El Departamento de Estado de los Estados Unidos, bajo la batuta de Marco Rubio, ha emitido una directriz tajante a su red global de embajadas y consulados: la movilización total para “contrarrestar la propaganda extranjera”.
Lo que la administración de Donald Trump presenta como una defensa de la “verdad” y los “valores democráticos”, bajo una mirada decolonial se asimila como el fortalecimiento de un aparato de hegemonía cultural diseñado para silenciar cualquier narrativa que cuestione el actuar y los intereses del gobierno estadounidense.
A finales de marzo de 2026, una filtración por parte del diario The Guardian, reveló un cable diplomático que instruye a las legaciones estadounidenses a lanzar campañas coordinadas para exponer “desinformación de potencias adversarias”, principalmente Rusia, China e Irán.
De acuerdo al documento, estas tres potencias “utilizan plataformas digitales, medios controlados por el Estado y operaciones de influencia” que “representan una amenaza directa para la seguridad nacional de EEUU y alimentan la hostilidad hacia los intereses americanos”
Propaganda “orgánica” y captación de figuras públicas en distintas regiones
La novedad no reside en la intención, pues el imperialismo siempre ha sido un proyecto de comunicación, sino en la metodología. Existen cinco objetivos generales que busca silenciar al adversario, fabricar voces ‘aliadas’ e imponer el relato oficial estadounisense.

Washington apuesta por la tercerización de su narrativa al decretar la cooptación de personas influyentes, académicos y líderes comunitarios locales en el extranjero para difundir mensajes de contrapropaganda. Con esta maniobra de guerra híbrida, el imperio intenta que su agenda geopolítica sea consumida por los pueblos de manera “orgánica”, ocultando los hilos del financiamiento extranjero.
En este sentido, no sorprende el posicionamiento de la red social X como la herramienta innovadora predilecta para la ofensiva. Bajo el mando de Musk, X ha garantizado el eco algorítmico a los voceros oficiales mientras etiqueta y censura sistemáticamente al disenso global
Además, destaca la militarización del mensaje, dado que se intruye explícitamente a los diplomáticos colaborar con las unidades de Operaciones Psicológicas (PSYOP) del Pentágono. Esta fusión borra la línea entre la diplomacia civil y la guerra psicológica militar.
Esta orden se alinea con la criminalización de ideas opuestas a la presente administración que comenzó en septiembre, cuando el presidente Trump promulgó un decreto ejecutivo que designaba a “antifa” como una “organización terrorista interna”. Pocos días depués, se emitió el memorando presidencial de seguridad nacional 7 (NSPM-7) sobre la lucha contra el terrorismo nacional y la violencia política organizada.
Ahora, la estrategia se expande a nivel mundial, con las miras puestas en el Sur Global. Si la medida de 2025 sirvió para aplastar el cuerpo de los movimientos sociales, la directriz de 2026 sirve para conquistar la mente de las poblaciones y validar la narrativa estadounidense a nivel mundial.
Persecución a opositores de los “valores americanos” crece de EEUU al mundo
El Brennan Center for Justice ya adviertía en octubre de 2025 que el decreto presidencial contra la inexistente organización Antifa apostaba por la construcción de un enemigo único, señalados como marxistas, izquierdistas, anarquistas u atifas.

Ahora, se apuesta por promover la idea a nivel global de que cualquier resistencia radical es, en realidad, propaganda extranjera financiada por potencias rivales. Así, se utiliza el aparato diplomático para proyectar que el verdadero peligro no es el auge del fascismo, que Washington utiliza como herramienta de choque, sino quienes se oponen a él.
El cinismo de dicha medida es difícil de ignorar, pues mientras Estados Unidos acusa a otras potencias de “manipular el entorno informativo”, Washington mantiene la mayor infraestructura de influencia global del planeta.
Esta instrucción no es un mecanismo de defensa, sino un arma de asedio ideológico. En un mundo que camina hacia la multipolaridad, el imperio intenta desesperadamente apagar las voces que narran su decadencia.
Para los pueblos del Sur Global, el desafío es construir trincheras de comunicación propias que resistan este nuevo ciber-garrote y defiendan el derecho a una verdad que no sea editada en Washington.


