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Libros de texto: matanza fue producto de un “error” y no de un plan urdido por el PRI

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Lilia Arellano / Colaboradora

(04 de octubre, 2014).- Después de 46 años de registrados estos hechos sangrientos, se resalta que la historia sigue manipulándose abiertamente. En la página 155 del libro Arma la Historia, en el capítulo “una sociedad en movimiento”, de lectura para los tres grados de secundaria, poco se dice que las causas que motivaron las marchas y  denuncias de los estudiantes y en cambio se afirma que, con sus protestas, los estudiantes ponían en riesgo la imagen de nuestro país ante el mundo. “México era el primer país latinoamericano y del tercer mundo que los organizaba –los juegos olímpicos-. La imagen de México como país moderno, que había empezado a construirse veinte años antes, estaba en juego”.

Se editó este texto en el 2010 y se establece también que los estudiantes fueron rodeados por cinco mil efectivos del Ejército en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco; asegura que la matanza fue producto de un “error” y no de un plan urdido desde lo más alto del gobierno, como diferentes investigadores han documentado.

La información oficial que se le brinda a las nuevas generaciones señala: “casi al final del mitin, como a las seis de la tarde, un helicóptero sobrevoló y desde éste se dispararon lucen de bengala que supuestamente fueron la señal para que los francotiradores del Batallón Olimpia, apostados en los edificios cercanos, dispararan contra estudiantes y militares. Estos pensaron que los agresores eran los estudiantes y repelieron el ataque, pero la confusión fue tal que los disparos del Ejército hicieron blanco en la multitud”. Dicen en el texto que ese miércoles 2 de octubre de 1968, fueron asesinadas 49 personas, pero nada consigna de la información real que revela que fueron cerca de 500 los estudiantes muertos y otros tantos cientos de desaparecidos más aquellos que ingresaron a la cárcel. Han sido muchos los intentos por esconder esa verdad cuya manipulación alcanza a personas reconocidas en el ámbito informativo como Jacobo Zabludovsky, de quien no olvidan las palabras con las que presentó su informativo nocturno “hoy fue un día soleado”. Las omisiones informativas de ese día pesan duramente sobre sus largas trayectorias.

Un hombre: Francisco Castañeda de la Fuente, quiso vengar todas estas muertes e intentó asesinar a Gustavo Díaz Ordaz. El 5 de febrero de 1970, fecha de la 53 conmemoración de la promulgación de la Constitución,  el entonces titular del Ejecutivo realizaría un recorrido enel cual pasaría por el Hemiciclo a Juárez para llegar al Monumento a la Revolución. En este punto Castañeda esperaría al presidente con un maletín de doble fondo cuyo contenido era una Luger.38 y un manifiesto de seis hojas. Con 29 años, 79 kilos y 1.66 de estatura, midió sus alcances y se movió del lugar llegando al punto que considero ideal para llevar a cabo sus planes. Los disparos salieron desde el maletín, accionó el arma sin sacarla y fueron a dar al vehículo donde se encontraban Díaz Ordaz y el secretario de la Defensa, Marcelino García Barragán.

Su detención lo llevó a pasar desde 1970 hasta 1992 en la cárcel. Dentro de ésta fue torturado cientos de veces; se le ingresó al área de psiquiatría; las amenazas de que sería fusilado o trasladado a un bunker especialmente construido para su reclusión no cesaron jamás hasta lograr alterarlo en verdad de sus facultades mentales, nivel que pudo saberse hasta donde llegaron cuando decidió abandonar la casa de su hermano, lugar al que llegó luego de ser liberado. Se perdió y hubo una etapa de liviana recuperación que se plasmó en undocumental dirigida por Alejandro Solar.

Según las declaraciones de Díaz Ordaz, emitidas una vez que se le nombró embajador de México en España, están las que refieren su señalamiento de que con esta masacre logró “salvar al país de las anarquía, de la subversión, del caos, de que se terminaran las libertades que disfrutamos”. Es así que después de tantos años el empeño en ocultar esta masacre se derrumba cuando se cometen similares, como el ocurrido el 22 de diciembre de 1997 en la localidad de Acteal, municipio de Chenalhó, en Chiapas, en donde los militares atacaron a indígenas tzotziles de la organización “Las abejas” que se encontraban orando dentro de una iglesia. Fueron 45 los muertos, incluidos niños  y mujeres embarazadas.

Así, 29 años después de Tlatelolco, se presentó la masacre de Acteal y 17 años después tiene lugar la de Tlatlaya, con otros 22 cadáveres. Esas son tres matanzas de las que no logra sacudirse el gobierno federal y las fuerzas militares. Todas ellas han sido documentadas y, sin embargo, la justicia que se busca no aparece y al contrario, pueden llegar a ser capaces de encerrar a un par de mujeres acusadas de violar a todo un destacamento militar. Ya se verá cómo se presenta a las generaciones futuras el resumen de estos hechos.

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