Las reformas estructurales y los tres México(s) que el pueblo observa*

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Ivonne Acuña Murillo

*Artículo de opinión

 

(21 de agosto, 2014).- Difícil es acotar en un artículo de opinión una idea tan abstracta y a la vez tan visible como la que se aloja en la frase “los tres México(s) que el pueblo observa”. Sin embargo, de manera ensayística se puede hacer un esfuerzo para tratar de delimitar esos México(s) que viven a la vista de gente como tú y como yo.

Para lograrlo hay que partir de reconocer la existencia de al menos tres México(s); el que “dibujan” las reformas estructurales del gobierno federal, el de las clases populares y medias, y el de quienes no tienen nada.

El primero, es el país de la modernización, de la apertura al extranjero, de las inversiones y los negocios a gran escala, de la globalización, de la generación de energía limpia, de la extracción de petróleo y la compartición de la renta petrolera, de las finanzas sanas, de la recaudación fiscal eficiente, de la actualización del régimen político y la reglas para la competencia electoral, de la educación de calidad, del mercado laboral flexible, de las telecomunicaciones, la lucha contra los monopolios y la intención de mejorar la calidad, cobertura y precios de los servicios en este sector.

Lo anterior muestra la “intención declarativa” del gobierno en turno, sus supuestos proyectos y promesas, que si se cumplieran harían de México un país más equitativo donde las oportunidades de desarrollo podrían multiplicarse para un número importante de población.

Esta intención aparece en discursos, spots, debates, columnas, a partir de los cuales se pretende persuadir a la población sobre las bondades de dichas reformas, para que mientras el gobierno y los inversionistas privados “hacen lo suyo”, la población se comporte a la altura de las circunstancias y no obstaculice la realización de los magnos proyectos federales. Demostrando, ambas partes, la importancia de guardar las formas y la necesidad de lograr legitimidad, más allá de lo que se haga y de los resultados de dichas reformas.

Pero ese país venturoso, por ahora, sólo existe en la mente del gobierno federal y sus comparsas (entiéndase las dirigencias del PAN y el PRD) y no se puede afirmar que llegará a existir si no se combaten los intereses particulares y de grupo que animan el espíritu reformista y la enorme corrupción que invade todos los espacios de la administración pública y aún privada y que podrían convertir a la Nación y sus recursos en el botín de unos cuantos, ya nacionales, ya extranjeros.

De hecho, la retórica que envuelve a las reformas oculta los efectos negativos que éstas producen como el alza de impuestos sin que, en contraparte, aumente el poder adquisitivo de los salarios; la flexibilización del mercado laboral y la consecuente pérdida de derechos laborales; una reforma educativa que atiende más la forma que el fondo; el que la reforma financiera de Pemex podría dejar a la empresa en desventaja frente a sus competidores y “socios”; el hecho de que la compartición de la renta petrolera con agentes privados sea innecesaria y que ésta atienda a intereses que van allá de las prioridades nacionales para responder a la necesidad de hidrocarburos de Estados Unidos; la violación del derecho a la protección de datos personales promovida por la reforma en el sector de las telecomunicaciones, etcétera.

El segundo, es el México de las clases populares y medias que día a día se “parten el lomo” para sacar adelante a sus familias. Es también el país de los sueños y las esperanzas pero también de los crudos diagnósticos en torno a la situación en la que la mayoría se encuentra. Es el México donde un sector de la clase media, sobre todo, tiene la posibilidad de ascender en la escala social, y donde otra parte de ésta se enfrenta al peligro de descender para formar parte, en el mejor de los casos, de una clase media empobrecida o, en el peor de ellos, de la fila de los pobres.

En ambos casos, clase media empobrecida y clases populares, se batalla por la falta de empleo o por tener trabajos y sueldos precarios, sin seguridad social, con muy pocas oportunidades de educación, salud, recreación, desarrollo, en peligro constante frente al narco y la delincuencia organizada y desorganizada dispuesta a quitarles “lo que traigan” o, de preferencia, el celular, la Tablet, el iPhone, la cartera o la bolsa completa, si se puede.

Son estos sectores la fuente inagotable de votos que la clase política busca con “fervor”, son a los que hay que hacerles llegar las promesas que las grandes reformas aseguran pues, de cumplirse, ellos y ellas sí podrían estar en posibilidad de disfrutar sus beneficios, por supuesto, después de votar.

El tercero, es el país de los que no tienen nada, de aquellos cuyos sueños tal vez ni siquiera se han forjado pues la rudeza de sus vidas y sus innumerables carencias los mantienen al nivel de la sobrevivencia más abyecta y sus demandas se sitúan al nivel de lo más básico como comida, vestido y un techo, aunque sea de cartón o lámina, para no perder la humanidad que les queda. Entre ellos están los pobres entre los pobres (que técnicamente son llamados “pobres extremos”), las y los niños de la calle, los pordioseros, los vagabundos, familias completas desterradas del campo y su modo de vida tradicional, las y los ancianos pobres y abandonados por el Estado y sus familias, las y los jóvenes cuyo futuro a nadie parece importar.

¿Acaso las grandiosas reformas promovidas por las tres fuerzas políticas más importantes, PRI, PAN, PRD, les servirán para algo? Poco probable, pues este sector no tiene las posibilidades para disfrutarlas ventajas que tales reformas ofrecen: no tienen electricidad, ni gas, no tienen teléfono fijo y no hacen llamadas de larga distancia, no contratan servicio de cable, no asisten a la escuela, no usan internet……..

Por añadidura, a este tercer país pertenecen las mujeres y las niñas y niños que son secuestrados y obligados a prostituirse, pero para terror del segundo México, las hijas de las clases populares y aún medias también son fuente de “recursos” para los prostíbulos de la delincuencia organizada como puede constarse cada vez que por televisión se transmiten las alertas Amber.

Y, para colmo, el tercer México no ofrece votos, ya que muchos de sus miembros no tienen ni siquiera un acta de nacimiento que los haga ciudadanos de un país que los ignora y finge “no verlos ni oírlos” y mucho menos una credencial de elector, por lo que a cambio de la esperanza de que bajen los precios de la luz, el gas, los servicios de telefonía, etcétera, no podrán votar por el partido que haría realidad sus sueños de una mejor vida llena de comodidades, bajos precios, mejor educación y más barriles de petróleo.

Claro, dirán los optimistas que una vez consumadas las reformas este sector de la población podrá salir de su penosa situación, para ubicarse en la posición privilegiada de aquellos que si ¿podrán? disfrutar de las promesas futuras de la reformitis.

Es el caso que de los tres México(s), es el primero el que más podrá beneficiarse de los frutos de lastan llevadas y traídas reformas, pues en él viven los políticos que de todo se aprovechan y los gobernantes que gracias a la reforma en telecomunicaciones podrán geolocalizar a los ciudadanos que supuestamente violen la ley sin orden judicial violentando el derecho a la protección de datos personales, así como suspender el servicio de internet por cuestiones de seguridad nacional; los empresarios, televisivos, por ejemplo, que podrán ampliar su cobertura en medios sin que se les llame “preponderantes”; los petroleros que podrán beneficiarse de la renta de los hidrocarburos, ¡eso sí sin privatizar el crudo!; los patrones, que con la reforma laboral podrán explotar más a sus trabajadores, contratarlos por horas, días o meses sin que creen derechos y correrlos cuando les dé la gana, etcétera.

Ciertamente algunas ventajas tangibles ofrecerán las reformas a la población popular y media, como las que promueve la legislación secundaria de la Ley Telecom, a saber: eliminar el cobro de Larga Distancia Nacional a partir de enero de 2015; que en prepago la consulta de saldo será gratuita y el saldo tendrá vigencia de un año y no de dos meses, y el desbloqueo se realizará en un plazo de 24 horas; la libre elección y no discriminación en el acceso a los servicios y contenidos de internet; que las empresas deberán realizar bonificaciones a los usuarios cuando haya fallas o incumplimiento del contrato.

Sin embargo, no serán las personas que habitan el segundo México las más beneficiadas como ya se expuso y ni qué decir del tercer México. Finalmente, habrá que hacer en el futuro un balance claro entre lo bueno y lo malo que dichas reformas provocarán.

O ¿tú qué opinas?

 

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