(23 de septiembre, 2014).- A Silvano Aureoles, precandidato a vicegobernador de Michoacán –porque el “gober” es Alfredo Castillo–, y transitorio presidente del Congreso de la Unión, le han prestado la presidencia de la Cámara de Diputados por cuatro meses. Y el michoacano, con un pie dentro del PRD chuchista y otro en el PRI peñista, se notaba más que nervioso. Tenía la boca seca y el rostro endurecido, cuando con su corte legislativa se apersonó a recibir el segundo informe presidencial, de manos del mensajero Miguel Ángel Osorio Chong; a quien Aureoles llamó “representante de Peña Nieto”… ¿representante? No. Nada de eso. El señor Osorio (mal gobernador de Hidalgo) es el secretario de Gobernación y en ésta calidad fue a entregar el documento que pesaba unos 10 kilos (bueno para hacer pesas). Esa torpeza se parece a la que cometió Echeverría, a quien Díaz Ordaz consideraba traidor, aunque eran iguales y, además, matones; uno en 1968, el otro en 1971). Resulta que se había muerto la esposa de Díaz Ordaz y Echeverría, que tenía miedo de verse cara a cara con quien lo puso de sucesor, envió a su empleado Ignacio Ovalle, entonces secretario de la Presidencia, quien le dijo a Díaz Ordaz: “vengo en representación del presidente Echeverría”.
II.- Fue entonces que el bocón (porque tenía exageradamente abultados los labios y las dos mandíbulas), le contestó; “No sabía que los presidentes tuvieran representantes y menos que en esta calidad se presentaran a un funeral”. Ovalle, alias “Nachito”, que en ese entonces pertenecía a los llamados “efebos de Echeverría”, se hizo el que no escuchó y se retiró con la cola entre las patas. Aureoles se vio muy elogioso con Osorio (y es que si éste sigue en Gobernación, mucho tiene que ver en Michoacán y en las pseudoeleccciones), y hasta le recordó lo que el hidalguense dijo en la ceremonia de hace un año; haciendo que Osorio Chong pusiera cara de asombro al escuchar sus “sabias” palabras sobre la política, y que la “división de poderes no era división para el colaboracionismo”. Osorio hizo uso de la palabra tres veces. Y sintiéndose no solamente representante, sino hasta Presidente de la República, sin tartamudear, de corrido dijo su primer discurso con el “chicharito” en la oreja derecha, muy emocionado por ser mensajero.
III.- El error de un Aureoles que llevaba corbata morada, en lugar de la amarilla (políticamente correcta y negando la cruz de la parroquia), fue garrafal, ya que no hay fundamento jurídico-político para que alguien sea representante del titular del Poder Ejecutivo Federal. Ni siquiera los Embajadores. Ni nadie. A menos que pronto, como otro de sus dizque cambios estructurales, Peña envíe una modificación al respecto, en el “paquete” de sus nuevos anteproyectos al Congreso de la Unión, para modificar que haya reelección presidencial y los períodos sean de cuatro años. La sonora torpeza de Aureoles, fue para hacer méritos para cuando deje la presidencia de la Cámara de Diputados que le prestaron por haberse portado más que bien con el “Pacto por Peña” que culminó con la privatización del petróleo.

