Enviado especial: Rodrigo Rojo
@eneas
Ciudad Mier es una población fronteriza en Tamaulipas. Se localiza a 105 kilómetros de Reynosa y a 150 de Monterrey, es el Pueblo Mágico más al norte del país. Su historia y su arquitectura refleja una simbiosis cultural forjada desde el siglo XVIII: siempre ha sido un pueblo que vive entre el México más inhóspito y el acelerado apetito territorial estadounidense. Sus habitantes se muestran orgullosos de este legado cultural y se reconocen como portadores de dos culturas.
Sin embargo, la historia reciente de Mier es una que se asemeja a muchas de las pequeñas poblaciones tamaulipecas: durante el año 2010, vivió por ocho meses una guerra de alta intensidad entre los cárteles del Golfo, los Zetas y el ejército. Los dos primeros, pelean esta plaza, que es importante para el tráfico de armas por las ventajas geográficas que presenta, incluso desde el punto de vista histórico: es sabido que Santa Ana defendió este poblado en la guerra de independencia texana a costa de muchas vidas y, años después, Fidel Castro pasaría por Ciudad Mier las armas que usaría en la Revolución Cubana.
La violencia entre estos grupos y el Ejército, que llegó como parte de la estrategia de guerra contra el narcotráfico creada por Felipe Calderón, escaló a tal intensidad que la mayor parte de los pobladores, incluyendo el ayuntamiento, tuvieron que huir de Mier y refugiarse en la vecina Ciudad Miguel Alemán, dejando al poblado prácticamente en el abandono. Los testimonios recabados coinciden en que, durante el tiempo de la violencia más cruda, Ciudad Mier se quedó solamente con 800 habitantes. En la calle principal no quedó una sola fachada sin marcas de bala, el cuartel policial fue quemado por grupos de sicarios y hasta la cruz atrial de la iglesia de la Purísima Concepción, su templo más importante, recibió diversos impactos. Antonio Guerra, cronista del poblado, relata que hubo balaceras que llegaron a durar más de ocho horas seguidas, dejando a la población civil sin abasto de gasolina y enseres básicos hasta por 4 meses.
Con la construcción de un cuartel militar en la zona, terminó la mayor parte de las balaceras. La presencia permanente del ejército obligó a que los grupos de traficantes adoptaran un perfil bajo. No significa que han salido del pueblo, la pugna continúa pero la violencia ha disminuido notablemente. Aprovechando esta situación, el gobierno municipal comenzó en 2011 un ambicioso programa de restauración del municipio como un esfuerzo para atraer a la gente a que regrese a habitar su poblado y para volver a llamar al turismo. La mayor parte de las fachadas en las calles principales han sido restauradas, aunque muchos de los edificios todavía se encuentran abandonados.
La antigua estación de policía ha sido remozada y convertida en un centro cultural que, en este año, planea abrir un nuevo espacio dedicado a las artes en la Casa de los Frijoles Pintos, una antigua cárcel y museo. Sin embargo, pese a todas estas reparaciones cosméticas, ha sido muy difícil volver a atraer a la población local, el pueblo sigue siendo casi fantasma. En la calle nos encontramos a un habitante que nos cuenta que su familia había vivido en Mier desde que fue fundado el pueblo en 1753, habían sobrevivido a los ataques de apaches, dos invasiones estadounidenses, la guerra de Reforma, el paso de Fidel y mucha historia; hoy, sólo quedaba él en el pueblo, pues toda su familia había emigrado a otras ciudades: “Tenemos tanta historia, no es justo que unos desalmados vengan y acaben con esto”. Actualmente, Ciudad Mier es un municipio que se debate entre el abandono y la reconstrucción.



