(30 de agosto, 2014).- Hasta ahora el ritual de los últimos años no registra ningún cambio. El informe presidencial se entregará por escrito y el martes tendrá lugar, en otro escenario, el mensaje. Solo que, a diferencia de otros tiempos e incluso del día en el que Peña Nieto presentó el primer documento informativo, los montajes no son exclusivos para mexicanos, sino que llevan impreso un sello que pretende darle gran confiabilidad a los argumentos vertidos para atraer capitales extranjeros al renglón energético. Sabedores de la lectura que tendrá para los inversionistas que sean los de izquierda los que presidan el Congreso, justo cuando el Ejecutivo cumple con este mandato constitucional y durante la presentación y aprobación de presupuestos, no han reparado en gastos para tener cobertura internacional en los medios de comunicación, fundamentalmente en los de EE. UU., España, Inglaterra y Alemania.
Son muchas las reproducciones que señalan que Enrique Peña Nieto “permitió” que el PRD liderara las dos Cámaras durante lo que resta del año. O sea que se emitió una orden que, como muchas otras, diputados y senadores tricolores y los afines se apresuraron a cumplir, tal como ha venido sucediendo con cada ocurrencia salida de Los Pinos. Las bienvenidas a quienes ocuparan las respectivas presidencias no han sido pocas y en ellas se encuentra un lenguaje que guarda más burlas que diplomacia. Y no es para menos y tampoco tales demostraciones son gratuitas. La forma en la que se ha comportado la izquierda manejando un discurso de pretendida estabilidad y no entorpecimiento del avance o del desarrollo nacional no convence absolutamente a nadie y si se ha constituido en una prueba de la forma en la que los dirigentes nacional y sus representantes en las curules se vendieron.
Frente a este tipo de espectáculo ¿valía la pena mantener esas exposiciones de los partidos opositores y del PRI y sus aliados haciendo reclamos sobre lo que dicen no se ha hecho y dejando sus ideas de solución al garete? Más de uno se pregunta cuáles serán las realidades que se expongan tanto en los documentos como en el mensaje. Y es que promesas, planes, proyectos, anuncios, se han dado por centenas. Las buenas intenciones y las promesas no han faltado. Lo que no hay es registro de que se hubiesen llevado a cabo obras, de disminución de desempleo, de cancelación de gasolinazos, de reducciones en las tarifas de luz, de mejoramiento en las escuelas y construcción de las mismas en las zonas rurales, en las más desprotegidas; tampoco se hablará de producción alimenticia, de renovación de flotas pesqueras o camaroneras, de la construcción de una refinería o dos, de incentivos fiscales para reinversiones, de reducción de intereses, de estabilidad cambiaria y con ello recuperación del peso frente al dólar, menos aún se citarán los billones que se van acumulando en deudas.
No saldrán nombres de detenidos por actos de alta corrupción que tanto han dañado al sistema, al Estado, a los ciudadanos, al país. Eso sí, de seguro lucirán a todo lo alto los miles de millones de pesos destinados, por ejemplo, para el combate a la pobreza, se hablará de los mexicanos, que también contarán por millones, que reciben ayudas, del seguro popular, de los beneficios para que las madres ya no anden pariendo en las banquetas, de todo aquellos que significa que se han entregado recursos que no son aprovechados más que para una infame supervivencia sin que produzcan absolutamente. Con este pretendido barniz social es que de nuevo intentarán dar lucimiento a lo que se escriba y exprese. Para la clase media, incluso para la clase alta, no habrá un solo renglón que hable de seguridad para mantener el estatus social que se ocupa, para garantizar a los trabajadores sueldos dignos ni el regreso de las prestaciones que las pagadoras eliminan.
Eso sí, aplausos se escucharan hasta rabiar cuando se citen las famosas reformas estructurales, cuando se hable de los beneficios que llegarán, de que “México se está moviendo” y, en este movimiento, no importa si se va en un sentido totalmente contrario no solo a nuestra historia sino al que han seguido los países que lograron salir de crisis económicas que aquí nos resultaban inimaginables. Este primero y dos de septiembre están más ligados al mensaje que esperan en el extranjero y del cual generen seguridad de estabilidad social, garanticen la armonía y colaboración que existe entre todas las fuerzas políticas, dejen claro que no existe ningún peligro para sus inversiones porque en México se está haciendo el trabajo que evita inconformidades y el respaldo del vecino del Norte se ha convertido en el mejor aval.
Ateniéndose solamente a lo nacional, podrían ser los panistas, los verdes, los aliancistas, o, como resultó, los perredistas, los que presidieran esa Cámara que de nuevo no tendrá en la tribuna al primer mandatario además de que, finalmente, han dado muestras más que suficientes de que todos son lo mismo, solo tienen variantes en el precio.

