(03 de septiembre, 2014).- Aunque el doctor Mancera –dicen que doctorado en derecho– asegura, jura y perjura que no pertenece a ningún partido y subrepticiamente coquetea con el peñismo y su nuevo PRI, no debemos olvidar que fue postulado por el perredismo; y de esta manera será el último jefe de Gobierno de la Ciudad de México salido de un desprestigiado PRD, que en la capital del país “ya chupó faros”, es decir: ya se lo llevó la… y, tras el botín electoral andan los desacreditadísimos PRI defeño con su inmediato pasado de haber sido nido de un prostíbulo; y un corruptísimo PAN, constantemente pillado en fiestas a la Sodoma y Gomorra; en el cobro de “moches” y haciendo alarde de que convencieron a Peña de llevar a cabo la contraexpropiación petrolera, para consumar su venganza contra la lucha popular de 1938 que encabezó Lázaro Cárdenas, y quien puede repetir la cita bíblica: “¡Lázaro, levántate y anda!”, cuando venga la consulta en las boletas para las elecciones de junio de 2015.
II.- En caída libre por su mala administración pública, la creciente inseguridad que no ha podido controlar y la ineficacia de los empleados de su primer círculo, ese doctor Mancera les metió un cohete a los del sistema peñista, encabezado por el fracasado secretario del Trabajo: Alfonso Navarrete Prida. Y con el argumento de que debe acatarse lo que ordena la Constitución para fijar el salario mínimo, dice que hay que aumentarlo al menos entre 20 y 30 pesos diarios, para paliar la desesperante situación de los más de 15 millones que lo reciben; y que algunos completan con propinas. Fue un buscapiés que asustó a los patrones explotadores y a quienes para salirse por la tangente, alegan que un aumento generaría más alza de precios. Pero todas las trabas para impedir y sabotear un aumento al salario mínimo, es una maniobra para mantener muertos de hambre a quienes lo reciben.
III.- Mancera quiere salir del hoyo en que ha caído por su mal gobierno. Y aparte de salir a correr, andar en bicicleta, hacer yoga y otros actos de propaganda para caerle bien a los capitalinos, su equipo le sugirió proponer que ese salario mínimo sea de 82 pesos; que se generalice y ya no sea tabulado por zonas. Como los de la élite en el poder político que tienen todo gratuitamente: comidas, cenas, desayunos, gasolina, teléfonos; fiestas, viajes, etcétera, Mancera no sabe que con 80 pesos diarios no se cubren ni el diez por ciento de las necesidades básicas; ya que los acaparadores de insumos de la canasta básica, incrementan los precios día con día. A la inflación reptante que eso produce, hay que añadir los “gasolinazos” que sin misericordia les receta Peña a los mexicanos. Queriendo hacerse notar, Mancera les puso un buscapiés a los peñistas, a los patrones y a los sesudos analistas que quieren que todo siga igual. Y que haya mano de obra barata para cuando lleguen los del botín para saquear el petróleo. 20 pesos es una mentada de madre y los trabajadores necesitan irse a la huelga general para negociar un salario mínimo de 20 pesos… por hora, en una jornada de ocho horas, para entonces pedirles que entren a la productividad y a la competencia.


