a su propio contexto y parir ante multitudes esperanzas expresadas en palabras.
El 28 de agosto de 1963, frente al monumento a Abraham Lincoln en Washington, DC, Martin Luther King, ante una manifestación de 200 mil personas, pronunció un gran discurso en pro de los derechos civiles para los negros en los EE.UU.
“Estoy orgulloso de reunirme con ustedes hoy, en la que será la mayor manifestación por la libertad en la historia de nuestro país”, dijo Luther King con el brazo levantado y la voz recia.
El rostro de aquel líder y luchador social denotaba esperanza, excitación y valentía, mientras demandaba no flaquear y seguir a través de una resistencia civil pacífica.
“No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo de la copa de la amargura y el odio. Debemos conducir para siempre nuestra lucha por el camino elevado de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas donde se encuentre la fuerza física con la fuerza del alma”.
El premio nobel de la paz fue asesinado 4 años después de tan inspirador discurso, en Memphis, cuando se preparaba para liderar una manifestación. Y ahora es reconocido como uno de los mayores líderes de la historia estadunidense y la historia moderna de la no violencia.
“Hoy tengo un sueño”, pasaron de ser palabras que reivindican los derechos de los negros a un símbolo cultural de lucha y sobre todo, a una referencia obligada para los “hacedores” de discursos de aquellos que se dirigen a grandes multitudes para convencerlas y conmoverlas.
Un ejemplo claro es el famoso discurso emitido por Luis Donaldo Colosio el 6 de marzo de 1994 en el Monumento de la Revolución. “Yo veo un México con hambre y con sed de justicia” es de las frases más famosas emitidas en esa ocasión.
Ante miles de personas, Colosio dijo que veía “un México de gente agraviada, de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla. De mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales”.
Diecisiete días después, el político priista fue asesinado alrededor de las 5 de la tarde (horario del pacífico) después de bajarse del templete, tras el evento denominado “Acto por la unidad”, cuando atravesaba la explanada de la colonia popular Lomas Taurinas.
Muchos creen que su asesinato se debe al discurso pronunciado aquel 6 de marzo, el cual supuestamente significaba un rompimiento con Carlos Salinas de Gortari, el entonces presidente de México, quien sumió al país en la política neoliberal.
“Veo a ciudadanos angustiados por la falta de seguridad, ciudadanos que merecen mejores servicios y gobiernos que les cumplan. Ciudadanos que aún no tienen fincada en el futuro la derrota; son ciudadanos que tienen esperanza y que están dispuestos a sumar su esfuerzo para alcanzar el progreso”, continuaba el desarrollo del discurso, el cual retomó muchos elementos de Martin Luther King, quien luchaba por los derechos civiles de las personas negras.
Luther King señaló en esa ocasión que se había acudido a Washington para “dramatizar una condición vergonzosa” además de la necesidad imperiosa de “cobrar un cheque” que les debía su país en ese entonces.


