(03 de noviembre, 2014).- Raúl Plascencia Villanueva lleva cinco años como presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), periodo que se ha caracterizado por un desempeño “omiso, ineficiente y gris” a causa de que el funcionario se ha “distanciado de los intereses de las víctimas para seguir una agenda personal”, según denunciaron activistas de diversas organizaciones sociales.
Durante su gestión, Plascencia ha emitido 413 recomendaciones en total, las cuales equivalen al 0.19 por ciento del total de quejas recibidas en cinco años, que suman 215 mil 545.
Sin embargo, el ombudsman aseguró que el 98 por ciento de las denuncias se resolvieron en un año, a pesar que diversas organizaciones han documentado más de 100 casos que tardaron, en promedio, 18 meses en ser resueltos.
El homicidio de la activista Josefina Reyes y cinco de sus familiares, por ejemplo, tardó 47 meses en esclarecerse.
En tanto, la recomendación emitida por la CNDH con respecto a la ejecución extrajudicial de 22 personas en Tlatlaya, Estado de México, estuvo relacionada, a decir de los activistas, con la reelección que busca Plascencia para continuar al frente de la instancia otros cinco años.
Otro aspecto criticado es el aumento de 55 por ciento que ha tenido, en cuatro años, el presupuesto de la comisión, por lo que en el 2014 cuenta con mil 416 millones 381 mil 46 pesos.
El director del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, Mario Patrón, citó la omisión del ombudsman ante la militarización de la seguridad pública en México, la cual tuvo lugar desde el sexenio calderonista.
‘‘Las fuerzas armadas fueron acusadas de 2007 a 2013 de ser una de las principales instituciones torturadoras en México, pero cuando un ciudadano denunciaba un abuso, los casos iban a la justicia militar y la CNDH lo auspició, fortaleciendo así los circuitos de impunidad’’, explicó Patrón.
Por su parte, el coordinador del programa jurídico de la organización Artículo 19, Leopoldo Maldonado, mencionó que la CNDH nunca condenó ni promovió acciones de inconstitucionalidad contra las leyes que criminalizan el derecho a la protesta y la libre expresión, en entidades como Quintana Roo, Puebla, Chiapas y la Ciudad de México.
‘‘Plascencia dijo que estas leyes no violan la Constitución, pero quisiéramos ver las razones por las que piensa que no la violan, y no sólo negarlo en abstracto’’, enfatizó.
Además están las agresiones a periodistas, donde la comisión sólo emitió una recomendación general, vaga y sin cubrir el aspecto de la reparación del daño a las víctimas.
Otro de los casos que más ha confirmado la pobre labor de Plascencia al frente de la CNDH es la masacre de 72 migrantes en San Fernando, Tamaulipas, en el 2010, según protestó la Fundación para la Justicia y el Estado Democrático de Derecho, en voz de la abogada Ana Lorena Delgadillo, quien afirmó que la recomendación emitida en su momento, ‘‘violó los derechos de las víctimas’’ pues no menciona la presunta responsabilidad del Estado en los acontecimientos, además de no dar una versión pública de su investigación, ni incluir el testimonio de los familiares de los fallecidos.
Incluso, el Estado mexicano creyó los restos de las víctimas sin contar con la autorización de los parientes, por lo que éstos presentaron dos amparos contra la CNDH. En consecuencia, el organismo inició un litigio contra los demandantes, en lugar de admitir sus posibles fallas o buscar un concilio.
Por si fuera poco, Plascencia bautizó con su nombre el salón de usos múltiples de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, e hizo lo mismo con cátedras impartidas en la Escuela Libre de Derecho de Puebla y la Universidad Panamericana, además de develar un busto con su imagen en el Instituto Superior de Derechos Humanos ‘Raúl Plascencia Villanueva’, en Sonora.
“Sus errores no son por falta de pericia, pues tiene el mayor presupuesto para un ombudsman en toda América Latina. El problema es de voluntad política; está privilegiando su propia agenda y los intereses de grupos particulares, más que la defensa de los derechos humanos’’, concluyó Maldonado.


