(26 de octubre, 2013).- “Antes, ir al cine era como llegar a casa y prender la televisión, era un hábito natural, existían funciones sorpresa, donde comprabas un boleto sin saber qué se iba a presentar”, recordó José Carlos Avellar, crítico y ensayista brasileño, durante el Encuentro de Realizadores Mexicanos 2013 en el marco del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM).
Lo anterior fue un solo ejemplo de los cambios y diferencias que, de acuerdo con él, se pueden analizar en el desarrollo del cine en Latinoamérica. Manifestó que no hay que perder de vista, como cineasta, la importancia de la creación de películas y la creación de pensamiento cinematográfico, “la actividad del cine no hacía ninguna diferencia entre el que producía una película y el que producía una reflexión sobre la actividad cinematográfica en general”.
La dialéctica del espectador de Tomás Gutiérrez Alea, La estética del hambre de Glauber Rocha, El cine imperfecto de Julio García Espinosa y El cine junto al pueblo de Jorge Sanjinés son ejemplos claros de la importancia de la relación entre la creación y la reflexión, afirmó.
Además, el crítico brasileño señaló que el cine es una actividad que no se concluye en la pantalla y que, al contrario, la imagen que se pone en la pantalla es el principio de una explosión de creación de imágenes en la cabeza del espectador. “Debemos desarrollar en el espectador la comprensión de que estamos frente a una representación, a un lenguaje que necesita que nosotros completemos”, por lo que puntualizó que los espectadores no son simplemente pasivos receptores, sino que el espectador, a través del cine, está siendo invitado a responder con su imaginación a la propuesta en la pantalla.
De acuerdo con él, en la actualidad se está acostumbrado a ver sólo un tipo de cine y que todo lo que el sistema cinematográfico de hoy intenta hacer es que no se piense y que no se analice, que el cine termine al finalizar la película, cuando los problemas tratados en pantalla a veces son muy complejos.
En sentido crítico, Avellar hizo una relación del estado actual del cine y la prensa, “la prensa ha modificado bastante su actitud, hace un tiempo la prensa tenía este papel de estimular el juicio crítico, en política, en el arte, en su vida; hoy en día la prensa es corta, rápida y da la información muy breve, lo más breve mejor y lo menos crítico parece lo más interesante”.
Expuso que las pasadas manifestaciones de Río de Janeiro son un claro ejemplo de la inmediatez del uso banal de la imagen.
Comentó que la televisión filmó las manifestaciones en Brasil como Hollywood dice que se tiene que filmar: poner la cámara desde un punto que se pueda filmar todo, tener una mirada de correlación, desde la lejanía, haciendo un esfuerzo enorme para no comentar los hechos y simplemente relatarlo.
Sin embargo, cuando la gente se dio cuenta que los medios no estaban hablando correctamente de lo que pasaba, surgió un fenómeno que aportó al cine y a las nuevas formas de construcción cinematográfica.
“La gente grababa desde sus celulares comentando lo que veía. Esas imágenes te informaban de lo que pasaba afuera del cuadro porque había una pasión en la manera de filmarse, veías el hecho y lo que el que filmaba veía y sentía a la hora de filmar. No se tenía el conjunto de la manifestación, pero se tenía el sentimiento de la manifestación. Los que filmaron en la calle no tenían ni una idea de hacer cine, ninguna información cinematográfica más elaborada. Las películas que resultan, son totalmente imperfectas, pero al mismo tiempo son una manifestación del espectador frente a la imagen”.
“Por ello, el cine debe ser una obra que salga de nuestra mirada, de nuestras realidades. El cine latinoamericano hay que comprenderlo no como un género, sino como todo un territorio cultural”, concluyó.


